El Forjista

Juan Domingo Perón

Capítulo 26 - La Comunidad Organizada

Los detractores de Perón recurrieron a todo tipo de argumentos para descalificarlo, en este capítulo señalaremos dos en particular, uno es mostrarlo como una persona carente de principios, sin convicciones firmes y que podía cambiarlas según fuera más conveniente, el otro consistió en asociarlo con el fascismo y por lo tanto, negarlo como político que pudiera actuar dentro de los parámetros de la democracia.

El norteamericano Joseph Page escribió a las pocas hojas de empezado su libro: “Él no respetaba ideología alguna, sino que, por el contrario, establecía una estrategia cuya meta era la captura del poder”. (1)

El mismo Page también lo asocia con el fascismo, aunque reconoce que no había en él ningún rastro de antisemitismo y que se enfrentó con sus camaradas que simpatizaban con el nazismo, pero nada de esto lo hacía por convencimiento, sino que “Todo esto lo hizo por motivos prácticos y no por razones éticas” (2)Este es otro recurso habitual para denostar a los líderes populares, incluso sus virtudes eran transformadas en defectos y hasta sus buenas acciones era motivadas por perversas razones. 

Una constante en el norteamericano es insistir en la inexistencia de convicciones en Perón al que de alguna manera acusa de simulador extendiendo esa calificación a su esposa: “Para Perón, los ideales que él defendía eran sólo tácticas desechables o adaptables según dictaran las circunstancias. Su mujer, una actriz profesional acostumbrada a crear personajes, llegó a creer en las palabras del guion que debía recitar”.(3)

Luna en cambio cree ver fascismo por todos lados, es fascismo la promoción del deporte, es fascismo las concentraciones masivas.

Según Luna en una exaltación de odio antiperonista llega a decir que a Perón no le interesaba la verdad, ni la ética, y que actuaba sólo por conveniencias políticas, llegando hasta señalar que Perón odiaba a todos sin excepción, así lo decía: “Podrá abrazar y halagar, pero en el fondo de su espíritu desprecia a todos: a sus seguidores y a sus enemigos, tal vez a aquellos más que a estos”. (4)

Por arte de magia el historiador radical se transformaba en psicoanalista que podía penetrar en el subconsciente de un líder de masas, habría algo que recordar a esta altura que por lo general cuando se desprecia al líder también se está despreciando a esas masas, y en esto radica las razones del ataque no sólo al jefe sino al Movimiento reunido en torno a su figura. 

O sea, los mismos que lo acusan de fascistas son quienes a continuación también dicen que carecía de convicciones, ¿en qué quedamos? Creo que las dos cuestiones se contradicen, de igual forma ocurría con Eva a la que acusaban de ser fanática y de carecer de principios, su militancia antiperonista les impide darse cuenta de la flagrante contradicción.

Ninguna de las dos cosas era cierta, ni Perón fue fascista, ni fue alguien carente de convicciones, por el contrario, siempre cuestionó a aquellos que no adoptaban claras definiciones políticas.

Dos semanas después de la aprobación de la nueva Constitución, Perón y Eva viajaron a Mendoza para participar del Congreso de Filosofía que se llevó a cabo entre el 30 de marzo y el 9 de abril de 1949, enviaron ponencias destacados pensadores como Bertrand Russell, Benedetto Crocce y Karl Jaspers y participaron otros como José Vasconcelos, Carlos Astrada, Rodolfo Mondolfo e Ismael Quiles.

Este importante acontecimiento muestra a las claras el interés del gobierno por la discusión libre de ideas y su preocupación por definir una clara posición ideológica diferenciada de aquellas que predominaban en el mundo en esa época.

Perón expuso en el Congreso con un escrito que luego fue publicado como libro con el nombre de “La Comunidad Organizada”.

En esta exposición hay una clara diferenciación con el marxismo y el liberalismo, en un intento tal vez avanzado para la época, en la que a las personas y a las naciones les resultaba imposible salir de ese corsé que intentaban imponer las potencias triunfantes y que iban a dividir el mundo en dos.

Cuestionaba que la lucha de clases fuera el motor de la historia como planteaba el marxismo: “Al pensamiento le toca definir que existe, eso sí, diferencia de intereses y diferencia de necesidades, que corresponde al hombre disminuirlas gradualmente, persuadiendo a ceder a quienes pueden hacerlo y estimulando el progreso de los rezagados. Pero esa operación – en la que la sociedad lleva ocupada con dolorosas vicisitudes más de un siglo-, no necesita del grito ronco y de la amenaza, y mucho menos de la sangre, para rendir los apetecidos resultados. El amor entre los hombres habría conseguido mejores frutos en menos tiempo, y si halló cerradas las puertas del egoísmo, se debió a que no fue tan intensa la educación moral para desvanecer esos defectos, cuanto lo fue la siembra de rencores”. (5)

Objetaba con firmes fundamentos el construir una sociedad en donde el Estado lo era todo y el individuo nada, en un brillante cuestionamiento al stalinismo que gobernaba una de las potencias que dominaban el mundo: “Que el individuo acepte pacíficamente su eliminación como un sacrificio en aras de la comunidad no redunda en beneficio de ésta. Una suma de ceros es cero siempre; una jerarquización estructurada sobre la abdicación personal es productiva sólo para aquellas formas de vida en que se producen asociados al materialismo más intolerante, la deificación del Estado, el Estado Mito y una secreta e inconfesada vocación de despotismo. Lo que caracteriza a las comunidades sanas y vigorosas es el grado de sus individualidades y el sentido con que se disponen a engendrar en lo colectivo. A este sentido de comunidad se llega desde abajo, no desde arriba; se alcanza por el equilibrio, no por la imposición”. (6)

Pero también objetaba que el egoísmo fuera el componente dinamizador como sostenían los liberales: “Pero el egoísmo es, antes que otra cosa, un valor-negación, es la ausencia de otros valores, es como el frío, que nada significa sino ausencia de todo calor. Combatir el egoísmo no supone una actitud armada frente al vicio, sino más bien una actitud positiva destinada a fortalecer las virtudes contrarias; a sustituirlo por una amplia y generosa visión ética. Difundir la virtud inherente a la justicia y alcanzar el placer, no sobre el disfrute privado del bienestar, sino por la difusión de ese disfrute, abriendo sus posibilidades a sectores cada vez mayores de la humanidad: he aquí el camino”. (7)

Ninguno de los dos sistemas predominantes eran aceptables desde la Tercera Posición defendida por el peronismo: “En la consideración de los supremos valores que dan forma a nuestra contemplación del ideal, advertimos dos grandes posibilidades de adulteración: una es el individualismo amoral, predispuesto a la subversión, al egoísmo, al retorno a estados inferiores de la evolución de la especie; otra reside en esa interpretación de la vida que intenta despersonalizar al hombre en un colectivismo atomizador”. (8)

Si hay algo que caracteriza a esta presentación para el Congreso es la preocupación por el tema de la libertad que por cierto divergía radicalmente del que proponían los liberales que se despreocupaban por el destino nacional y la suerte de aquellos que no había tenido un nacimiento en un hogar favorecido, se decía en la ponencia: “Ni la justicia social ni la libertad, motores de nuestro tiempo, son comprensibles en una comunidad montada sobre seres insectificados, a menos que a modo de dolorosa solución el ideal se concentre en el mecanismo omnipotente del Estado. Nuestra comunidad, a la que debemos aspirar, es aquella adonde la libertad y la responsabilidad son causa y efecto, en que exista una alegría de ser, fundada en la persuasión de la dignidad propia. Una comunidad donde el individuo tenga realmente algo que ofrecer al bien general, algo que integrar y no sólo su presencia muda y temerosa”. (9)

Así como el documento mostraba un interés en la búsqueda del equilibrio entre lo individual y lo colectivo, en el mismo sentido pretendía balance entre lo material y lo espiritual, especialmente en aquello que hace que el individuo pueda acceder a lo indispensable para su subsistencia, requisito prioritario para luego encarar el acceso a la educación y la cultura. Por supuesto esta aspiración no era sencilla, menos en ese momento en que el mundo comenzaba a estar dividido en dos bloques irreconciliables, mucha gente consciente o inconscientemente, asumía que era imposible salirse de ese planteo maniqueo.

El mismo Page cree ver una contradicción entre plantear la defensa de la clase obrera y a la vez promover una alianza de clases mostrando una notoria incapacidad de comprender los movimientos de liberación nacional que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial en casi todos los países del denominado Tercer Mundo, quienes están imbuidos de principios gestados en las potencias imperialistas les resulta difícil la comprensión de esos conceptos.

Otra de las inexactitudes de Page es cuando acusa a Perón de manera por demás injusta de sostener la idea que el fin justifica los medios, acusación contra un presidente apoyado por las mayorías populares y que fue derrocado por un Golpe de Estado porque se negó a inundar el país con la sangre de sus compatriotas, cuestión a la que si estaban dispuestos sus enemigos.

Si de algo podía enorgullecerse Perón fue de no tener manchadas sus manos con la sangre de argentinos, y en esto como en muchas otras cuestiones mostraba unas firmes convicciones humanistas.

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(1) Joseph Page. Perón. Una biografía. Editorial Sudamericana. Edición en e-book pag. 75

(2) Idem pag. 123 y 124

(3) Idem pag. 267

(4) Félix Luna. Perón y su tiempo. Tomo I. La Argentina era una fiesta. Ed. Sudamericana 1984. Pag. 425

(5) Juan D. Perón. La Comunidad Organizada. Ediciones CEPE Pag. 40 y 41

(6) Idem pag. 75 y 76

(7) Idem pag. 46

(8) Idem pag. 76

(9) Idem pag. 109

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