El Forjista

Juan Domingo Perón

Capítulo 27 - La enfermedad de Eva

El 9 de enero de 1950 un día de agobiante calor, Eva se encontraba participando en la inauguración del nuevo local en el sindicato de taxistas, en el momento en que un sacerdote estaba bendiciendo las instalaciones, Eva sintió un fuerte dolor en la ingle y sufre un desvanecimiento, unos días después se la revisó y se dictaminó que padecía de apendicitis por la que se procedió a intervenirla quirúrgicamente el día 12.

El doctor Ivanissevich Ministro de Educación, le indicó realizar reposo y someterse a nuevos estudios, a los que Eva se negó rotundamente llegando a un áspero enfrentamiento con el doctor que renunció a seguirla atendiendo y unos meses después se alejó del Ministerio.

Eva continuó con su actividad incesante, sus tareas se centraban en dos aspectos, era el nexo entre Perón y el sindicalismo, todos los días recibía a contingentes de gremialistas que le planteaban sus problemas, por la tarde atendía a los sectores más carecientes que llegaban con sus reclamos a la Fundación, la jornada de trabajo de Eva no tenía límites y muchas veces retornaba a la residencia presidencial de madrugada cuando ya Perón estaba durmiendo.

Norberto Galasso y Page señalan que cuando estuvo internada por la operación le hicieron un análisis que determinó que tenía cáncer de útero, Galasso agrega que los médicos no le informaron a ella de su situación, pero parece muy extraño que no le hubiesen informado a su familia de su grave enfermedad.

Galasso dice algo distinto en su biografía de Eva, ahí indica que recién en septiembre del año siguiente la familia se entera de la enfermedad que padecía, rebatiendo ese compendio de inexactitudes realizado por Tomás Eloy Martínez en el que amparándose en una novela presenta a un Perón inhumano que sin sentimientos le dispara a su esposa que no podía ser candidata a vicepresidenta porque tenía cáncer, en esa oportunidad Galasso señaló: “Ese invento de Tomás Eloy Martínez, como tantos otros de los cuales abusa en su novela, dejando fluir su gorilismo, no sólo es falso sino que no pudo ser posible porque ni el 22 de agosto ni tampoco el 31 Perón estaba informado de que Eva padecía cáncer”.

Recién en septiembre de 1951 fue convocado a la Casa Rosada el prestigioso ginecólogo, el doctor Jorge Albertelli para informarle que Eva Perón había accedido a hacerse un estudio con el Dr. Humberto Dionisi, profesor titular de la cátedra de ginecología de la Universidad de Córdoba.

El estudio efectuado no dejó lugar a dudas de la gravedad de la enfermedad, Dionissi viajó a Buenos aires y se reunió con Albertelli el día 22 de septiembre, decidiendo entrevistarse con el presidente para informarle de la enfermedad de su esposa.

El doctor Albertelli escribió un libro que tituló “Los cien días de Eva Perón”, ahí comentó el terrible momento en que debió comunicarle a Perón la situación del estado de salud de su esposa: “Lamento mucho ser el vocero de noticias que le han de resultar penosas, pero me veo obligado a decir la descarnada verdad, que usted debe conocer en su carácter de esposo y Jefe de Estado, en lo referente a la salud de una persona trascendente para el país. Reflexiono un minuto antes de seguir. El caso de su señora es sumamente serio, tanto por el carácter de su enfermedad en sí como por los factores concurrentes que lo agravan respecto del pronóstico a no largo plazo. Su mujer padece un cáncer cuyo punto de partida está en el cuello del útero, tumor maligno relativamente frecuente, habitualmente agresivo, de difícil curación con los medios que tenemos hoy en día en las manos. Cuando el diagnóstico se hace temprano, existe un porcentaje de curaciones. No en este caso. La propagación del proceso es importante, lo que retacea las posibilidades favorables”

El médico también comentó la reacción del presidente ante tan devastadora noticia: “La cara del General trasuntaba su estado de ánimo. No interrumpió mi exposición en ningún momento. Su tristeza era evidente; hasta me pareció entrever una lágrima furtiva. Un manto de plomo nos abrumaba a todos los presentes y las palabras no salían de la boca… El silencio prolongado lo interrumpió el General: -Lo que acabo de conocer, si bien lo intuía, me ha afectado profundamente. Quiero que sepan que Eva representa algo muy grande como esposa, como compañera, como amiga, como consejera y como punto de apoyo leal en la lucha en la cual estoy empeñado. No puedo juzgar la parte médica, confío en ustedes y apruebo lo que aconsejan, así que procedan”.

Los médicos recomendaron la aplicación de radium para detener el crecimiento del tumor, luego de 40 días proceder con una intervención quirúrgica para continuar luego con nuevas sesiones de radium.
El sacerdote Hernán Benitez estaba presente cuando se le comunicó la noticia a Perón y comentó que “Este es el mayor impacto jamás recibido por Perón”.

El 24 de septiembre de 1951 Eva no pudo levantarse de la cama, Perón llamó a Benítez para encargarle que contactara al mejor cirujano de los Estados Unidos, mientras el 28 de septiembre se estaba realizando un intento de golpe de estado contra Perón a Eva le estaban aplicando radium bajo los efectos de la anestesia total.

Al público se le informó que la primera dama padecía de un cuadro de anemia, casi con seguridad para esa fecha Eva ya sabía de la gravedad de su enfermedad, aunque nadie le había dicho la verdad sobre su salud.

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