El Forjista

Juan Domingo Perón

Capítulo 11 - El 17 de octubre

El 14 de octubre lo visita en la Isla Martín García el capitán médico Miguel Mazza que atiende a Perón desde hacía tiempo y que además coincide con su posición política, el médico solicitó a las autoridades realizar esa visita, alegando la necesidad de realizar una revisión impostergable de la salud del coronel.

En dicho encuentro Mazza le informa a Perón que Mercante se sigue reuniendo con militares y sindicalista y que se verifica un gran apoyo a su figura, además le solicita instrucciones para transmitirlas a Mercante. Ambos acuerdan una versión para que Perón pueda retornar a la Capital, Mazza aduce ante las autoridades que se ha agravado una enfermedad pulmonar previa, producto del clima húmedo de la isla, Perón le escribe una carta a Ávalos donde le indica la necesidad de ser atendido en el Hospital Militar por la enfermedad que había certificado el doctor Mazza.

Al día siguiente, Mazza se reúne con Farrell a quién le entrega una copia de la carta de Perón a Ávalos, después de esta reunión el presidente lo envía a hablar con Ávalos, mientras tanto el almirante Vernengo Lima hace saber su resistencia al traslado de Perón a la Capital.

Ese mismo día la embajada de los Estados Unidos informa a Washington, lo siguiente: “Perón estaba fuera del juego, políticamente hablando, sin apoyo palpable del Ejército y muy poco del sector gremial colaboracionista”. (1)

También el día 15 los trabajadores se ponen en movimiento confluyendo en una de las jornadas más gloriosas de su historia, el diario La Época, de simpatías radicales era el único que apoyaba a Perón, titulando ese día “Iniciaron patrones su ataque a las conquistas sociales”, sintetizando el revanchismo empresarial contra los trabajadores. También el diario da un detallado informe de aquellos gremios que en todo el país lanzan medidas reclamando la liberación de Perón, el resto de los diarios nada dicen al respecto, mostrando una actitud que mantienen hasta hoy, la de ocultar aquellas noticias que no son gratas para las clases dominantes, por lo que el 17 de octubre sorprenderá a la oligarquía y sus instituciones satélites, entre los que se encontraban los partidos políticos tradicionales.

El primer gremio que se pone en movimiento es la FOTIA de los trabajadores azucareros de Tucumán que declara un paro por tiempo indeterminado por la detención de Perón, paralelamente envía delegados a Buenos Aires para reclamarle a la CGT una inmediata convocatoria al Comité Central Confederal para llamar a un paro en todo el país.

Otro foco de gran tensión fue la localidad de Berisso donde los trabajadores de la Carne, liderados por el dirigente Cipriano Reyes, recorren las calles vivando a Perón y reclamando su inmediata liberación, también se suman al reclamo los ferroviarios de Tafí del Valle, mientras que una delegación de la CGT se reúne con Ávalos, que de manera sorpresiva niega que Perón haya sido detenido, mintiéndoles al decir que se encuentra a resguardo para su propia seguridad.

La CGT que ya por ese tiempo era un aparato que tardaba en reaccionar, convoca al Comité Central Confederal para el día 16, un día después de que las bases de varios gremios ya se encontraban en la calle.

Ávalos vuelve a mentir, al señalar a la opinión pública que Perón no se encuentra detenido, esto provoca que el coronel le redactara otra carta para señalarle que mientras escucha por la radio que él no está preso, hace cuatro días que se encuentra detenido.   

Ante la presión de los gremios y la evidencia de quedar al descubierto en sus engaños, Ávalos termina aceptando que Perón sea trasladado al Hospital Militar en Palermo, el más reticente Vernengo Lima termina accediendo, pero agrega la moción que debe someterse a una junta médica.

Como estaba previsto, el día 16 se realizó el Comité Central de la CGT para decidir si se lanzaba un paro reclamando la libertad de Perón o no, la discusión fue ardua y la moción a favor al paro se impuso por un margen bastante estrecho, 16 a 11, la Unión ferroviaria se opuso a convocar a un paro, mientras que un representante de UTA, indicó que mientras se estaba discutiendo en la CGT muchos gremios ya estaban parando y movilizándose, lanzando una contundente frase: “Perón sólo ganó más conquistas para los trabajadores que estos en cien años de lucha”. (2)

El representante de la Federación Obrera de la Industria del Vestido transmite el panorama que demuestra que pasaría si la oligarquía lograra derrotar a Perón y al Movimiento Obrero, en muchas empresas los patrones se negaban a reconocer los derechos obtenidos, por lo cual defender a Perón era también resguardar las conquistas, el dirigente de ATE simpatizante de FORJA, tiene una participación decisiva, expresando en la oportunidad: “La huelga será hecha en defensa de las conquista obreras y contra la oligarquía que ha ganado una posición de privilegio en el Gobierno”. (3)

Se termina decidiendo un paro de 24 horas, por el margen indicado, ¡para el día 18!. La CGT llegaba tarde, el 17 la reacción obrera hacía superflua la decisión cegetista, el reclamo de la CGT incluía la libertad de todos los detenidos, elecciones libres, levantamiento del Estado de Sitio y garantía que se mantendrían las conquistas laborales. La Federación de la Carne con influencia del Partido Comunista hace un llamamiento a los trabajadores para no adherir a la huelga.

Para realizar la junta médica reclamada por el almirante Vernego Lima se trasladaron a Martín García, Mazza y otros dos médicos, Perón se niega a dejarse revisar, se transmite al almirante esa negativa, quien sin embargo, debe terminar cediendo y aceptando el traslado de Perón a Buenos Aires.

Muy temprano por la mañana de aquel 17 de octubre de 1945 los trabajadores comenzaron a movilizarse rumbo a la capital del país, a las 7 de la mañana la policía dispersa a un contingente de unas 1000 personas provenientes del gran Buenos Aires que se habían reunido en la esquina de Brasil y Paseo Colón, que tenían por destino la Plaza de Mayo, también se dispone la paralización de la Línea Roca del ferrocarril para evitar la llegada de trabajadores desde el sur.

La policía debe mantenerse activa, a las 8:30 disuelve otra manifestación en Independencia y Paseo Colon, pero a pesar de los esfuerzos policiales antes de la 9 ya había unas 1.500 personas en la Plaza de Mayo.

A las 9:30 la represión policial se traslada al Puente Pueyrredón, pero esta vez para dispersar a una gran columna compuesta por 10.000 trabajadores, se procede a dar la orden de levantar los puentes para impedir que lleguen desde el Gran Buenos Aires los contingentes hacia la Capital, pero un rato después se procede a bajarlos nuevamente. Mientras los puentes estuvieron levantados, hubo quienes apelaron a cualquier recurso para cruzar el Riachuelo, maderas encontradas a la vera del río, canoas y botes que se tomaron prestados para cumplir con el compromiso asumido con Perón.

La policía parece no dar abasto, disolvía a un grupo y se volvían a reunir en otra esquina, una correntada imparable de trabajadores invade la ciudad, el destino es la Plaza de Mayo, pero algunos de ellos se dirigen hacia el Hospital Militar al conocerse la noticia que Perón se encuentra en ese nosocomio.

Abelardo Ramos explicó ese día histórico para la clase trabajadora de la siguiente manera: “Al caer la tarde, el sector céntrico es irreconocible. La pequeña burguesía, los estudiantes, los abogados, las gentes bien vestidas, el ‘público culto’, que habían dominado hacía pocas horas las calles, desaparecen. Algunos raleados grupos ´democráticos´desde las veredas, observan perplejos el inusitado espectáculo. Buenos Aires es copada por centenares de miles de trabajadores enfurecidos. Sus consignas son primitivas, pero inequívocas: ¡Mueran los oligarcas! O ¡Sin galera y sin bastón! ¡Queremos a Perón!” (4)

Ese inmenso escritor que fue Leopoldo Marechal retrató aquella situación con la siguiente descripción: “Me llegó desde el Oeste un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando por la calle Rivadavia (donde yo vivía); el rumor fue creciendo y agigantándose, hasta que reconocí primero la música de una canción popular y en seguida, su letra: ‘Yo te daré/te daré, patria hermosa/ te daré una cosa/ una cosa que empieza con P/Perooooón’ Y aquél ‘Perón’ resonaba periódicamente como un cañonazo. Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba rumbo hacia Plaza de Mayo. Vi, reconocí y amé a los miles de rostros que la integraban: no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina ‘invisible’ que algunos habían anunciado literalmente, sin conocer ni amar a sus millones de caras concretas y que no bien la conocieron, les dieron la espalda. Desde aquellas horas, me hice peronista”.(5)

En tanto que el integrante de FORJA, Raúl Scalabrini Ortíz, crítico implacable de la Década Infame y quién puso en evidencia las cadenas que sometían a nuestro país al dominio británico, explicó así aquella imponente jornada: “Inesperadamente, enormes columnas de obreros comenzaban a llegar. Venían con su traje de fajina porque acudían directamente desde sus fábricas y talleres… Eran rostros atezados, brazos membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pringues, de restos de brea, de grasas y aceites. Llegaban cantando vociferando unidos en una sola fe… Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad… Venían de las Usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de la Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda, o descendían de Lomas de Zamora…Era el subsuelo de la patria sublevado”.(6)

Recién al mediodía la policía se da cuenta que es en vano tratar de impedir esa movilización, la constante llegada de personas a la Plaza de Mayo se incrementa de manera notoria a partir de las 15 horas, sólo la columna de los trabajadores de la carne con Cipriano Reyes a la cabeza estaba conformada por unos 50.000 trabajadores.
A las 15:30 unos 25 sindicalistas se reúnen con Perón que los recibe en el Hospital Militar acompañado de Mercante y Estrada, Perón les pide que la movilización sea pacífica.

Los militares adversarios de Perón entraron en pánico y no saben como resolver el problema que ellos crearon con la detención del coronel, Farrell desesperado intentaba comunicarse con Perón que no atendía los llamados, y Ávalos le pedía a Mercante que hablara desde el balcón de la Casa Rosada para tranquilizar a la multitud.

Ávalos intentó dirigirse al pueblo reunido pero la repulsa le impide hacerlo, luego le pide a Mercante que intente dirigirse, pero el grito de “Queremos a Perón” se lo impide, hasta que el director del diario La Época, Eduardo Colom, el único que apoyaba a Perón, pudo hablar para decir que Perón sería puesto en libertad a la brevedad y que se dirigirán al Hospital Militar para traer a Perón, Ávalos se traslada al Hospital para convencer a Perón que hablara a la multitud.

Perón se traslada a la residencia presidencial para entrevistarse con Farrell y le hace conocer sus condiciones que consistían en el reclamo de la renuncia de Vernengo Lima, la designación del general Velazco como jefe de la Policía y propone a hombres de su confianza en los Ministerios de Guerra e Interior, todas las condiciones le son aceptadas.

A eso de las 23 Perón y Farrell se trasladan a la Casa de Gobierno, cuando ambos salen al balcón, la multitud de unas 300.000 pesonas al ver la figura de Perón estalla en una ovación que duró unos 15 minutos.

Farrell sólo procede a presentar a Perón, a anunciar que todo el gabinete ha renunciado, que no se va a entregar el gobierno a la Corte Suprema y que Domingo Mercante ha sido designado Secretario de Trabajo y Previsión, Perón pide que se proceda a cantar el himno, confesando tiempo después que esto lo hizo para ordenar las ideas y pensar lo que iba a decir a continuación.

Dirá Perón en ese discurso: “¡Trabajadores! Hace casi dos años, desde estos mismos balcones, dije que tenía tres honras en mi vida: la de ser soldado, la de ser un patriota y la de ser el primer trabajador argentino”. Una ovación lo saludó “Hoy a la tarde, el Poder Ejecutivo ha firmado mi solicitud de retiro del servicio activo del Ejército. Con ello he renunciado voluntariamente al más insigne honor a que puede aspirar un soldado; llevar las palmas y laureles de General de la Nación. Lo he hecho porque quiero seguir siendo el coronel Perón y ponerme, con este nombre, al servicio integral del auténtico pueblo argentino. Dejo, pues, el honroso y sagrado uniforme que me entregó la patria, para vestir la casaca del civil y mezclarme con esa masa sufriente y sudorosa que elabora en el trabajo la grandeza del país”. (7)

A continuación, expresó: “Hace dos años pedí confianza. Muchas veces me dijeron que ese pueblo por el que yo sacrificaba mis horas de día y de noche, habría de traicionarme. Que sepan hoy los indignos farsantes que este pueblo no engaña a quién no lo traiciona…Ha llegado ahora el momento del consejo. Trabajadores: únanse; sean hoy más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa tierra la unidad de todos los argentinos. Diariamente iremos incorporando a esta enorme masa en movimiento a todos los díscolos y descontentos para que, junto con nosotros, se confundan en esta masa hermosa y patriota que constituyen ustedes”. (8)

Perón concluyó su discurso recomendando que la concentración fuera en paz cuidando especialmente de la seguridad de las mujeres y anunciando que se tomará unos días de vacaciones, Eva Perón escuchó el discurso desde su departamento de la calle Posadas y desde donde habló con Perón por teléfono una vez terminada su alocución, al día siguiente se reencontraron al visitarlo en el Hospital Militar.

Con esa impresionante jornada del 17 de octubre quedaba conformado un nuevo Frente Nacional, que Norberto Galasso explica así: “Por un lado, sectores del Ejército que ya no están dispuesto a continuar actuando como custodios de la usurpación y la entrega oligárquica, que abomina de los ingleses y que, en el caso de algunos militares, sustentaban una clara posición industrialista. Por otro, los trabajadores que se han ido nucleando en las nuevas fábricas del Gran Buenos Aires, provenientes en general de interior desvalido, resueltos a conseguir mejores salarios y mejores condiciones de trabajo, en esa Argentina industrial que va emergiendo. También los empresarios nuevos, en general, hijos de la inmigración y titulares de capitales nacionales, a quienes interesa un mercado interno en expansión, protegido de la competencia extranjera. Asimismo, sectores de clase media pobre del interior del país, pequeños productores y comerciantes de economías desvastadas como también ese mundo de subocupados que ambula de cosecha en cosecha para malvivir. Y en general, todos aquellos que ven asfixiados sus horizontes por la vieja Argentina agropecuaria, de recursos inmovilizados (riqueza ictícola, minera, potencial hidroeléctrico, etc.)” (9)

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(1) Joseph Page. Perón. Una biografía. Editorial Sudamericana. Edición  e-book pag. 168 y 169

(2) Norberto Galasso. Perón. Formación. Ascenso y Caída 1893 1955. Tomo I Colihue 2011 pag 320

(3) Idem pag. 321

(4) Idem pag. 324

(5) Idem pag. 324, 325

(6) Idem pag. 336

(7) Idem pag. 337

(8) Idem pag. 340

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