El Forjista

Biografía de José Francisco de San Martín

 

Capítulo 18 - Liberando al Perú

 

Al llegar al Perú el libertador emite una proclama el 8 de septiembre de 1820 donde expresaba: “… pero acordaos que vuestro gran deber es consolar a la América, y que no venís a hacer conquistas, sino a liberar a los pueblos que han gemido trescientos años bajo este bárbaro derecho. Los peruanos son nuestros hermanos y amigos; abrazadlos como a tales y respetad sus derechos como respetasteis los de los chilenos después de la batalla de Chacabuco”.

Antes de llegar al Perú estableció un férreo reglamento que debían cumplir las tropas a su cargo con graves consecuencias para aquellos que no las respetaran:

“1. Todo el que robe o tome con violencia de dos reales para arriba será pasado por las armas, previo el proceso verbal que está mandado observar en el ejército.

2. Todo el que derramare una gota de sangre fuera del campo de batalla será castigado con la pena de Talión.

3. Todo insulto contra los habitantes del país, sean europeos o americanos, será castigado hasta con pena de vida, según la gravedad de las circunstancias.

4. Todo exceso que ataque la moral pública o las costumbres del país será castigado en los mismos términos que previene el artículo anterior”.

Se produjo una alentadora respuesta ni bien pisó el suelo peruano con la incorporación de gran cantidad de voluntarios que se presentaban solicitando formar parte del ejército libertador.

La tropas desembarcaron en Paracas el 7 de septiembre y al día siguiente marcharon hacia Pisco donde el comandante comenzó a tomar decisiones actuando ya como gobernante de un país liberado; reglamentó el comercio y estableció un aduana en esa ciudad, abolió el tributo a los indios, nombró ministros y tomo medidas impositivas progresistas haciendo pagar a los que más tenían, estas medidas como otras que adoptará posteriormente le provocarán el boicot y la resistencia de los sectores pudientes del Perú.

Envió una división al mando del general Juan Antonio Álvarez de Arenales hacia el interior del país, con el objetivo de iniciar un levantamiento en las sierras andinas contra los españoles y avanzar por los valles de los Andes para cortar las comunicaciones con Lima.

La mayor parte del ejército desembarcó en 25 de octubre para instalarse en las cercanías de Lima y disponerse a realizar el asalto final sobre la capital y aislarla sin que se pudiera conectar con las tropas españolas ubicadas al norte del Perú.

En diciembre Arenales lograría el triunfo en la batalla del Cerro de Pasco mientras San Martín le ordenaba a Cochrane bloquear el puerto de El Callao, en tanto las tropas desembarcaron en la bahía de Ancón instalando el cuartel general en Huaura a unos 150 km al norte de Lima.

En Huaura el ejército fue atacado por la peste tropical conocida como tercianas que es el que se conoce actualmente como paludismo o malaria, el campamento de Huaura se convirtió en un hospital y terminó con la vida de muchos de los soldados.

Para abril de 1821 de 4000 estaban afectados 3000, hubo días que la enfermedad mataba entre 30 a 50 soldados.

En una carta dirigida a O’Higgins le decía “Nuestra situación es la misma que anteriormente: mil quinientos enfermos, y otros tantos convalecientes es el estado del Ejército; crea usted, amigo mío, que no puede verse con indiferencia perecer a estos infelices sin tener cómo aliviarlos en sus necesidades”.

En esos momentos llegaban las noticias de la Revolución de Riego en España, acontecimiento que produce una división en las tropas españolas entre los liberales y quienes seguían defendiendo al rey, acuciado por la situación el virrey del Perú, Joaquín de la Pezuela, le propone un armisticio al comandante del ejército patriota.

Llegó al campamento de Huaura el comisionado del gobierno constitucional español don Manuel Albreu que fue recibido con todos los honores de un embajador, permaneció cuatro días, manteniendo largas conversaciones con San Martín al que llegó a admirar, luego se trasladó a Lima donde insinuó que era por la intransigencia de los realistas de Lima que continuaba la guerra.

El virrey le propuso a San Martín enviar diputados americanos a las Cortes y aceptar la constitución liberal de 1812, mostrándole que las condiciones podían cambiar en España, pero el libertador rechazó la propuesta, la independencia era lo único que el libertador aceptaba.

Pezuela acusó al general americano de no estar interesado en terminar con la guerra a lo que San Martín le respondió el 13 de octubre de 1820 con el  “Manifiesto  a los pueblos del Perú sobre el resultado de las negociaciones a que fue invitado por el virrey de Lima” donde señalaba: “Pero olvidaba que tres siglos de dominación han segado todos los caminos para unir la América a la España que sólo han dejado libre el de la independencia, bajo las mortificaciones que sugiere algunas veces la necesidad, mientras la política prevé los medios”.

Y dejaba claro que su interés era la libertad y no tenía ninguna ambición personal “El día que el Perú pronuncie libremente su voluntad sobre la forma de las instituciones que deben regirlo, cualesquiera que ellas sean, cesarán de hecho mis funciones y yo tendré la gloria de anunciar al gobierno de Chile, de que dependo, que sus heroicos esfuerzos han recibido al fin por recompensa el placer de dar la libertad al Perú y la seguridad a los Estados vecinos”.

Pezuela fue reemplazado como virrey por José de la Serna de ideas liberales que aceptó comenzar negociaciones con los jefes patriotas, se encontraron a unos 25 km de Lima en la hacienda de Punchauca a comienzo de junio de 1821, el libertador reiteró su exigencia del reconocimiento de la independencia peruana a lo que el virrey se negó.

El Libertador le dijo a La Serna y otros jefes españoles presentes: “General, considero este día como uno de los más felices de mi vida. He venido al Perú desde las márgenes del Plata, no a derramar sangre sino a fundar la libertad y los derechos de que la misma metrópoli ha hecho alarde al proclamar la constitución del año 12, que Vuestra Excelencia y sus generales defendieron. Los liberales del mundo son hermanos en todas partes, y si en España se abjuró después esa constitución, volviendo al régimen antiguo, no es de suponer que sus primeros cabos en América, que aceptaron ante el mundo el honroso compromiso de sostenerla, abandonen sus más íntimas convicciones, renunciando a elevadas ideas y a la noble aspiración de preparar en este vasto hemisferio un asilo seguro para sus compañeros de creencias”.

“Si V.E, se presta a la cesación de una lucha estéril y enlaza sus pabellones con los nuestros para proclamar la independencia del Perú, se constituirá un gobierno provisional presidido por V.E. compuesto de dos miembros más, de los cuales V.E. nombrará el uno y yo el otro; los ejércitos se abrazarán sobre el campo; V.E. responderá de su honor, y de su disciplina ; y yo marcharé a la Península, si necesario fuere, a manifestar el alcance de esta alta resolución dejando a salvo en todo caso hasta los últimos ápices de la honra militar y demostrando los beneficios para la misma España de un sistema que, en armonía con los intereses dinásticos de la casa reinante, fuese conciliable con el voto fundamental de la América independiente”.

Dos comisionados irían a España a buscar un príncipe que ocupara el trono en el nuevo Estado La Serna no se opuso pero sí sus oficiales, San Martín explicó dos años después en carta a Miller su posición en esas circunstancias: “El general San Martín, que conocía a fondo la política del gabinete de Madrid, estaba bien persuadido de que él no aprobaría jamás este tratado; pero como su principal objeto era comprometer a los jefes españoles, como de hecho lo quedaban habiendo reconocido la independencia, no tendrían otro partido que tomar que el de unir su suerte a la de la causa americana”.

Incluso el libertador llegó a ofrecerle a de la Serna la presidencia de un gobierno provisional si aceptaba la independencia, el virrey pidió unos días para contestar, pero en el interín ordenó la evacuación de las tropas españolas de Lima con la intención de fortalecerse en el interior e intentar un posterior contraataque para recuperar la capital.

El general patriota da por finalizadas las negociaciones y el 1 ° de julio de 1821 dirige una proclama a las limeñas, donde expresaba: “Limeñas… Haceos tan célebres por vuestra cooperación a la grande obra de la libertad del Perú, como lo sois ya por vuestros encantos y por el temple delicado de vuestras almas, inflamad en el amor de la patria a todos vuestros paisanos y si todavía queda alguno que duerma con el sueño de los esclavos, invocad acerca de su libertad y este nombre que no puede oírse sin entusiasmo, lo escuchará de vuestros labios con transportes…”.

El inglés Basil Hall un testigo de los hechos dijo: “La verdad probablemente era que los principios revolucionarios propagados por San Martín habían echado tan profundas raíces en Lima y el país circunvecino, que el virrey se sentía inseguro y estaba deseoso de intentar un método de guerra diferente”.

En esas circunstancias San Martín escribió: “La gente se pregunta por qué no marcho sobre Lima al momento. Lo podría hacer instantáneamente lo haría si así conviniese a mis designios; pero no conviene. No busco gloria militar, no ambiciono el título de conquistador del Perú; quiero solamente librarlo de la opresión. ¿De qué serviría Lima, si sus habitantes fueran hostiles en opinión política? ¿Cómo podría progresar la causa independiente si yo tomase Lima militarmente y aún el país entero? … Muy diferentes son mis designios. Quiero que todos los hombres piensen como yo y no dar un solo paso más allá de la marcha progresiva de la opinión pública; estando ahora la capital madura para manifestar sus sentimientos, le daré oportunidad de hacerlo sin riesgo”.

“El país ahora se ha dado cuenta de su propio interés, y es razonable que los habitantes tengan los medios de expresar lo que piensan. La opinión pública es máquina recién introducida en este país; los españoles, incapaces de dirigirla, han prohibido su uso; pero ahora experimentarán su fuerza e importancia”.

El 12 de julio de 1821 las tropas libertadoras ingresan en Lima donde a San Martín se le hace entrega del estandarte del conquistador de Perú y asesino de Atahualpa, Francisco Pizarro, símbolo de la dominación colonial, ese ejército concluía con siglos de ignominia.

El ingreso de San Martín a Lima se realizó sin pompa alguna, como era su costumbre esperó a la noche para ingresar sin escolta y con un ayudante.

15 días antes Bolívar había derrotado al general español La Torre en el llano de Carabobo y obtenido una victoria de gran significación.

Luego de esa batalla Bolívar le escribió a San Martín: “Excelentísimo Señor: mi primer pensamiento en el campo de Carabobo, cuando vi a mi patria libre, fue Vuestra Excelencia, el Perú y su ejército libertador. Al contemplar que ya ningún obstáculo se opone a que yo volase a extender mis brazos al Libertador de la América del Sur, el gozo colmó mis sentimientos. Vuestra Excelencia debe creerme: después del bien de Colombia, nada me ocupa tanto como el éxito de las armas de Vuestra Excelencia, tan digna de llevar sus estandartes gloriosos donde quiera que haya esclavos que se abriguen a su sombra”.

Y también Bolívar le escribió a O’Higgins: “Desde el momento en que la providencia concedió la victoria a nuestras armas en los campos de Carabobo, mis primeras miradas se dirigieron al sur, el ejército de Chile. Lleno de los más ardientes deseos de participar de las glorias del ejército libertador del Perú, el de Colombia marcha a quebrantar cuantas cadenas encuentre en los pueblos esclavos que gimen en la América Meridional”.

Pero el dominio de los españoles seguía siendo considerable en el norte del país donde se habían concentrado las tropas, aún así San Martín consideraba que era imprescindible declarar la independencia lo que ocurrió el 28 de julio, se conformó un gobierno que designó a San Martín Protector de la Libertad del Perú, con plenos poderes políticos y militares, y si bien se negaba a aceptarlo debió hacerlo cuando fue convencido que aún los españoles no estaban derrotados.

El Libertador había creado la bandera de Perú con el rojo de Chile y el Blanco de las Provincias Unidas.

En sus Memorias sobre los realizado en el Perú Monteagudo trascribe una carta que San Martín le envía a O’Higgins el 10 de agosto de 1821: “Los Amigos (se refiere a la logia) me han obligado terminantemente a encargarme de este gobierno: he tenido que hacer el sacrificio, pues conozco que de no ser así, el país se envolvía en la anarquía. Espero que mi permanencia no pasará de un año, pues usted, que conoce mis sentimientos, sabe que no son mis deseos otros que vivir tranquilo y retirarme a mi casa a descansar”.

El decreto de 12 de agosto de 1821 por el cual liberaba a los hijos de esclavos nacidos desde la independencia del Perú, decía. “Una porción numerosa de nuestra especie ha sido hasta hoy mirada como un efecto permutable, y sujeto a los cálculos de un tráfico criminal: los hombres han comprado a los hombres, y no se han avergonzado de degradar la familia a la que pertenecen vendiéndose unos a otros. Las instituciones de los pueblos bárbaros han establecido el derecho de propiedad en contravención al más augusto que la naturaleza ha concedido”.

El libertador era un ávido lector que trasladaba su biblioteca allí a donde fuera, estaba integrada por obras en francés , latín e inglés, también promovía que sus soldados leyeran por eso el 26 de agosto anunció su decreto para crear a Biblioteca Nacional: “Convencido sin duda el gobierno español de que la importancia es la columna más firme del despotismo, puso las más fuertes trabas a la ilustración del americano, manteniendo su pensamiento encadenado para impedir que adquiriese el conocimiento de su dignidad. Semejante sistema era muy adecuado a su política; pero los gobiernos libres, que se han erigido sobre las ruinas de la tiranía, deben adoptar otro enteramente distinto, dejando seguir a los hombres y a los pueblos su natural impulso hacia la perfectibilidad”.

Y en otro decreto donde designaba a los directores de la biblioteca señalaba: “En un país que habiendo sido bajo el sistema español el centro del despotismo y de la arbitrariedad, se han escaseado por una funesta política todos los recursos de la ilustración, prohibiendo la lectura de libros selectos y el estudio de las ciencias relativas a los derechos del hombre, un gobierno independiente debe facilitar desde sus primeros pasos, la adquisición de conocimientos útiles a todas las clases del Estado”.

En 1818 había redactado su primer testamento cuando sus problemas de salud hacían temer un próximo final, en esa oportunidad decidió destinar sus libros para la biblioteca de Mendoza, también había creado la biblioteca de Santiago De chile donando 10.000 pesos que le había entregado el Cabildo de Santiago como premio por la victoria de Chacabuco.

Como un símbolo del cambio revolucionario que estaba conduciendo, la biblioteca en Lima se instaló donde funcionaba el Tribunal de la Inquisición, San Martín donó 11 cajones repletos de libros que contenían unos 276 libros, sólo un pequeño porcentaje de esos libros eran de asuntos militares, había libros de autores como Homero, Cicerón, Plutarco, Cervantes, Quevedo, Descartes, Calderón de la Barca, Rousseau, Montesquieu, Goethe, algunos de ellos se destruyeron en un incendio en 1943.

El 6 de noviembre decretó que: “Todos los bienes de españoles residentes en Europa y los que hayan emigrado a los lugares ocupados por las armas del rey deben ser secuestrados, comprendiéndoles la misma ley a los americanos que han abandonado los intereses de su patria, hayan seguido al ejército enemigo o estén con las armas en la mano en servicio de él”.

Una de sus mayores preocupaciones fue mejorar la situación social y económica del pueblo, por eso dejó sin efecto una contribución extraordinaria de guerra con la cual los españoles conseguían fondos imponiendo el gravamen a todos los habitantes sin considerar las posibilidades de cada uno.

A fines de 1821 el Libertador firmó el decreto redactado por Monteagudo que disponía la expulsión de los españoles solteros, confiscándoles los bienes, medida que se extendió después a los casados, esta disposición incluía a unos 400 comerciantes que eran los más ricos de Lima, antiguos opresores de esclavos afroamericanos e indígenas , que aplicaban castigos físicos como azotes, dueños de las minas donde morían miles de hombres, mujeres y niños.

Algunas de las medidas adoptadas en Perú como gobernante consistieron en abolición de la servidumbre, del tributo indígena, de la Inquisición, liberación de los hijos de esclavos, fomento de la educación, creación de la biblioteca pública, otorgamiento de la ciudadanía peruana a todo habitante de América del Sur, abolición de los castigos corporales, libertad de imprenta y opinión,  retiro de cualquier símbolo de edificios o plazas públicas de la conquista, el rey y el gobierno virreinal,  medidas proteccionistas en lo económico.

Estableció un Reglamento de los Tribunales que aseguraba la independencia de la justicia y eliminó la persecución por expresar ideas políticas: “Nadie será juzgado como sedicioso por las opiniones que tenga a materias políticas si no concurre alguna de las circunstancias referidas”.

El 13 de octubre de 1821 establece un decreto asegurando la libertad de imprenta: “El del Perú, que nada desea tanto como la prosperidad del país, cuya suerte le está confiada, va a sancionar la libertad de imprenta, porque reconoce el derecho que tienen todos los hombres de pensar, de hablar y de escribir, y porque está convencido de que sin ella son perdidos los más bellos talentos de la patria para la causa de la razón y de las luces”.

El Libertador también reivindicó los derechos de los pueblos originarios: “Después de la razón y la justicia han recobrado sus derechos en el Perú, sería un crimen consentir que los aborígenes permaneciesen sumidos en la desgracia moral a que los tenía reducidos el gobierno español y continuasen pagando la vergonzosa exacción que con el nombre de tributo fue impuesta por la tiranía como signo de señorío. En adelante no se denominarán los aborígenes indios o naturales: ellos son hijos y ciudadanos del Perú y con el nombre de peruanos deben ser conocidos”.

Y en otro decreto decía: “Queda extinguido el servicio que los peruanos, conocidos antes con el nombre de indios o naturales, hacían bajo la denominación de mitas, pongos, encomiendas, yanaconazgos, y toda otra clase de servidumbre personal, y nadie podrá forzarlos a que sirvan contra su voluntad”.

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