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El Forjista

El significado del peronismo 1946 -1955

Fascismo, corporativismo, bonapartismo y otras yerbas

En ese maravilloso libro llamado “Manual de zonceras argentinas” de Arturo Jauretche, el autor ironiza sobre el nipo-nazi-fasci-falanjo-peronismo aclarando que no se trata de un trabalenguas sino de un “trabasesos” pues la comparación de un proceso latinoamericano con otro procedente de Europa imposibilita la tarea de pensar los sucesos históricos.

Sin duda ha sido el principal argumento de ciertos autores para descalificar al peronismo, en parte es comprensible, el fantasma por los años en que Perón gobernó eran el fascismo y el nazismo, aún cuando ya estuvieran derrotados por los Aliados. Si se lograba asociar por medio de algunos malabarismos intelectuales, al peronismo con esos procesos europeos fácilmente se podía concluir que el peronismo era de lo peor.

Uno de aquellos que más lejos ha llegado en sus elucubraciones tendientes a despotricar contra el peronismo es Juan José Sebreli, quién arma una fenomenal ensalada consistente en un poquito de bonapartismo y otro mayor de fascismo, para presentar un producto final que se conoce por el nombre de peronismo en estas tierras.

Pero para que las teorías de Sebreli sean ciertas es imprescindible reconocer previamente que las mayorías populares tienen un alto grado de estupidez, paralelamente se debe establecer que el único que no se equivoca es Sebreli. Este intelectual nos asegura: “La originalidad del bonapartismo con respecto a los conservadorismos tradicionales, reside en sustituir la fuerza y el fraude, por la demagogia y las relaciones públicas, comprendiendo que la exclusión de las masas se vuelve imposible y se hace necesario aprender a manipularlas”. (8)

Un demagogo, en este caso Perón, pudo manipular a millones pero en ningún caso pudo engañar al astuto de Sebreli, por eso nos dice: “…el fascismo y el peronismo se basan…en una integración ilusoria de las masas populares a la vida pública”.(9)

Sebreli continúa con sus enseñanzas al desmentirnos rotundamente lo que generalmente se creía, que el fascismo era producto de un país con cierto desarrollo industrial, por el contrario nos asegura que las principales características del fascismo se encuentran en sociedades atrasadas como son los países de Asia, Africa y América Latina y nos da una larga lista de ejemplos: Khomeini en Irán, Nasser en Egipto, Ben Bella en Argelia, Khadaffi en Libia, Vargas en Brasil. Ibáñez en Chile, Villarroel y Paz Estensoro en Bolivia y por supuesto Perón. (10)

Fácil conclusión se puede obtener de las reflexiones de Sebreli: cualquier líder del Tercer Mundo que haya osado enfrentar la soberbia imperial de los Estados Unidos o las potencias europeas corre el serio riesgo de ser acusado de fascista ... por Sebreli.

Tal vez alguien piense que estas teorizaciones no merecen demasiadas consideraciones, pero tanto Sebreli como Felix Luna y otros intelectuales acostumbrados a denostar al peronismo figuraron entre los adherentes al proyecto alfonsinista en los primeros años de la democracia iniciada en 1983, por lo que sospechamos que sus ideas cuentan con muy buena recepción en ciertos círculos de clase media que ven con muy buenos ojos cualquier alegato antiperonista.

No han faltado incluso aquellos que hasta con cierta alegría veían la posibilidad de librar en el país la misma batalla que se había combatido en Europa, tal el caso del líder del Partido Comunista Argentino, Victorio Codovilla quién en diciembre de 1945 afirmaba: “En este momento estamos librando con retraso nuestra batalla contra el fascismo, y su variante nacional, el peronismo”. Para decir luego que las elecciones que se aproximaban serían “una batalla decisiva en la gran lucha patriótica que sostiene el pueblo argentino para librar su país de las garras del nazifascismo”. (11)

Rubén Zorrilla en cambio ve un claro ejemplo de corporativismo en el decreto 23852 del 2 de octubre de 1945 conocido como Ley de Asociaciones Profesionales y la ley 14250 del 29 de septiembre de 1953 conocida como Ley de Convenciones Colectivas de Trabajo (12) y que constituyeron dos pilares fundamentales del sindicalismo moderno que permitió el fortalecimiento del gremialismo obrero ante los intereses empresariales.

Cuando se trata de atacar a Perón y el peronismo hay para todos los gustos, pues para Julio Irazusta “…los ingleses tenían en Perón un instrumento muy dócil y servicial”. (13) Nos explicará más adelante que: “El increíble enfeudamiento de Perón a la influencia inglesa no se explicaría si antes no hubiese recibido apoyo alemán”. Según Irazusta Perón apoyó al bando que perdió la guerra por lo cual luego debió dar un giro para apoyar a los aliados que vencieron, pero a diferencia de Franco que se hizo respetar y negoció con los ganadores Perón no lo hizo con igual dignidad. (14)

Hay un punto de coincidencia en las opiniones hasta aquí vertidas, y se caracterizan por el mismo antiperonismo, nos remitiremos ahora a señalar nuestra opinión sobre la supuesta relación existente entre peronismo y el nazi-fascismo.

Una primera diferencia muy elemental pero que al parecer muy poco les importa a nuestros destacados intelectuales, mientras un movimiento es argentino, los otros fueron fenómenos italianos y alemanes. Aunque parezca un chiste no lo es, la situación era tan diferente en Argentina y aquellos países europeos que cualquier comparación no resiste el menor análisis. Pero dado que se insiste en las supuestas semejanzas nosotros abordaremos las muy visibles diferencias.

El peronismo no sólo surgió de elecciones libres, sino que se sometió permanentemente a la voluntad de los ciudadanos sin la proscripción de ningún partido opositor. Además los partidos de izquierda también pudieron participar de los actos electorales, diferencia fundamental con la persecución, el asesinato de sus dirigentes y la proscripción a dichos partidos en Alemania, Italia y España.

Los países donde se dio este tipo de régimen habían logrado un cierto desarrollo industrial y llegaron a un punto donde necesitaban una expansión comercial y territorial que entraba en disputa con las potencias que ya habían establecido su dominio imperial.

Tanto el fascismo como el nazismo reconocen su base social en el apoyo y financiamiento en la gran burguesía industrial y el sustento de la pequeña burguesía, en cambio reprimió sangrientamente a la clase obrera y a sus partidos y sindicatos.

Por el contrario el peronismo se apoyó decididamente sobre la clase obrera, llevando a la práctica reivindicaciones obreras que eran reclamadas desde muchas décadas por los representantes de los trabajadores.

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(8) El deseo imaginario del peronismo. Juan José Sebreli. Legasa 1985 pag 35
(9) Idem pag 58
(10) Idem pag 57
(11) El peronismo. Milcíades Peña. Ediciones Fichas 1973 pag 11
(12) El liderazgo sindical argentino. Ruben H. Zorrilla. Siglo Veinte. 1983 pag 134
(13) Perón y la crisis argentina. Julio Irazusta. Editorial Independencia. 1983 pag 69
(14) Idem pag 224

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