El Forjista

La Resistencia Peronista

Primeras Instrucciones

Al dar comienzo el año 1956, Perón redactó las “Directivas Generales para todos los Peronistas”, adoptando una posición intransigente hacia el régimen surgido del golpe de estado y dando instrucciones para la resistencia.

Perón comenzaba el escrito con una importante definición: “El justicialismo es una Revolución Social”, para continuar: “Hemos cometido el error de creer que una revolución social podría realizarse incruentamente. La reacción nos ha demostrado que estábamos equivocados y hemos pagado un caro precio por nuestro humanitarismo.”

Luego señalaba cual debía ser la tarea primordial de todo peronista: “Es menester aprovechar la situación de fuerza para salir de ella mediante la fuerza o, en su defecto, por la acción política, e instaurar el Estado Justicialista integral. Ello impone: luchar con la dictadura mediante la resistencia pasiva hasta que se debilite y nuestras fuerzas puedan tomar el poder.”

En éste, el primer documento de Perón sobre el tema de la resistencia, que fuera escrito en enero de 1956 pero que llegara al país un mes después, explicitaba detalladamente las tareas que constituían el sostenimiento de una actividad de desgaste del gobierno de Aramburu y Rojas: “Es menester no dar tregua a la tiranía. El trabajo a desgano, el bajo rendimiento, el sabotaje, la huelga, el paro, el desorden, la lucha activa por todos los medios y en todo lugar debe ser la regla. Sin esta preparación la revolución social no será posible a corto plazo, porque la tiranía sólo caerá por este medio; luego, es necesario incrementarlo diez veces más cada día. Siendo la finalidad básica la revolución social, todos los demás objetivos deben subordinarse a esa finalidad. La conducta de cada obrero estará fijada cada día en lo que pueda hacer para derribar a la tiranía e imponer el Justicialismo integral y absoluto por la forma más rápida y definitiva.”

Al calor de la lucha surgió una nueva dirigencia política y gremial. Gran parte de la vieja dirigencia peronista quedó al margen, ya sea por la burocratización de algunos que habían perdido la mística y el espíritu para emprender una acción de envergadura, o porque habían claudicado directamente y se predispusieron a congraciarse con el nuevo régimen. Pero todo esto que es aplicable a varios casos, no debe hacer perder de vista que la causa principal de ese trasvasamiento generacional, fue la represión gubernamental que condenó a la cárcel a la mayoría de las autoridades que habían ocupado espacios de poder durante los gobiernos de Perón, mientras que muchos otros se vieron obligados a buscar refugio en otros países.

Por estas razones, Perón explicaba en este documento, la misión y los deberes de la dirigencia, mientras que advertía y condenaba a aquellos que tendían a la conciliación con el régimen: “Las masas en ningún momento fueron vencidas. Los incapaces y traidores hicieron posible la derrota de las fuerzas del orden y la ley. Los dirigentes no estuvimos en muchos casos a la altura de nuestra misión. Siendo esta hora de decisiones, los dirigentes deben surgir espontáneamente de las masas y su autoridad se afirmará en los hechos. La prisión de los dirigentes no debe ser una dificultad para la dirección, pues nuevos hombres deben reemplazarlos. Es menester que los dirigentes interpreten a la masa y se dediquen a servirla y no a servirse de ella con fines personales. Tales dirigentes deben ser observados y apartados”. (2)

La concreción de esta política posibilitó que nuevos cuadros, mayoritariamente jóvenes, ingresaran a la actividad gremial y política, dándole un impulso espectacular al movimiento popular. Aún con un alto costo personal que podía contabilizarse en vidas humanas, encarcelamientos, exiliados, torturados y despedidos.

En el mismo contexto se inscribe el documento emitido por el Comando Nacional del Partido Peronista, el 24 de febrero de 1956 al cumplirse diez años del triunfo electoral que llevó a Perón al gobierno. Este comando fue organizado por John William Cooke desde la prisión y tenía como máximos responsables a Cesar Marcos y Raúl Lagomarsino. Este organismo intentó organizar la resistencia, si bien surgieron en todo el país grupos con idénticos fines, pero sin ninguna conexión entre ellos. A pesar de los denodados esfuerzos por darle una mínima organización, las condiciones imperantes desfavorables, hicieron dificultosa la actuación del Comando Nacional.

El documento expresaba: “El Pueblo argentino, espontánea y vigorosamente, está organizando centenares de comandos peronistas que cubren toda la República. Es su respuesta patriótica y viril al alarde prepotente de ‘desperonizar el país’ lanzado por la Oligarquía Sangrienta que asaltó el poder”.

“Entre esos cinco meses el Peronismo se ha purgado de arribistas, de logreros y vacilantes. La Unidad, la disciplina y la intransigencia, se han mantenido inconmovibles desde abajo. La base del Partido ha superado a los desviacionistas, ha arrojado de sus filas a los elementos espúreos y ha marcado con desprecio a los traidores”. (3)

Al comenzar 1956 ya estaba instalado en el ánimo del conjunto del peronismo, el de resistir por todos los medios al gobierno que consideraba usurpador de lo que por legitimidad democrática le correspondía. El poder del Estado recurría a la más cruda represión que castigaba con particular saña a los trabajadores. El idioma policial inundó a las declaraciones oficiales para explicar las detenciones de obreros por actos de rebeldía o por la simple razón de querer defender sus derechos.

En enero el Ministerio de Trabajo explicaba las razones de las detenciones de innumerables trabajadores; según el Poder Ejecutivo era “Por razones que nada tienen que ver con la política gremial, pero sí con la actividad política subversiva, contrarrevolucionaria y absolutamente insensata, han sido detenidos obreros, dirigentes del antiguo régimen o de otros regímenes, que quieren pescar a río revuelto y que desean perturbar el ambiente de paz y trabajo que el país necesita para su reconstrucción económica y política”. (4)

La única política que bajaba desde el poder como respuesta a los reclamos y la justificada rebeldía de los trabajadores se reducía a la represión policial. La Dirección Nacional de Seguridad emitía un comunicado abiertamente amenazador e intimidatorio, en el que anunciaba la represión del sabotaje: “...hace saber a la población que las fuerzas policiales y de seguridad han recibido instrucciones precisas para hacer uso de sus armas, cada vez que sea necesario impedir la comisión
de actos de sabotaje”.

El mismo día el interventor de la Provincia de Buenos Aires, Coronel Bonnecarrere, por medio de un edicto policial amenazaba con aplicar duras sanciones a los supuestos agitadores que instigaran“de hecho o de palabra a las masas obreras a propiciar el abandono del trabajo, sin causa justificada, como así a los que de cualquier modo perturben la actividad normal de los trabajadores, al difundir noticias falsas con el deseo de provocar conflictos o perturbaciones colectivas”. (5)

Este otorgamiento de piedra libre a las fuerzas de seguridad para disparar impunemente contra cualquier ciudadano, sospechado de actos de sabotaje, marcó indeleblemente el signo de ese gobierno tan poco predispuesto a cualquier indicio de conciliación o pacificación. Nótese el carácter de los delitos que se castigaban, llamar a un paro o la difusión de noticias que no fueran del agrado de los gobernantes. Paradójicamente este avasallamiento de los derechos civiles y gremiales era
justificado en nombre de “la libertad y la democracia”.

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(2) Baschetti, Roberto : Documentos de la Resistencia Peronista 1955-1970. Puntosur Editores 1988; pag. 45 a
49.
(3) Baschetti Roberto : ob. cit., pag 50 a 53.
(4) La Nación 5/1/56.
(5) La Nación 8/2/56.

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