El Forjista

La Resistencia Peronista

Conclusiones

Hemos calificado de virtual apartheid, el mecanismo a que fue sometido el sector notoriamente mayoritario de la ciudadanía argentina a partir del 16 de septiembre de 1955. El aberrante decreto 4161 fue la más clara demostración de nuestra aseveración.

Ante ello se forjó una legítima resistencia de la porción más humilde del pueblo, como lógica reacción a la marginación política y social desde el poder estatal. Esta resistencia apeló reiteradamente a la violencia, como un gesto que quería expresar que no estaban dispuestos a capitular, pero fue una metodología para la autodefensa y la sobrevivencia como trabajadores y ciudadanos.

La violencia ejercida por la Resistencia no puede ser comparada ni asimilada a la aplicada, años después, por los grupos guerrilleros. En primer lugar, porque aquella violencia fue una reacción popular que apelaba a esos métodos drásticos como a muchos otros que no eran violentos, pero estos y aquellos resultaban igualmente “subversivos y terroristas” para el gobierno. En ningún momento la lucha de aquellos días tuvo rasgos de elitismo o sectarismo, por el contrario, mostró una dinámica abiertamente democrática, sin más jerarquías que la del reconocimiento al líder exiliado.

Como característica fundamental la violencia de la Resistencia, a pesar de haber producido algunas víctimas entre las fuerzas de seguridad, no tuvo por objetivo en ningún momento, el asesinato ni el secuestro del adversario político. Se extremaron las medidas para evitar daños a las personas, mostrando un respeto por la vida humana que no mostró el gobierno, que dispuso el asesinato de civiles y militares en junio de 1956.

Ese mes de junio marcó una de las fechas más trágicas de la historia argentina, pues el gobierno de la “libertadora” en su afán por disciplinar a los trabajadores a cualquier precio, no evitó la sangrienta represión que pudo haberse obviado, sin riesgo para su continuidad. El carácter pretendidamente ejemplificador y sus connotaciones lindantes con el terrorismo de estado marcaron a fuego a un gobierno que quería extirpar el peronismo, en tanto representación política de los trabajadores y las capas más empobrecidas de la sociedad.

Con la Revolución Libertadora comenzó en nuestro país una etapa de crisis permanente y que se extendió hasta 2001 donde hizo eclosión el sistema impuesto por el neoliberalismo. La proscripción de las mayorías, los sucesivos planes de ajustes que se iniciaron con la adhesión por parte de ese gobierno, al Fondo Monetario Internacional, el alineamiento incondicional con los Estados Unidos y la instauración de las Fuerzas Armadas en calidad de policía interna, prefiguraron un país en el que era necesario condenar a la marginación a la inmensa mayoría del pueblo.

El espíritu de revancha y las sucesivas purgas, conjuntamente con el fusilamiento de hombres de las Fuerzas Armadas, comprometidos con la causa nacional, fueron conformando unas milicias que nacieron en 1955 y tuvieron su adultez en 1976. Muchos de los oficiales de las tres fuerzas armadas reincorporados por Lonardi y Aramburu llegaron a ocupar cargos fundamentales en las dictaduras militares posteriores. Los comunicados oficiales mostraban, a pesar de la distancia en el tiempo, una afinidad en el lenguaje y en lo ideológico entre la Revolución Libertadora y el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional. 1955 fue el año de nacimiento de la Doctrina de Seguridad Nacional en la Argentina. Difícilmente podíamos tener Fuerzas Armadas integradas con el Pueblo hasta tanto los responsables de su conducción no reconocieran los errores del pasado y reivindiquen
a hombres de sus filas como Perón, Valle, Mosconi y Savio. Cabe destacar que en los últimos años este camino, felizmente, se está comenzando a recorrer.

Un interrogante histórico de importancia está referido al porqué la Resistencia Peronista no pudo derrotar al gobierno de Aramburu. En primer término, debe tenerse en cuenta la política de Lonardi y Aramburu hacia los militares a través de su sistema de premios y castigos que reforzó la unidad de ellas en torno a los proyectos políticos y económicos de los sectores privilegiados y minoritarios de la sociedad argentina. Este disciplinamiento a la fuerza, delineó un poder militar subordinado al poder económico, y que en ningún momento cuestionó los objetivos impuestos por la oligarquía y el alineamiento con los Estados Unidos.

Con unas fuerzas armadas unidas y con una base social de clase media, aportada por los partidos radical, socialista y demócrata progresista que aplaudieron aún las medidas más sanguinarias del gobierno del cuál formaron parte. Ante este panorama resulta evidente que la Resistencia se propuso a sabiendas una batalla desigual, aún así los logros fueron considerables.

El accionar continuo y perseverante del peronismo obtuvo el resquebrajamiento del Frente Antiperonista, cuando comenzaron a aparecer sectores que habían apoyado inicialmente el golpe septembrino, que cuestionaron la represión y la falta de garantías a la que fue sometida la clase trabajadora en su conjunto. La división del radicalismo con sus dos aditamentos: del Pueblo e Intransigente, la extinción de los partidos conservador, socialista y demócrata progresista, fueron consecuencia de haber prestado colaboración con un gobierno que desatendía y castigaba a los más desprotegidos. A esto debe agregarse el rotundo fracaso de la Asamblea Constituyente que concluyó con el retiro de los representantes de la UCRI.

Aún en las peores circunstancias, sin aparato, ni medios de difusión, el peronismo de la resistencia mostró, cada vez que pudo, su vitalidad electoral, obligando a las Fuerzas Armadas y a la partidocracia a una permanente negación de lo que afirmaban defender: la Constitución, la democracia y la libertad.

La Resistencia no fue derrotada, alcanzó parcialmente sus objetivos: evitó el aniquilamiento del peronismo, principal objetivo de Lonardi, Aramburu y Rojas; y no permitió al gobierno tener legitimidad electoral, aún con el peronismo proscripto, y aún peor, los “libertadores” no pudieron dejar su herencia con el radicalismo del pueblo con sucesor natural.

Pero por sobre todas las cosas, los luchadores de la Resistencia crearon una mística que perduró por muchos años y que marcó un camino ejemplar que mostró como un Pueblo, aún yendo contra la corriente de los poderosos, pudo reafirmar sus convicciones y mantener en alto las banderas de la Independencia Económica, la Soberanía Política y la Justicia Social.

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