El Forjista

La Resistencia Peronista

Los cuestionamientos a Cooke

Cooke comenzó a señalar los ataques personales que sufría por parte de los sectores conciliadores que no se compadecían con los postulados de intransigencia mantenidos férreamente por él. Hacia mediados de noviembre de 1957, remarcaba también, que comenzaba a notarse una tendencia interna que defendía la idea de votar positivamente “contra la dictadura” en las elecciones del año siguiente, a través de Frondizi u otra fórmula. Paralelamente, le solicitaba a Perón que saliera al paso de estos intentos de llevar al Movimiento hacia una alianza con alguno de los partidos permitidos por el régimen, concluía con el siguiente concepto: “Nosotros no estamos contra una política, sino contra un sistema. No aceptamos, entonces, combatir dentro del sistema. No hacemos ‘crítica opositora’ sino política revolucionaria”. (62)

Perón contestó a las inquietudes de Cooke aconsejándole no participar de las luchas internas, recibiendo a todos y ubicándose por sobre las disputas. A la vez le reiteraba su postura sobre la imprescindible necesidad de mantener la intransigencia: “La experiencia de estos dos años nos demuestran que la intransigencia absoluta es la única posición compatible con nuestra causa y con nuestro Movimiento y, la única, que mantienen en pie el estado insurreccional”. (63)

Al finalizar el año, como respuesta al resurgimiento sindical, el gobierno volvió a desatar una oleada represiva para aplacar violentamente la mayor combatividad del gremialismo peronista que ponía a “la libertadora” en una difícil situación a poco tiempo de una elección nacional. El Poder Ejecutivo intervino a los sindicatos con mayor predisposición para la lucha. En ese momento, el investigador Daniel James marca el comienzo de las negociaciones de Perón y Cooke con Frondizi, aceptando aquellos tácitamente que no había lugar para la opción revolucionaria e insurreccional.

Dentro del peronismo existía un amplio sector que no quería votar nuevamente en blanco, pretendiendo en cambio, el voto por uno de los candidatos permitidos. No obstante esto y las indicaciones de Perón de votar por Frondizi, hubo grupos que conformaban los Comandos de la Resistencia y la Juventud Peronista que mantuvieron el voto en blanco en febrero de 1958.

Un mes antes de las elecciones volvieron a formularse las tradicionales denuncias gubernamentales sobre supuestos complots, procediendo a la detención de un grupo que actuaba en Rosario con conexiones con comandos de la Capital Federal y La Plata. El 3 de enero de 1958, La Prensa titulaba en primera página “Ha sido descubierto un amplio Plan Terrorista”. La policía de la provincia de Buenos Aires detuvo a implicados en la voladura de un naftoducto de Ranelagh, apresándose a grupos de Lanús y San Martín que, según los partes oficiales, tenían conexiones con las células de Rosario y La Plata, y quienes dirigían estos grupos recibían órdenes de Perón y su secretario, el mayor Pablo Vicente, actuando como enlace José D. Paladino, entre los detenidos figuraban varios dirigentes del gremio de la carne.

En los días subsiguientes continuaron las detenciones que también se extendieron a otros puntos del país, como a Tucumán. En La Plata la cifra de apresados llegó a los cincuenta, la mayoría eran gremialistas.

Una semana después la policía allanó la casa de David Cooke, hermano de John William, deteniéndose al dueño de casa, como así también a Oscar Albrieu y Luis A. Rocamora, “estos se encontraban, según se dijo, entregados a la preparación de publicaciones para la campaña inspirada desde Venezuela por el ex – dictador”. (64)

Nótese la peligrosidad de los detenidos que estaban dedicados a la “subversiva” actividad de realizar un escrito. Era evidente que el gobierno intentaba por todos los medios a su alcance, silenciar al peronismo para que no se reiterara el disgusto electoral que ya se había padecido en las elecciones de Constituyentes.

En las elecciones el triunfo correspondió a Frondizi con el 45 % de los votos que equivalía a cuatro millones de voluntades. La Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP) obtuvo el 29 %, o sea dos millones seiscientos mil votos. Debe destacarse la gran cantidad de votos nulos y en blanco que llegó al 10 % de los votos emitidos, unos ochocientos sesenta mil, de los cuales la gran mayoría correspondía a peronistas que se habían negado a seguir las instrucciones de votar por Frondizi.

El presidente electo asumió el 1° de mayo de 1958 gracias a los votos peronistas, obtenidos por un pacto que no fue cumplido por Frondizi. El acuerdo contemplaba cuestiones como la normalización sindical y la legalización del peronismo.

El pacto Perón-Frondizi aún resulta de difícil explicación habida cuenta de las manifestaciones contrarias al mismo, reiteradas días antes de efectivizarse, tanto por Perón como por Cooke.

Como ya dijimos, cada vez era mayor la presión de buena parte de la dirigencia intermedia del peronismo y de varios sindicalistas que pretendían votar por alguna de las opciones permitidas.

Ni bien Cooke se escapó de la prisión hacia Chile, Frondizi envió a sus emisarios, principalmente a Ricardo Rojo, para entablar negociaciones. Al inicio, tanto Cooke como Perón se resistieron a la posibilidad de cualquier entente, pero a la luz de las dificultades de llegar al poder por la vía insurreccional, se intentó establecer un acuerdo que diera mínimas garantías para el accionar gremial y político del peronismo.

Por otra parte, un acuerdo con la UCRI debilitaba la posibilidad de surgimiento de un partido neoperonista, que no sólo significaba el desconocimiento del liderazgo de Perón sino que expresaba la voluntad del régimen de fabricar un peronismo domesticado e integrado al sistema liberal.

El acuerdo se selló en medio de la creciente oposición de la UCRI al gobierno de Aramburu y de la evidente intención de dejar como heredero de la Revolución Libertadora a la UCRP. Un argumento de peso lo constituyó la voluntad del peronismo de evitar que el Radicalismo del Pueblo se convirtiera en sucesor natural de Aramburu, muchos radicales formaron parte de los Comandos Civiles y habían co-gobernado con los militares desde 1955, junto a los socialistas y conservadores.

Luego de las elecciones se intensificaron los cuestionamientos a Cooke por parte de los sectores internos opuestos que desataron una campaña de críticas hacia su conducción. Perón comenzó a efectuarle una serie de advertencias. El 26 de abril le escribió: ”Creo que Usted está cometiendo un grave error político al aparecer como el que intenta destruir el Partido Femenino, cosa que ya ha trascendido y que si no le pone remedio, le acarreará la oposición y el ataque de todas las mujeres... Usted debe conducir al todo y no a las partes y ello le impone ser muy cauto en la intervención de los conflictos sectoriales”. (65)

El 18 de junio de 1958, Perón volvió a insistir sobre el tema y le reiteró que había una creciente oposición hacia Cooke y Alicia Eguren para recomendarle nuevamente que se mantuviera al margen de las disputas internas para dedicar su esfuerzo a la conducción estratégica.

Durante ese año, Perón creó dos nuevos organismos: la Delegación del Comando Superior Peronista que reemplazó al Comando Táctico dominado por líderes sindicales, y el Consejo Coordinador y Superior del Movimiento compuesto por políticos como Oscar Albrieu, Alberto Rocamora y Delia Parodi. Estas organizaciones minaron la conducción de John William Cooke.

No obstante, Cooke tuvo un último gran combate en la dirección del peronismo, cuando el Frigorífico Lisandro de la Torre fue tomado por los trabajadores para evitar su privatización por el gobierno de Frondizi. Esta impresionante lucha obrera tuvo la adhesión de 7.000 trabajadores y del conjunto de los habitantes del barrio de Mataderos. Las 62 Organizaciones se solidarizaron con los obreros del Frigorífico y paralizaron el país por tres días.

La proclama redactada por Cooke decía: “Esta huelga es política, en el sentido de que obedece a móviles más amplios y trascendente que un aumento de salarios o una fijación de jornada laboral. Aquí se lucha por el futuro de la clase trabajadora y por el futuro de la Nación. Los obreros argentinos no desean ver a su patria sumida en la indignidad colonial, juguete de los designios de los imperialismos en lucha”. (66)

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(62) Perón – Cooke: ob. cit. Tomo II, pag. 7 a 11.
(63) Perón – Cooke: ob. cit. Tomo II, pag. 46.
(64) La Prensa 15/1/58.
(65) Perón – Cooke: ob. cit. Tomo II, pag. 55 y 56.
(66) Calello, Osvaldo y Parcero, Daniel: ob. cit., pag. 13 y 14.

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