El Forjista

La Resistencia Peronista

La nueva generación

Al comenzar el año 1957, llegaban las noticias a Buenos Aires sobre la publicación del libro de Perón “La Fuerza es el Derecho de las Bestias”. Nuevamente la United Press era la encargada de comentar el libro, acusando al “ex-dictador” de un acendrado antipanamericanismo, como prueba de ello transcribía un párrafo donde se refería a esta empresa de noticias, Perón sentenciaba que la United Press “está al servicio de intereses mercenarios y de la canalla dictatorial y no ha dejado infamia por cometer en la falsificación de noticias para engañar al mundo”. (34)

En nada exageraba con respecto a la agencia noticiosa que se había convertido en una generadora de mentiras descaradas contra el peronismo y su líder, su carácter internacional le permitía llegar a todos los rincones del planeta difundiendo una imagen absolutamente distorsionada de Perón y los militantes peronistas. De hecho la agencia norteamericana se había transformado en usina ideológica del gobierno, el cuál respondía sumisamente al alineamiento con la potencia del norte. Pero la agresividad norteamericana, desde Braden en adelante, no confundía a los sectores populares que continuaban en la lucha de resistencia que debía concluir con el retorno de Perón a su patria. Los comandos de resistencia crecían en cantidad y en actividad, cientos de proclamas clandestinas inundaban el territorio nacional.

El Comando Revolucionario Peronista de la Zona Sud afirmaba: “Los peronistas estamos en la Insurrección Nacional: en todo el país se lucha intensamente, la tiranía lo oculta, porque no le conviene que se entere el pueblo de la verdadera situación imperante: sabotajes, interrupción de comunicaciones y transportes, acción contra los ingleses y sus intereses, acción de comandos, etc. ...¿Y Ud. peronista que ha hecho o hace para recuperar la Patria y por la vuelta de Perón? ... ¡Actúe Patriota! En esta hora heroica de la nacionalidad, tenga el honor y la gloria de haber sido un guerrillero de la Gran Liberación Nacional, integre este inmenso ejército, todos pueden colaborar en lo que esté a vuestro alcance, ponga el hombro, para rechazar la Cuarta Invasión Inglesa”. (35)

Este comunicado apelaba al sentimiento patriótico de los peronistas, pues el gobierno había recurrido al Plan Prebisch quién intentaba el retorno a los años anteriores a 1943, o sea a la Década Infame, no obstante una de las medidas económicas más importante como el ingreso de la Argentina al Fondo Monetario Internacional, marcaba el encolumnamiento al poder norteamericano que había pasado a ser una potencia de primer orden luego de la Segunda Guerra Mundial. La nostálgica oligarquía terrateniente pretendía retornar a la condición de colonia privilegiada de Inglaterra pero no se condecía con el nuevo reparto del poder mundial. Incluso los decididos militantes del Comando Sur, creían en el regreso al predominio inglés, seguramente por la participación inglesa en el golpe de septiembre de 1955.

Lo particular de la Resistencia fue su multiplicidad de formas y acciones. La nueva generación lanzada por el clima político imperante a dar respuestas a las decisiones que emanaban desde el poder, le permitieron demostrar su audacia y predisposición a formas creativas de lucha. Jorge Rulli un joven protagonista de aquellos años, contó la actividad de un grupo de jóvenes peronistas que se propusieron desafiar el decreto 4161.

Este grupo había elegido la esquina de Corrientes y Esmeralda, simbólica ubicación del “Hombre que está sólo y espera” de Raúl Scalabrini Ortiz, para manifestar su desprecio al régimen. Todas las noches colgaban una foto de Perón y esperaban a que apareciera alguien a arrancarla, en ese momento saltaban contra el “gorila” y armaban la consabida batahola.

Habían elegido un reducto enemigo, una esquina de la zona céntrica donde transitaban muchos de los que adherían al gobierno y eran militantes antiperonistas. Los Comandos Civiles estaban especialmente activos y constituían los principales adversarios de los grupos peronistas, quienes se habían fijado como objetivo hacerlos desaparecer de las calles. Estos Comando Civiles apañados por el gobierno, conformaban grupos de choque que se habían fogueado en el accionar terrorista durante los últimos años del gobierno de Perón. Llevaban armas y tenían la impunidad que les otorgaba su oficialismo. Día tras día, los jóvenes peronistas se trenzaban en dura batalla con la secuela de heridos entre sus filas, aunque sus enemigos también recibían lo suyo.

La esquina servía también para recuperar el ánimo y constatar que no eran simples individualidades, por el contrario, conformaban parte de un Movimiento que a lo largo del país intentaba poner en jaque a la Revolución Libertadora.

Rulli contó como fue invitado a la casa de Susana Valle donde se conformó uno de los primeros Comandos de Juventud Peronista, siendo el Comando Gral. Valle uno de los más importantes, confluyendo militantes como Tuly Ferrari, los hermanos Pocho y Gustavo Rearte, y Héctor Spina, entre otros.

Debe prestarse especial atención a la advertencia de Jorge Rulli, que inserta correctamente este conflicto para contrarrestar la “soberbia gorila”, en el ambiente político y social que se vivía en aquel momento: “La necesidad de imponer el ‘orden’, de erradicar esta ‘lacra’ del peronismo. Era una persecución ideológica pero no en un típico sentido de la palabra. No era que ser peronista fuera ser de izquierda, ser peronista era una vergüenza, una lacra, algo que había que erradicar. Era ser basura, cosa de negros”. (36)

Cada grupo tenía su peculiaridad, mientras Jorge Rulli afirmaba que había una diferencia entre la actividad de los grupos de resistencia y los de la J. P., remarcando que la juventud no tenía como accionar común el de colocar “caños”. Otros sectores como el que integraba Carlos Villagra, que tenía como radio de la acción la zona de La Plata, Berisso y Ensenada; repartía su tiempo en tareas propias de la resistencia, tal como el apoyo a los sindicalistas para la recuperación de los gremios y las Comisiones Internas de las fábricas.

Desde la realización de actos en fechas claves para el peronismo hasta la colocación de bombas en domicilios de figuras de relevancia dentro del régimen gobernante, conformaban la actividad diversa del Comando de la zona platense.

Contaba Villagra: “Las reuniones de la J. P. no eran ideológicas, eran para ver a quién se le iba a poner una bomba. Nosotros le poníamos una bomba al Jefe de la Destilería de La Plata porque había cagado a varios trabajadores, pero pasábamos tres o cuatro veces por la casa en bicicleta para ver que no matara a nadie. Hasta aprendimos donde iba la expansión cosa que nos costó muchísimo... También le poníamos a militares y marinos, que eran los objetivos nuestros más importantes. A veces, cuando nos sobraba alguna, la metíamos en la casa de Don Balbín, que después nos llamaba y nos decía: ‘pero déjense de joder, muchachos’. Esa es la verdad, Balbín vivía en La Plata, y el enemigo acérrimo era él. Cada vez que nos sobrara una bomba iba a la casa de Balbín... Para nosotros, tanto Balbín como los otros políticos, como los milicos, sobre todo los marinos, eran todos ‘gorilas’ “. (37)

Estos testimonios muestran hasta que punto la juventud llena de principios y fervor revolucionario se lanzó a la actividad política, desconfiando de los viejos dirigentes sindicales y políticos. Uno de aquellos jóvenes, casi olvidado hoy, tuvo una destacada tarea en la resistencia. Nos referimos a Gustavo Rearte, trabajador y militante a quién el golpe del 55 encontró en su puesto de trabajo en Jabón Federal. Participó de la organización de la primera Juventud Peronista y también ocupó la secretaría general del sindicato de jaboneros.

Alvaro Avós lo retrató en 1963 de la siguiente manera: “Su coraje personal era legendario. Por entonces aún convalecía. Había recibido dos balazos en el cuerpo, enfrentando a la policía que lo perseguía encarnizadamente. Cuando estaba en libertad era un activista formidable (desde el 55, en adelante, su hábitat más frecuente era la cárcel) implantado en la zona oeste de Buenos Aires, alrededor de ese bastión peronista que era la Matanza. Era también un orador excepcional y un hombre que irradiaba capacidad natural de mando, seguridad ideológica, una convicción peronista que había mamado desde la primera infancia. También intransigencia y pureza de principios. Aquellos líderes de la resistencia estaban forjados en un irreductible desprecio a los logreros y trepadores que pululaban en ese inmenso ejército variopinto e inabarcable que era el peronismo. Perón para ellos, era intocable. De Perón abajo, todos eran iguales, tal su credo”. (38)

La intransigencia sostenida por la juventud iba de la mano con la posición que mantenía Perón en el exilio y Cooke desde la cárcel. El líder del peronismo le envió una carta a Leloir el 10 de marzo de 1957, donde desautorizaba expresamente el accionar de la dirigencia que se encontraba a la cabeza del partido en el momento del golpe. Perón le señaló a Leloir, máximo dirigente del partido en el país, que Cooke había sido el único dirigente que a través de emisarios se había comunicado con él, mientras que la cúpula del partido titubeaba, se desbandaba o lo que era peor había entrado en tratativas con los dueños del poder.

Perón le transmitía a Leloir: “El doctor Cooke fue el único dirigente que se conectó a mí y el único que tomó abiertamente una posición de intransigencia, como creo que corresponde al momento que vive nuestro Movimiento. Fue también el único dirigente que mantuvo permanente enlace conmigo y que, a pesar de sus desplazamientos de una cárcel a otra, pudo llegar siempre a mí con sus informaciones y yo a él con mis directivas”.

De esta forma, Perón reconocía el nuevo liderazgo de aquellos, que como Cooke, habían optado por la lucha, en vez de la conciliación, y aprovechaba para marcarle a Leloir, y con él a toda la vieja dirigencia, que el camino debía ser el de resistir, a lo cual se negaban algunos de los viejos dirigentes.

Mientras tanto los diarios continuaban informando, aunque parcialmente, sobre las acciones de sabotaje implementadas por los comandos de la resistencia. Cuando en febrero de 1957 se desarrolló un paro ferroviario, una bomba estalló en un depósito de locomotoras de la estación Boulogne del ferrocarril Belgrano. El 12 de febrero por la noche, estallaba otra bomba en un puente del ferrocarril Roca a unos 150 metros de la estación Villa Domínico. El artefacto explosivo incendió un caño conductor de nafta que cubría el trayecto desde la destilería de Y. P. F. de La Plata hasta el Dock Sud.

En este clima político, distintas entidades solicitaron al gobierno la libertad de los detenidos a disposición del Poder Ejecutivo bajo las condiciones del Estado de Sitio. Tal el caso de la Comisión Pro Libertad y Justicia Gremial, a esto el Ministerio del Interior respondió: “El gobierno de la Revolución respetuoso de los derechos del hombre y del orden jurídico, no mantiene detenciones por razones de ideología política. Solamente ante actos, fehacientemente probados de subversión institucional, sabotaje o daño, que compromete seriamente la paz social y destruyen el patrimonio colectivo, se ha visto en la ineludible necesidad de ejercitar las facultades que confiere al Poder Ejecutivo el art. 23 de la Constitución Nacional. En virtud de ello, en este momento existen quinientas veinte personas detenidas en todo el territorio del país, cuyas situaciones se encuentran en estudio”. (39)

Cabe recordar que la realización de un paro ubicaba a los trabajadores en condición de ‘subversivos’, de acuerdo al léxico de los ‘libertadores’. Por esa razón era que la mayoría de los detenidos eran sindicalistas que como en el caso del delegado del Frigorífico Municipal, Sebastián Borro, estaba a disposición del Poder Ejecutivo.

El presidente seguía recorriendo el país lanzando sus habituales amenazas contra el peronismo. Desde Comodoro Rivadavia alertaba “La perturbación social, el quebranto económico y el descreimiento, son males que se prolongan como herencia de la tiranía. El gobierno de la Revolución habrá de desterrar estos males definitivamente con su ejemplo, pero también con su acción, donde la tolerancia jugará un papel mientras no sea necesaria la fuerza”. (40)

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(34) La Prensa 13/1/57.
(35) Baschetti, Roberto: ob. cit., pag. 58.
(36) Anzorena, Oscar: ob. cit., pag 22 a 28.
(37) Anzorena, Oscar: ob. cit., pag. 62 y 63.
(38) Abós, Alvaro: El posperonismo, Editorial Legasa, 1986, pag. 32.
(39) La Prensa 14/2/57.
(40) La Prensa 20/2/57.

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