El Forjista

Juan Domingo Perón

Capítulo 57 - López Rega

Luego de su visita a la Argentina para hacer frente a la rebelión liderada por Vandor contra la conducción peronista, Isabel regresó a Madrid con un acompañante llamado José López Rega.

Este extraño personaje había sido obrero y luego había ingresado a la policía, también tenía afición por el canto, entonando boleros en los salones bailables. Desde muy joven había mostrado especial interés por todo aquello vinculado con el esoterismo, lo que lo llevó a leer abundamente bibliografía sobre espiritismo y ocultismo, concurriendo con asiduidad a la Escuela Científica Basilio, institución donde se practica el espiritismo.

En 1943 se casó con Josefina Maceda, el matrimonio tuvo una hija a la que bautizaron Beatriz, con el surgimiento del peronismo López Rega se siente atraído por ese movimiento y su líder.

En 1950 como subificial de la policía es destinado a la Comisaría 23 de la Ciudad de Buenos Aires que tenía jurisdicción sobre el Palacio Unzué que era la residencia presidencial, lo que le permitió ser custodio de Perón en aquellas primeras presidencias, sin embargo, esta es una historia contaba por el protagonista sobre la cual no existe certeza ni testigos, no obstante, esto le sirvió de excusa para acercarse a la esposa de Perón en Buenos Aires.

Sus vinculaciones con el peronismo fueron con aquellos sectores más reaccionarios, como la Alianza Libertadora Nacionalista, se retira de la policía en 1962 con el grado de sargento.

Escribe varios libros sobre astrología y llega a ser administrador de una editorial que publicaba sus libros, como esta empresa le imprimía documentación a sectores peronistas llega a tomar contacto con el jurista Julio Cesar Urien, quien en ese momento conducía una logia que se llamaba ANAEL, el vínculo permitió que López Rega se integrara a ese grupo.

Bernardo Alberte que fue delegado de Perón también concurría a las reuniones de esa agrupación lo que le permitió a López Rega conocer a Isabel con quién estableció un vínculo de simpatía a raíz que la esposa de Perón también manifestaba interés por el esoterismo.

Mientras Isabel encabezaba la disputa contra el sector de Vandor en el país, López Rega se pone a su servicio resolviéndole cualquier problema que se le pudiera presentar, ganándose de esa manera su confianza en muy corto tiempo, realizaba tareas tal como llevarle el equipaje o vinculadas con la seguridad de Isabel.

López convence a Isabel que sus servicios le pueden ser de utilidad ya sea a ella como a su esposo y se ofrece para regresar con ella a Madrid, paralelamente le escribe una carta a Perón poniéndose a su disposición.

Sin demasiado entusiasmo Perón acepta contratarlo y el recién llegado se instala en una pensión cercana a la casa, conocida como Puerta de Hierro o quinta 17 de octubre, en un terreno que había comprado en 1964 y cuya construcción demandó seis meses.

Las primeras actividades que desarrolló López Rega nada tenían que ver con la política, era valet y mandadero, siempre dispuesto a cumplimentar cualquier deseo de Perón y su esposa.

Galasso señala que el comportamiento de López Rega y su interés por mantenerse en las cercanías del líder argentino lo muestran con una conducta propia de alguien vinculado a servicios de inteligencia, más adelante veremos cuál sería el servicio en cuestión.

A mediados de 1967 López Rega fue echado de la Quinta 17 de octubre, sobre las razones de esta expulsión existen varias versiones, pero en todas está presente el abuso de confianza, es decir utilizar el prestigio de Perón para obtener algún tipo de beneficio propio, mediante la venta de algún producto o con un préstamo que quedó debiendo. 

En 1969 López Rega retorna a la Quinta 17 de octubre a cumplir con las tareas que le ordenaran Perón o su esposa, después de haber sido echado por Perón había estado colaborando con el cantor de tangos Carlos Acuña, en reiteradas oportunidades tanto él como Isabel le reclamaron a Perón que lo perdonara a López Rega y le permitiera volver a ponerse a su servicio.

Ni bien llegó al entorno de Perón, López Rega intentó desplazar a Jorge Antonio tal vez el hombre en que Perón más confiaba y que lo había ayudado en sus difíciles años de exilio. Según contó Jorge Antonio, López Rega le propuso una alianza para que entre ambos ejercieran un control de Perón, evitando que recibiera a determinadas personas, pero este se negó a proceder de esa manera y por eso intentó alejar a Jorge Antonio del entorno del líder.

Según Jorge Antonio, Perón detestaba a López Rega, pero le resultaba útil, varios de sus visitantes en el exilio testimoniaron que Perón lo maltrataba reiteradamente en público.

Perón les ha contado a varios de sus visitantes la siguiente versión sobre López Rega: “Yo lo mantengo aquí porque al conocer su función, me cuido y lo neutralizo. Si lo echara, la CIA me metería algún otro agente cerca y tendría que empezar a descubrirlo para poder prevenirme”. (1)

Raimundo Ongaro fue también alguien que sostenía la idea que López Rega trabajaba para la CIA, contó haber recibido una cinta en uno de sus viajes a España grabada en Suiza donde supuestamente un testigo señalaba esa vinculación con la CIA, esa cinta se la entregó a Pablo Vicente para que se la traspasara a Perón, pero éste como no encontró a Perón se la dio a Isabel por lo que supuso que nunca llegó a su poder.

Alcira Argumedo una vez de visita en la quinta de Madrid cuenta que Perón lo mandó a López Rega a realizar una tarea y que luego la invitó a hablar en el jardín de tal forma que su conversación no pudiera ser escuchada por micrófonos instalados en su casa.

Estando en Madrid López Rega entabló relaciones cordiales con el embajador de los Estados Unidos en España Robert Hill, quién había participado en Guatemala del derrocamiento de Jacobo Arbenz y formaba parte de los servicios de inteligencia, luego Hill será designado embajador en la Argentina.

La embajada norteamericana pone en contacto a López Rega con el coronel Máximo Cepeda que había conformado grupos paramilitares en Guatemala y que trabajaba para la CIA, la misión de esos grupos era la de asesinar a militantes considerados peligrosos por las autoridades.

Según Miguel Bonasso, López Rega se vinculó a la CIA en España obsesionado con la supuesta infiltración marxista en el peronismo, también estableció contactos con distintos grupos de organizaciones de ultraderecha de Europa, de esos contactos deviene la relación con la logia Propaganda Due comandada por Licio Gelli, que tenía una tendencia anticomunista y mantenía vinculaciones con organizaciones fascistas.

Una semana después de asumir la tercera presidencia Perón le envía una carta a Jorge Antonio el 19 de octubre de 1973 donde le expresa los inconvenientes que le causa López Rega, uno de esos problemas es con Licio Gelli que se encontraba en el país en la búsqueda de negocios, López Rega intercedió a su favor y consigue que el canciller Alberto Vignes lo condecore con la Orden del Libertador General San Martín, Perón accede pero no le presta demasiada atención al asunto, la logia Propaganda Due pretendía manejar parte del comercio exterior del país requerimiento al que el presidente no accedió, esa respuesta no fue del agrado de la Logia que quedaron malquistado con Perón, cuando el cadáver de Perón fue profanado y le cortaron las manos, varias fuentes recordaron este incidente.

Se hemos contado esta historia es porque este nefasto personaje organizará el grupo más siniestro enquistado en el peronismo que se dio en llamar la Alianza Anticomunista Argentina, más conocida como la triple A, organización parapolicial que se encargó de asesinar a militantes populares, si bien su actividad se comenzó a desplegar con toda su ola de terror después de la muerte de Perón, sus primeras acciones comenzaron poco antes de su fallecimiento, con el asesinato del Padre Carlos Mugica.

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(1) Norberto Galasso, Perón. Exilio , resistencia, retorno y muerte. Tomo II Colihue 2011 Pag. 1046

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