El Forjista

Juan Domingo Perón

Capítulo 47 - La Resistencia Peronista

El 2 de diciembre de 1955 Perón emite las “Directivas Generales para todos los peronistas”, decía en el documento: “el justicialismo es una revolución social…pero hemos cometido el error de creer que una revolución social podría realizarse incruentamente. La reacción nos ha demostrado que estábamos equivocados y hemos pagado un caro precio por nuestro humanitarismo…Por eso debemos prepararnos espiritualmente para una revolución social de proporciones definitivas, destinada a realizar sus objetivos con el desarme de la reacción y su extinción absoluta… a nosotros ya no nos interesan las elecciones sino como un medio más para el logro de nuestros objetivos. Debemos estar decididos y prepararnos minuciosamente para una nueva acción: la revolución social. Será a corto plazo si todos se unen detrás de la bandera justicialista y cumplen con el deber de la hora. Si no, será a largo plazo. Pero de todas maneras será…Para ello se impone luchar contra la dictadura mediante la resistencia pasiva hasta que se debilite y nuestras fuerzas puedan tomar el poder…Es necesario mantener en toda vigencia la resistencia pasiva, organizar nuestras fuerzas, planificar y preparar la revolución social”.(1)

Finalizaba diciendo: “Es necesario no dar tregua a la tiranía, el trabajo a desgano, el bajo rendimiento, el sabotaje, la huelga, el paro, el desorden, la lucha activa por todos los medios y en todo lugar, deben ser la regla. Sin esta preparación, la revolución social no será posible a corto plazo, porque la tiranía sólo caerá por este medio…Siendo la finalidad básica la revolución social, todos los demás objetivos deben subordinarse a esa finalidad…Es necesario que cada hombre tenga su misión personal en la tarea común de aplastar y destruir definitivamente a la reacción por todos los medios”.(2)

En la Argentina se conformó el Comando Nacional Peronista a cargo de John William Cooke y César Marcos, como Cooke fue encarcelado, la conducción quedó a cargo de Marcos y Raúl Lagomarsino, la mayoría de la dirigencia peronista y sindical se encontraba detenida o exiliada.

El peronismo comenzó la resistencia pasiva que recomendaba Perón en las directivas del 2 de diciembre, consistía en actos relámpagos en lugares concurridos y acciones de sabotaje, más tarde comenzarán a colocarse los llamados “caños” que eran bombas caseras ubicadas en lugares especialmente designados, la intencionalidad de estos aparatos era la de provocar caos y zozobra, pero nunca el objetivo fue atentar contra la vida del alguien.

Esta resistencia estaba conformada por grupos que en general no tenían conexiones entre sí y que intentaban saltear la dura vigilancia que existía sobre las personas sospechosas de pertenecer al peronismo.

Galasso repasa el testimonio de varios de los protagonistas de aquellas horas sumamente difíciles, Darío Alessandro explicaba: “No había resistencia organizada. Viví bastante esos sucesos y conocí la improvisación. No había nada orgánico…Se trataba de grupos autónomos y cada uno hacía las cosas por su cuenta… Cooke pasó inmediatamente a la resistencia. Fue él quien alentó, en mayor medida, todos los sectores. Había, al mismo tiempo, diversos hechos de resistencia y cada uno creía que todo giraba alrededor de él. Pero no había nada organizado. Existía el Comando Nacional creado por Cooke y nadie puede negar su voluntad de lucha y espíritu de esos compañeros, pero creo que, a veces, se sobredimensiona su importancia en cuanto a su función de núcleo realmente centralizador”. (3)

Mientras que César Marcos explicaba: “Comenzamos a escribir en las paredes y a llenar los mingitorios con grafitis. Claro que no éramos ni Lugones, ni Borges, pero creamos un logotipo tan fascinante y poderoso como el perfil del pez de los primitivos cristianos. Así fue el “Perón vuelve”. La dictadura se había propuesto barrernos totalmente de la historia y la geografía. Nosotros enfatizamos la propaganda callejera, mural y escrita…Incansablemente borroneábamos paredes. Después pasamos al mimeógrafo, a los volantes, a los panfletos, a los pequeños pasquines. La dictadura, naturalmente, tenía todos los medios masivos de opinión…” (4)

Las paredes madrugan con las letras que se van conviritendo en familiares la V y la P arriba que servía para un doble significado ¡Viva Perón! y ¡Perón Vuelve!

Se comienza a conformar grupos inorgánicos de la juventud peronista que organiza actos en el centro donde cantaban la Marcha Peronista y que podía concluir intercambiando golpes de puños con algún gorila que profiere algún insulto contra el líder exiliado.

El precio que se pagaba por ese coraje a toda prueba era muy alto, las detenciones podían contarse por miles, la mayoría de ellos recibía el tratamiento aplicado por la policía y los servicios de inteligencia que ahora sí, aplicaban la tortura sistemática, ante el silencio cómplice de los partidos “democráticos” y los historiadores radicales.

El 10 de abril de 1957 Perón le envía una carta al dirigente Alejandro Leloir donde le señala: “En los primero días del año 1956, perdidos todos los contactos con los dirigentes de la Patria, mientras estaba exiliado en Panamá, establecí conexiones y enlace con el doctor John W. Cooke, quién, desde la cárcel, me comunicaba que en vista de la disolución del Partido Peronista, él había constituído el Comando Peronista en la Capital para enfrentar la lucha a que nos llevaba la canalla dictatorial. Desde ese día, no hemos perdido el mencionado contacto. Fue por su intermedio que pude vivir la situación y hacer llegar mi palabra a los compañeros de todo el país… El doctor Cooke fue el único dirigente que se conectó a mí y el único que tomó abiertamente una posición de absoluta intransigencia, como creo que corresponde al momento que vive nuestro Movimiento. Fue también el único dirigente que sin pérdida de tiempo constituyó un comando de lucha en la Capital, que confió a Lagomarsino y Marcos, mientras él estuviera en la cárcel. Fue también el único dirigente que mantuvo permanente enlace conmigo y que, a pesar de sus desplazamientos de una cárcel a otra, pudo llegar siempre a mí con sus informaciones y yo a él, con mis directivas”. (5)

Leloir coincidía con Jauretche en el sentido que era necesario replegarse consolidar la unidad del movimiento y no arriesgarse en acciones que tan caro le estaban costando al peronismo con tantos militantes y dirigentes confinados en prisión, algunos de ellos en la terrorífica prisión de Ushuaia que había sido reabierta por Aramburu para enviar a sus enemigos políticos.

En febrero de 1956 se publica el libro de Perón “Del poder al exilio” con artículos aparecidos en Italia, Venezuela y España, a los pocos días aparece en Chile “La fuerza es el derecho de las bestias” donde se dedica a defender su gestión y la compara con los magros resultados obtenidos por Aramburu. Ni bien concluye con este libro comenzó a trabajar en otro que iba a titular “Los Vendepatrias”.

Ante las múltiples calumnias que le inventan propiedades y una fortuna de la que carece aclara que su patrimonio, ahora confiscado por la dictadura, constaba de la quinta de San Vicente comprada en 1944 y que concluyó de pagar en 1950, la casa de Teodoro García heredada de Eva, una casa en Biarritz que el empresario Dodero legó a Eva y que se permutó en un acuerdo con los herederos del empresario.

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(1) Norberto Galasso, Perón. Exilio , resistencia, retorno y muerte. Tomo II Colihue 2011 Pag. 794

(2) Idem pag. 796

(3) Idem pag. 796 y 797

(4) Idem pag. 797

(5) Idem pag. 799

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