El Forjista

Juan Domingo Perón

Capítulo 44 - El exilio

El embajador paraguayo Juan R. Chávez decide trasladar a Perón a su residencia y luego a la cañonera Paraguay de la Marina paraguaya amarrada en la dársena D del puerto de Buenos Aires, esta disposición era para resguardar la seguridad del ex presidente.

Todo esto ocurre cuando todavía el país no tenía presidente, el general Lonardi asumió el 23 de septiembre ante una multitud que llena la Plaza de Mayo, el nuevo presidente anuncia: “Sepan los hermanos trabajadores que comprometemos nuestro honor de soldados en la solemne promesa de que jamás consentiremos que sus derechos sean cercenados” también anunció que “la revolución no se hace en provecho de partidos, clases o tendencias, sino para restablecer el imperio del derecho” y dice su famosa frase “Ni vencedores, ni vencidos”. (1)

Esta declaración del presidente golpista provoca las primeras alarmas entre los sectores liberales que eran los más encendidos antiperonistas sedientos de revancha y dispuestos a desatar una implacable persecución contra la mayoría de la población representada en el peronismo.

La Marina bajo la dirección del Almirante Isaac Rojas estaba pergeñando distintos planes con la intención de asesinar a Perón, ante esa posibilidad la cañonera donde se encontraba refugiado Perón deja el puerto y se ubica a una distancia de 10 kilómetros de la costa. Otra cañonera la Humaitá llega desde Paraguay y se instala en las cercanías de la otra, dos torpederas argentinas se ubican a corta distancia de aquellas dos, esto provoca la posibilidad de un enfrentamiento.

Pasados doce días el gobierno de Lonardi autoriza el viaje de Perón hacia el Paraguay, el gobierno de este país decide enviar un hidroavión que ameriza en las proximidades de la cañonera, Perón es trasladado en lancha hasta el avión, al intentar subir la marea produce un movimiento que estuvo a punto de provocar que Perón cayera al agua, impide la caída el canciller del nuevo gobierno Mario Amadeo.

El 2 de octubre a las 13 horas despega el hidroavión, comandado por el piloto personal del presidente paraguayo Stroessner, luego de varias horas aterriza a unos 14 kilómetros de Asunción, desde ahí es trasladado al barrio Las Mercedes a una casa que pertenece al empresario argentino Ricardo Gayol que reside en Paraguay desde hacía varios años y que es amigo del ex presidente, que en su estadía recibe innumerables muestras de cariño de los paraguayos que siempre agradecerán la devolución de los trofeos de la Guerra del Paraguay, el 8 de octubre el día de su cumpleaños las verjas de las casa aparecen repletas de flores mientras algunos improvisados intérpretes le dedican su cantar.

En Buenos Aires se produce la primera e inmediata traición, el vicepresidente Alberto Tessaire, se reúne con Lonardi y posteriormente realiza declaraciones injuriosas contra Perón: “No tengo por qué guardar consideraciones para quien no las tuvo con nadie ni con el país, de cuyos destinos dispuso a su antojo…”. (2)

Una de las actividades que Perón se propone de inmediato es escribir un libro “La fuerza es el derecho de las bestias” con la finalidad de defender su gestión.

Concede su primer reportaje a la agencia United Press donde cuestiona duramente el golpe de Estado que lo desalojó y al nuevo gobierno, eso provoca una queja formal del gobierno argentino a su similar de Paraguay, a la semana el gobierno paraguayo dispone la internación del asilado en una granja en Villa Rica a 175 kilómetros de Asunción.

El líder exiliado andaba armado ante la posibilidad de un atentado, cuestión que parece confirmarse cuando la policía detiene a unos sospechosos que merodeaban por la quinta portando armas.

En la Argentina se desata una cacería de peronistas, todo el que haya apoyado al gobierno es culpable de algún supuesto delito, se conforman inconstitucionales tribunales para juzgar a los peronistas de los peores crímenes.

Rojas encabeza la persecución conformando la Comisión Nacional de Investigaciones que da a conocer el Libro Negro de la Segunda Tiranía, que intentaba mostrar que había existido una dictadura y que todos los que habían ocupado cargos ejecutivos, legislativos y judiciales eran responsables por haber permitido al dictador actuar sin límites. Se señalan los casos de tortura y se detalla los incendios del Jockey Club y los templos, pero se silencia las bombas de los terroristas antiperonistas y los asesinatos de los aviadores de la Marina.

Se constituye un Tribunal de Honor a Perón que en pocos días decide degradarlo “por falta gravísima, resultando incompatible con el honor de la institución armada que el causante ostente el título del grado y uso de uniforme, medida más grave que puede aconsejar el tribunal”. También se lo juzgó por relaciones con una menor de edad. Por supuesto Perón no puede defenderse ni se le designa quién lo haga. Todas las pruebas presentadas son de dudosa autenticidad incluyendo algunas cartas de la menor.

Para alimentar la envidia y el resentimiento de cierta clase media se realizan exposiciones de joyas y vestidos de Eva y de pertenencias de Perón. Se decía que Perón tenía dos mil pares de zapatos, a lo que el líder exiliado contestó con humor “Ni que fuera un ciempiés”.

Las revistas y los diarios publicaban supuestas cartas personales de Perón para regocijo de la pequeña burguesía hambrienta de chismes que satisfaciera su morbosidad.  

Perón le informa al canciller paraguayo que no quiere ser motivo de enfrentamiento entre los dos países por lo que decide trasladarse a otro país, parte del suelo paraguayo el 2 de noviembre.

Decide trasladarse a Nicaragua porque había recibido una invitación de Somoza, sin embargo en pleno vuelo y debido a dificultades internas que estaba padeciendo el dictador nicaragüense, se le avisa que debe dirigirse a otro destino, otros países como México y Cuba le habían avisado a último momento que no podía dirigirse hacia esos destinos.

El avión hace varias escalas, decide bajarse en Caracas donde permanece tres días y luego se dirige a Panamá adonde llega el 9 de noviembre, la presión norteamericana había conseguido que muchos países desistieran de recibirlo.

De la capital panameña se traslada a la ciudad de Colón donde se aloja en el Hotel Washington, lleva una vida muy ordenada continuando con la costumbre de levantarse a las 5:30, para dormir luego una siesta, se acostaba después de las 23 luego de escuchar algo de música, sus comidas eran livianas.

Por las mañanas trabajaba intensamente en el libro “La fuerza es el derecho de las bestias” que había comenzado a redactar en Paraguay.

En Panamá conoció a la que sería su tercera esposa María Estela Martínez, conocida como Isabel que era su nombre artístico ya que trabajaba de bailarina, cuando se conocieron ella tenía 24 años.

Su escasez de fondos lo obligó a dejar el hotel Washington y mudarse a un modesto departamento de la ciudad de Panamá donde se trasladó el 27 de febrero de 1956 para luego regresar a la ciudad de Colón para instalarse en una casa.

“El que se había robado todo”, “el que tenía cuentas en Suiza” según sus enemigos, apenas si podía darse una vida modesta, el historiador Page quién no muestra simpatías por Perón lo dice con claridad: “Nada de lo que Perón hizo mientras estuvo en Panamá sugiere que él podría haber tenido a su disposición una fortuna”. (3)

Según Page cuando Perón salió de la Argentina lo hizo con 70.000 dólares y además recibía mensualmente 500 dólares de una inversión, pero el ex presidente no se encontraba sólo en el exilio debía ocuparse también por quienes habían partido junto a él como Gilaberte que operaba como chofer del Opel sedan que se compró en Panamá.

Quienes lo visitaban se asombraban porque esperaban encontrarlo rodeado de lujos, como decía la prensa nacional e internacional, pero se encontraban un panorama muy distinto, el periodista Emilio Perina señaló que lo encontró en Panamá rodeado de una pobreza desoladora.

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(1) Norberto Galasso, Perón. Exilio , resistencia, retorno y muerte. Tomo II Colihue 2011 Pag. 776

(2) Idem. pag 778

(3) Joseph Page. Perón. Una biografía. Editorial Sudamericana. Edición en e-book pag. 458

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