El Forjista

Juan Domingo Perón

Capítulo 34 - La muerte de Eva

A medida que la salud se agravaba iba perdiendo peso, le recetaron se aplicara rayos, pero su espíritu indomable hizo que el 28 de marzo de 1952 concurriera al Congreso de Trabajadores Rurales, durante abril también efectuó algunas salidas desatendiendo las recomendaciones médicas que le imploraban que hiciera reposo.

El 1° de mayo concurre con apenas 38 kilos al acto del día del trabajador realizando uno de sus discursos más contundentes e irreconciliables con el enemigo oligárquico: “Yo le pido a Dios que no permita a esos insensatos levantar la mano contra Perón, porque ¡guay de ese día! Ese día, mi general, yo saldré con el pueblo trabajador, yo saldré con las mujeres del pueblo, con los descamisados de la Patria, para no dejar en pie ningún ladrillo que no sea peronista. Porque nosotros no nos vamos a dejar aplastar jamás por la bota oligárquica y traidora de los ‘vendepatria’ que han explotado a la clase trabajadora… jamás, por los que, vendidos por cuatro monedas, sirven a sus amos de las metrópolis extrajeras y entregan al pueblo de su Patria con la misma tranquilidad con que han vendido el país y sus conciencias… Antes de terminar, compañeros, quiero darles un mensaje: Que estén alertas. El enemigo acecha. No perdona jamás que un argentino, que un hombre de bien, el general Perón, esté trabajando por el bienestar de su pueblo y la grandeza de su Patria. Los ‘vendepatrias’ de adentro, que se venden por cuatro monedas, están también al acecho para dar el golpe en cualquier momento. Pero nosotros somos el pueblo y yo sé que estando el pueblo alerta somos invencibles porque somos la Patria misma”. (1)

Perón comenzó a acortar sus jornadas de trabajo, llegando a la residencia más temprano para pasar más tiempo con Eva, buscando que la charla la haga olvidar de los padecimientos de la enfermedad.

A pesar de la gravedad de su salud, nadie pudo convencer a Eva de no concurrir a la asunción de Perón para iniciar su segundo mandato.

Le dieron varias dosis de calmantes para que pudiera soportar la ceremonia, tenía un tapado de piel que cubría un dispositivo para que pudiera apoyarse y mantenerse erguida en el automóvil descubierto que condujo a Perón y su esposa del Congreso a la Casa Rosada.

Esa misma noche le deja una carta sobre la almohada de Perón donde le dice: “En este día jubiloso para los humildes, para el pueblo, para tus descamisados… he querido materializar en alguna forma toda mi gratitud de mujer humilde de tu pueblo, a la que quisiste con generosidad otrogarle el singular privilegio de compartir a tu lado tus luchas y tus sueños de patriota. Tu sabes que a ese privilegio respondí haciendo de mi vida una llama que ardió en una vigilia permanente… Evita no reservó para ella ni una sola gota de su vida. Toda fue para ti y por ti para tu pueblo… Había soñado que algún día – al igual que todos los hombres y mujeres buenos y sencillos- tuviéramos un hogar que fuera únicamente nuestro, para, en la intimidad de su calor, dedicarte solamente a ti todos mis minutos, rodeándote de todos mis cuidados y de todo mi amor de esposa y compañera…”. (2)

A fines de junio comienza a redactar el texto que se conoció con el título “Mi mensaje”, allí se expresará con el mismo vigor y firmeza que había mostrado en su discurso del 1° de mayo, Eva intuía que la oligarquía estaba preparando su zarpazo contra el pueblo y que muy posiblemente ella ya no estuviera para presentarles batallas, además preanunciaba el accionar de la jerarquía eclesiástica en la conspiración contra el gobierno.

Expresará en ese mensaje: “De mí no se dirá jamás que traicioné a mi pueblo, mareada por las alturas del poder y de la gloria. Eso lo saben todos los pobres y todos los ricos de mi tierra, por eso me quieren los descamisados y los otros me odian y me calumnian. Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle… La Patria es del pueblo, lo mismo que la religión. No soy antimilitarista ni anticlerical en el sentido en que quieren hacerme aparecer mis enemigos… Los pueblos deben cuidar que sus fuerzas militares no se conviertan en cadenas o instrumentos de su propia opresión. Nosotros, el pueblo, tenemos que ganar las altas jerarquías de las Fuerzas Armadas… Entre los hombres fríos de mi tiempo señalo a las jerarquías clericales cuya inmensa mayoría padece de una inconcebible indiferencia frente a la realidad sufriente de los pueblos… Yo no he visto por excepción entre los altos dignatarios del clero, generosidad y amor…como se merecía de ellos la doctrina de Cristo que inspiró la doctrina de Perón. No les reprocho haber combatido sordamente a Perón desde sus conciliábulos con la oligarquía… sino haber abandonado a los pobres, a los humildes, a los descamisados, a los enfermos y haber preferido, en cambio, la gloria y los honores de la oligarquía… Soy católica pero no comprendo que la religión de Cristo sea compatible con la oligarquía y el privilegio”.(3)

Y concluía su declaración: “Cuando todos sean trabajadores, cuando todos vivan del propio trabajo y no del trabajo ajeno, seremos todos más buenos, más hermanos, y la oligarquía será un recuerdo amargo y doloroso para la humanidad. Pero, mientras tanto, lo fundamental es que los hombres del pueblo, los de la clase que trabaja, no se entreguen a la raza oligarca de los explotadores, todo explotador es enemigo del pueblo. ¡La justicia exige que sea derrotado!”. (4)

El pueblo ya avizoraba el desenlace fatal viendo como su imagen desmejorada y que sus apariciones se reducían, pero en el otro extremo de la sociedad el odio oligárquico mostraba su cara más siniestra, cuando en una pared aparecía pintado el mensaje necrófilo ¡Viva el cáncer!

El 20 de julio la CGT organiza una misa al aire libre para pedir por la recuperación de Eva, días antes había entrado en coma, lo que indujo a pensar a sus allegados que moriría en ese momento, sin embargo, salió de ese estado, la misa congregó a una multitud estimada en un millón y medio de personas, Perón temía que Eva muriera esa misma noche, por eso hizo colocar un teléfono en que Perón en la residencia se contactaba con el padre Benítez, quién ofició la misa fue el padre Filippo.

El 22 de julio el gobierno emitió un comunicado indicando que el estado de salud de Eva era muy delicado, el 25 Eva lo llama a Perón a su habitación para hablar a solas con apenas un hilo de voz le expresó: “No abandones a los pobres, son los únicos que saben ser fieles”. (5)

El padre Benítez que estuvo presente en los últimos momentos de Eva comentó que poco antes de fallecer se abrazó con Perón y le dijo simplemente: “Gracias Juan”.

En la mañana del 26 de julio entró en coma, Benítez le da los sacramentos parmaneciendo a su lado, junto a doña Juana la madre de Eva, el presidente, las hermanas, Renzi, Cámpora y otros funcionarios.

A las 20:25 deja de existir, pocas horas después el médico español Pedro Ara comienza a trabajar en las tareas de embalsamamiento, que según Perón era el deseo de Eva.

Al día siguiente comienza el velatorio en el Ministerio de Trabajo, ni el frío ni la lluvia impiden a una multitud, muy pocas veces vista, formar una fila infinita para darle el adiós a quienes muchos consideraban su protectora, cuatro días después el país retoma su ritmo pero eso no impide que el pueblo siga convocándose a despedir a Eva, el velatorio se prolonga hasta el 10 de agosto, cuando el cuerpo es trasladado hasta el Congreso, según la historiadora Marisa Navarro, la marcha de la cureña que trasportaba el ataúd convocó a dos millones de personas.

Finalmente, el ataúd fue conducido hasta la CGT donde permanecería hasta la construcción de un monumento donde residiría permanentemente.

Mientras millones de personas la lloraron y en las casas se levantaron altares improvisados para rezar por su alma, las familias oligárquicas festejaron con champagne, Ignacio Palacios Videla comentó después del derrocamiento de Perón que al concurrir a la casa de unos parientes le dijeron: “Vamos a brindar porque se murió la yegua”. (6)

Evidentemente existe una obsesión con las yeguas por parte de la oligarquía y sus fieles servidores de clase media, evidenciando no sólo su odio por los gobiernos populares, sino su misoginia, si los irritan los líderes populares, mucho más se enfurecen cuando se trata de mujeres que suelen tener un coraje para enfrentar a los poderosos que muchas veces les falta a los hombres.

Ezequiel Martínez Estrada intelectual que en reiteradas oportunidades mostró su desprecio por las clases populares, dijo sobre Eva: “Ella era una sublimación de lo torpe, ruin, abyecto, informe, vengativo, ofídico; y el pueblo vio que encarnaba atributos de dioses infernales. Su resentimiento contra el género humano, propio de una actriz de terceros papeles, se conformó con descargarse contra un objeto concreto: la oligarquía y el público de los teatros céntricos”.(7)

Otro intelectual José Ignacio García Hamilton decía: “Evita no tenía mucha educación, seguramente nada más que escuela primaria. Yo diría que ella aparecía como una mujer resentida, mala, con la voz crispada. Ella tenía un aspecto de mujer bondadosa y sus discrusos políticos eran de mucha agresión contra el enemigo de la causa. En realidad, yo creo que Perón tenía lo mismo, nada más que lo actuaba de otra forma…". (8)

Quienes llaman resentida a Eva por haberse atrevido a enfrentar a los poderosos enceguecen de tal forma que no pueden percatarse de su propio resentimiento de clase que los empuja a oficiar de meros defensores de las clases privilegiadas.

Aquellos que escribieron sobre el peronismo con ánimo denigratorio no ocultaron en ningún momento su desprecio por Eva Perón, Félix Luna la acusó de vengativa e intolerante, ávida de poder y con un discurso político elemental y primitivo, mostrando su clara intencionalidad descalificatoria. En otra parte dice “Voceaba su fanatismo y su intolerancia como una virtud”. (9)

Todo el antiperonismo furioso de Félix Luna sale a relucir cuando se refiere a la figura de Eva Perón, parece que hay una ley que establece que el antiperonismo se incrementa exponencialmente cuando se trata de una mujer: “Tenía la aterradora seguridad del fanatismo y por eso nunca vaciló ni cargó con la infelicidad de la duda. De ahí su fuerza y su elemental inocencia, pero también su poder destructivo y su incapacidad para comprender nada que no le fuera propio. Hacía una profesión de amor por los desposeídos, a los niños, a los ancianos, a los enfermos, pero nadie esgrimió como ella el odio y la intolerancia como si fieran valores políticos permanentes. Fue un factor tremendamente negativo en la trabajosa construcción de la vida de los argentinos como pueblo, porque dio cauce y legitimó la irracionalidad que siempre yace en el fondo del alma colectiva. Fue sincera, es cierto, nunca especuló; pero si esto la justifica como persona, no la salva de haber contribuido como nadie a alimentar brutalmente las calderas de la división de la comunidad nacional”. (10)

Acusar a Eva de dividir a la sociedad porque cuestionaba el comportamiento de las clases privilegiadas es una indudable comprobación que quién eso afirma se coloca del bando de los poderosos, mientras que Eva siempre asumió su compromiso al lado de los oprimidos.

Muy rara vez estos sectores acusan a la oligarquía de ser responsable de la grieta, precisamente porque se convierten en custodios del orden establecido y demonizan a quien se atreva a modificar el sacrosanto dominio de la clase parasitaria, si algo puede decirse de Eva es justamente que ella se atrevió.

Por supuesto eran muchos más quienes amaban y admiraban a esa mujer que surgida de un hogar humilde nunca se olvidó de sus pares y siempre supo defender los intereses de los nadies, de los olvidados por los mercenarios de la política.

Galasso nos brinda dos testimonios más que importantes, uno de ellos, el de Fermín Chávez, historiador y militante popular, que conoció muy bien a Eva porque participaba de unas reuniones semanales de poetas peronistas a las que Eva concurría con sumo gusto.

Fermín Chávez expresó: “Quienes la conocimos en sus jornadas y trasnoches, socorriéndolo todo, allí en su despacho de Concejo Deliberante, y en las cenas de los viernes en el Hogar de la Empleada de avenida de Mayo, podemos dar testimonio de su autenticidad, de su afilada inteligencia natural, de su celo político para que nada lesionara al general y a ‘los muchachos’… Aquí no hay nada de imaginado o irreal. Tampoco es menester santificarla para obtener milagros porque estos se dieron en sus propias obras, durante más de cinco trajinados años, vividos en jornadas completas…Evita no era una paloma extraída de la galera, sino un producto ejemplar de la historia”. (11)

Mientras que el sindicalista del gremio gráfico Raimundo Ongaro supo interpretar cabalmente el significado transformador de Eva: “Corrió con el látigo a los mercaderes del templo y cada día alumbró una nueva obra que significó sonrisas a los niños, tranquilidad a los ancianos, avances para los trabajadores, felicidad para el pueblo. Vino a destruir a los acumuladores de riquezas y a construir una Argentina, una Latinoamérica, un mundo, donde los primeros valores son la solidaridad y el vivir como hermanos”.(12)

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(1) Norberto Galasso. Perón. Formación. Ascenso y Caída 1893 1955. Tomo I Colihue 2011 pag. 599

(2) Idem pag. 600

(3) Idem pag. 601 y 602

(4) Idem pag 602

(5) Idem pag 604

(6) Idem pag 605

(7) Idem pag 606

(8) Idem pag 607

(9) Félix Luna. Perón y su tiempo. Tomo I. La Argentina era una fiesta. Ed. Sudamericana 1984. Pag. 103

(10)Félix Luna.Perón y su tiempo Tomo II.La comunidad organizada 1950-1952 Ed. Sudamer. pag 270 y 271

(11) Norberto Galasso Tomo I pag. 607

(12) Idem pag. 608

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