El Forjista

Movió Cristina y fue jaque mate

 

El mayor fabricante de noticias falsas de nuestro país calificó a la expresidenta Cristina, por octubre de 2016, como una “pobre vieja enferma y sola” y remató diciendo que esperaba que la historia la juzgue “como la mierda que fue”, dicho acto cloacal que debería ser impropio de un medio de comunicación, pero no mereció demasiados repudios, precisamente porque encajaba perfectamente con una época signada por la persecución y la constante difamación de los opositores.

La escena de Lanata insultando a alguien que accedió a los cargos que ocupó producto de la voluntad popular, parecía una escenificación de los “dos minutos de odio” de la novela 1984 de George Orwell, precisamente el odio fue uno de los componentes principales del que se nutrió el macrismo y los mercenarios que fingen ser periodistas.

Pero además si hubo algo que nunca le ocurrió a Cristina desde que dejó su gobierno fue estar sola, desde su despedida en la plaza de Mayo ante una multitud agradecida que algunos estimaron en medio millón de personas, hasta su primera de las muchas presentaciones en Comodoro Py producto de la persecución de la mafia judicial que maneja el macrismo, hasta la aparición de su libro convertido en un boom editorial nunca visto en nuestro país, como las distintas presentaciones de Sinceramente que convocaron multitudes que no paran de ofrecerles muestras del cariño que sólo ella despierta en personas de todas las edades, una de las cuestiones que más llama la atención son esas miradas de amor de los más pequeños.

Los medios de comunicación de la oligarquía anunciaron en reiteradas oportunidades la defunción del kirchnerismo, cuestión que nunca era constatada en la realidad, porque reiteradamente las pocas encuestas serias señalaban que un tercio de los argentinos seguían siendo fieles a las ideas que encarnaron Néstor y Cristina, y que no les importaba en lo más mínimo lo que dijeran los mercenarios.

El denominado “núcleo duro” kirchnerista sólo creía en las obras que se habían realizado en esos 12 años en que la preocupación de los gobernantes se enfocó en los sectores más desprotegidos y por la defensa de la soberanía nacional hoy mancillada por acciones de servilismo hacia las grandes potencias.

Así fue como llegamos a estas elecciones de agosto de 2019 donde Cristina Fernández de Kirchner optó por correrse de la candidatura a presidente, señalando a Alberto Fernández como la persona adecuada para aspirar a ese cargo, y fue en ese momento, aunque sus rivales no se hayan dado cuenta, que el juego estaba definido.

Alberto Fernández consumó el jaque mate tejiendo las alianzas necesarias para llegar a ese 47% que posibilitó un contundente triunfo del pueblo argentino.

Analicemos algunas cuestiones que son consecuencia de los resultados de esta elección, la oligarquía que cuenta con los medios de comunicación, las fuerzas represivas y los servicios de inteligencia siempre se ve sorprendida por los triunfos del pueblo, como sus necesidades y reclamos nunca son tenidos en cuenta por esa parasitaria clase social, cuando los sectores populares actúan en beneficio propio, ellos se ven sorprendidos.

Es así que no esperaban una derrota tan catastrófica del macrismo, pero tampoco pudieron salir de su estupor aquél 17 de octubre de 1945, o en febrero de 1946 cuando Juan Domingo Perón ganó las elecciones, o con el Cordobazo de 1969 que hirió de muerte a la dictadura de Onganía o con la rebelión del 2001 que provocó la caída del gobierno de De la Rua.

Otro asunto del que debería aprender, especialmente el periodismo al servicio de los poderosos es que, una cosa es mentir y prometer cuando uno es oposición, cuya mayor exponente fue el debate presidencial del 2015 y la campaña realizada por Macri que prometió cuestiones que de ninguna manera estaba dispuesto a cumplir.

Otra muy distinta es mentir siendo gobierno y tratando de convencer a la población que está bien cuando el hambre, la pobreza y la desocupación golpea los hogares de millones de argentinos, aunque los medios nos quieran convencer que, se pueden alquilar juguetes, comer tierra o que es divertido revolver en la basura.

Si algo ha dejado estas elecciones al descubierto es el accionar de tremendos chantas sobre los que se había creado un halo de invencibilidad y genialidad, que con el manejo de las redes, la Big Data y las noticias falsas podían imponer cualquier candidato sin importar la realidad que debían padecer los sacrificados votantes.

Pero si hubo una hazaña que debe ser resaltada fue la campaña electoral realizada por Axel Kicillof, quien a los pocos días de la derrota del 2015 ya estaba convocando a los vecinos a los parques, creo que la primera juntada se realizó en el Parque Centenario de la Ciudad de Buenos Aires, para luego recorrer centenares de pueblos de la provincia de Buenos Aires para tomar contacto directo con las necesidades, reclamos y opiniones de un pueblo que cada día estaba siendo castigado por el macrismo y su expresión en al provincia que era la inmaculada María Eugenia Vidal, que todos los encuestadores, grandes chantas también, nos decían que era invencible.

Axel devolvió la política al lugar del que nunca debería haber salido, el trabajo constante y sincero, sin mentirle al pueblo y con un conocimiento acabado de la realidad que se pretende modificar. Contrariamente a lo que dicen los exponentes de la antipolítica, Kicillof nos mostró que la política no es un lugar para vagos y requiere de un sacrificio y una dedicación que en su caso fue ejemplar.

El triunfo de Alberto Fernández nos devuelve las esperanzas a los argentinos que en su inmensa mayoría venimos siendo castigados por un gobierno que ha tenido hasta rasgos de crueldad cuando atacó a los sectores más débiles como los jubilados o los discapacitados.

El pueblo volvió a triunfar, esperemos que esta vez los logros puedan ser irreversibles.