El Forjista

La agresión a Venezuela

Como antes lo fuera Cuba a lo largo de 60 años, ahora es Venezuela la que sufre los ataques del imperialismo estadounidense pero con la particularidad que tiene serviles gobernantes y funcionarios latinoamericanos dispuestos a realizar el trabajo sucio y antidemocrático de atacar a un presidente elegido por su pueblo como lo es Nicolás Maduro.

Resulta irrisorio que un país como Estados Unidos que tiene una alianza con países con una feroz dictadura patriarcal como Arabia Saudita y que ha ayudado a instalar criminales tiranías en nuestro continente apele a la inmensa hipocresía de señalar a Venezuela como un país donde no rige la democracia, precisamente porque aquellos esbirros pagados por el imperialismo no tienen posibilidades de ganar una elección.

Últimamente se ha producido un hecho por demás significativo, verdaderos ignorantes, destructores de la cultura y la educación en sus respectivos países y orgullosos de su propia brutalidad como Trump, Macri y Bolsonaro han llegado a la presidencia de sus países y desde allí pretenden imponer condiciones a pueblos que han elegido seguir su propio camino sin interferencias externas y que están haciendo todo lo posible para mejorar la vida de aquellos sectores más humildes.

Obviamente que Venezuela pasa por dificultades producto del boicot y los ataques constantes que padecen desde el imperio del norte y por serviles gobernantes dispuestos a realizar cualquier cosa para congraciarse con el amo del norte, pero también existen venezolanos, muchos de ellos empresarios acaparadores, dispuestos a incendiar su propio país con tal de combatir al chavismo a costa de la sangre de sus compatriotas, promoviendo una guerra civil que durante el año pasado cegó la vida de cientos de venezolanos, muchos de ellos militantes del oficialismo.

Ya en 2002 cuando Hugo Chávez gobernaba ese país, el imperialismo promovió un golpe con la participación de la prensa canalla, empresarios y algunos pocos militares, ese golpe falló por la movilización popular y por el compromiso democrático de la mayoría de las Fuerzas Armadas de Venezuela.

Fue precisamente Hugo Chávez el que puso de pie a América Latina siguiendo por la senda libertadora de San Martín y Bolívar, iniciando una serie de gobiernos progresistas, democráticos y populares que posibilitaron que llegaran al gobierno Evo Morales, Rafael Correa, Néstor Kirchner, Cristina Fernández, Lula, Dilma y el Pepe Mujica.

Precisamente por lo señalado antes es que las fuerzas retrógradas necesitan derrotar a Venezuela, porque su soberanía, resulta un pésimo ejemplo para el resto de Latinoamérica a la que quieren volver a poner de rodillas.

El denominado Grupo de Lima fue conformado por 14 países en el 2017 con la finalidad de buscar una salida pacífica al intento de los partidos de la oposición en Venezuela de derrocar por la fuerza al presidente Nicolás Maduro.

Hoy en ese grupo es un apéndice de la política exterior norteamericana de igual manera que la Organización de Estados Americanos (OEA) comandado por un cipayo uruguayo llamado Luis Almagro que acaba de ser expulsado del Frente Amplio por haber justificado que se aplicara la violencia para derrocar al presidente venezolano.

Precisamente por adoptar ese camino violento es que el nuevo presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador no ha dado su apoyo a la última resolución del Grupo de Lima que llamó a desconocer el nuevo mandato de Maduro, luego de obtener una contundente victoria avalada por veedores internacionales como los ex presidentes James Carter y Rodríguez Zapatero, entre otros.

La prensa canalla, vocera e integrante de la oligarquía argentina y por lo tanto aliada del gobierno de Trump, con Clarín y La Nación a la cabeza, festejaron la decisión del Grupo de Lima publicándola en tapa como la noticia más destacada mientras ocultaban la noticia más importante: una protesta contra los tarifazos de Mauricio Macri.

Muchos argentinos repiten como loros que estar como Venezuela sería un problema, pero nada dicen de las dificultades a que nos lleva el gobierno neoliberal de Mauricio Macri que está destruyendo la Argentina sin tener que padecer los ataques externos y el boicot interno constante que desde hace varios años sufre el pueblo venezolano y su gobierno.

Los argentinos que colocan a Venezuela como un mal ejemplo además tienen uno de los peores defectos de un ser humano que es ser desagradecido, porque fue ese generoso país cuando Chávez lo gobernaba, quién ayudó a la Argentina cuando padeció la debacle económica del 2001 y 2002, y los Estados Unidos, Europa y el FMI nos dieron la espalda y nos dejaron librados a nuestra propia suerte.

Aquellos que dicen que Argentina podía terminar como Venezuela, deberían hoy rectificarse y decir que si Maduro fuera derrocado, Venezuela puede tener la desgracia de terminar como la Argentina de Macri.

Ya son varios los medios en todo el mundo que presentan a la Argentina de Macri como un ejemplo de la destrucción que puede provocar y los padecimientos de un pueblo cuando se sigue el nefasto camino del neoliberalismo.

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