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El Forjista

Juana Azurduy, generala de Bolivia y Argentina

 

Capítulo 6 - Huallparrimachi

 

 

Juan Huallparrimachi fue hijo de madre india y padre español, quedó huérfano siendo niño, fue criado por indígenas y luego protegido por Manuel Ascencio Padilla que lo consideraba de la familia al igual que Juana, su confianza en él era tal que muchas veces lo dejaban encargado del cuidado de sus hijos.

Pero Huallparrimacri también fue un poeta que escribió en quechua y que luchó codo a codo con Juana y Padilla por la libertad de su patria.

El matrimonio se instaló junto a alguno de sus más leales combatientes en La Laguna un lugar de difícil acceso ubicada en las serranías entre Chuquisaca y Potosí, Huallparrimachi fue enviado a buscar a los hijos.

Hualparrimachi y Juana rescataron a Manuel Ascencio una vez que cayó preso cuando planeó una audaz represalia a un funcionario que cometía toda clase abusos contra los nativos que llegaba a confiscar las propiedades, las cosechas y los animales, además de cometer asesinatos y someter a los indígenas a torturas.

Padilla y otro caudillo, Jose Ignacio Zárate cayeron prisioneros de los godos luego de realizar la operación de represalia contra el funcionario, fueron estaqueados y torturados por sus captores, Huallparrimachi y Juana idearon la forma de rescatarlo antes que fueran asesinados, ambos crearon suficiente confusión con gritos disparos al aire para que los prisioneros pudieran escapar.

El matrimonio mantenía una excelente relación con los distintos grupos indígenas, uno de ellos el cacique Cumbay que dominaba en la selva de Santa Cruz de la Sierra y parte del este de Chuquisaca, era un admirador del general Belgrano con el que llegó a reunirse, éste le hizo grandes elogios de los Padilla, Cumbay ya conocía las hazañas de Juana y su esposo y los quiso conocer, en el encuentro ella le regaló un colorido poncho y Manuel Ascencio un arcabuz.

El gobierno de Buenos Aires envío cuatro expediciones al Alto Perú, la primera bajo las órdenes de Castelli y Balcarce, y las siguientes conducidas por Belgrano, Rondeau y Araoz de Lamadrid respectivamente, todos ellas generaban entre los patriotas altoperuanos grandes expectativas que prontamente se esfumaban con las sucesivas derrotas, cuando se retiraban los altoperuanos quedaban expuestos a las sangrientas represalias de los realistas.

Pero aún cuando, las condiciones empeoraban, Juana y su esposo no disminuían en su fervor por continuar la lucha patriótica.

Los métodos realistas eran particularmente despiadados, no ahorraban en actos para provocar terror en sus enemigos, pero cada tanto también apelaban al soborno.

Goyeneche lo intentó con Padilla en más de una oportunidad su respuesta fue: “Con mis armas haré que dejen el intento, convirtiéndolos en cenizas, que sobre la propuesta de dinero y otros intereses, sólo deben hacerse a los infames que pelean por su esclavitud no a los que defienden su dulce libertad como yo lo hago a sangre y fuego”

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