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El Forjista

Juana Azurduy, generala de Bolivia y Argentina

 

Capítulo 14 - Los puntos sobre las íes

 

 

El matrimonio regresó a Chuquisaca donde recibieron una carta de Rondeau que le informa de la derrota de Sipe-Sipe y los insta a seguir combatiendo en una muestra de desparpajo y soberbia de los porteños después de haberles impedido combatir.

Padilla le responde el 21 de diciembre de 1815 sin ocultar su descontento y pone de manifiesto el comportamiento de las tropas enviadas por Buenos Aires, otro capítulo ocultado por nuestra historia: “La infame conducta que con el mayor escándalo deshizo, rebajó y ofendió el virtuoso Regimiento de Chuquisaqueños que habían salido a morir por su patria, la prisión de los Coroneles Centeno y Cárdenas por haber hostilizado a Goyeneche y debilitado sus fuerzas para que él las batiera y premiar a hombres que habían desolado a millares de habitantes ( pero eran del Alto Perú), la pena impuesta a los Vallegrandinos por haber propuesto destruir a los enemigos para vengar sus agravios y los de la Patria. La prisión de mi persona por haber pedido se me designe un puesto para hostilizar a Pezuela con altoperuanos, que siempre sin sueldo, siempre a su costa, sin partidos y por solo la Patria, han sacrificado su vida y su fortuna, con otros millones de insultos que han sufrido en general todos los pueblos, desde el primer mandatario hasta el último cadete de Buenos Aires no han podido mudar el carácter honrado y sufrido de los altoperuanos, nosotros amamos de corazón nuestro suelo, y de corazón aborrecemos una dominación extranjera, queremos el bien de nuestra Nación, nuestra independencia y despreciamos el distintivo de empleos y mandos, olvidamos el oro y la plata sobre la que hemos nacido y donde ha sido nuestra cuna”

Y seguía mostrando su justificada indignación: “El gobierno de Buenos Aires manifestando una desconfianza rastrera ofendió la honra de estos habitantes, las máximas de una dominación opresiva como la de España han sido adoptadas con aumento de un desprecio insufrible, la prueba es impedir todo esfuerzo activo de los altoperuanos, que el ejército de Buenos Aires con el nombre de auxiliador para la Patria se posesiona de todos esos lugares a costa de la sangre de sus hijos, y hace desaparecer sus riquezas, niega sus obsequios y generosidad.”

Pero la valentía de los altoperuanos que se convertiría en un verdadero calvario no iba a decaer a pesar de esas reiteradas humillaciones: “¿Y ahora que el enemigo ventajoso inclina su espada sobre los que corren despavoridos y saqueando debemos salir nosotros sin armas a cubrir sus excesos y cobardía? Pero nosotros somos hermanos en el calvario y olvidados sean nuestros agravios abundaremos en virtudes”.

Diciendo las verdades que explican los reiterados fracasos de las expediciones porteñas, que sin embargo no impedían a los caudillos altoperuanos seguir combatiendo en batallas extremadamente desiguales: “Vaya U. S. seguro de que el enemigo no tendrá un solo momento de quietud. Todas las Provincias se moverán para hostilizarlo, y cuando a costa de hombres nos hagamos de armas, los destruiremos para que U.S. vuelva entre sus hermanos. Nosotros tenemos una disposición natural para olvidar las ofensas: quedan olvidadas y presentes. Recibiremos a U.S. con el mismo amor que antes, pero esta confesión fraternal, ingenua y reservada, sirva en lo sucesivo para mudar de costumbres, adoptar una política juiciosa, traer oficiales que no conozcan el robo, el orgullo y la cobardía”

Todas estas continuas humillaciones son la causa principal que Bolivia haya declarado su independencia en 1825 al mismo tiempo que lo hacía de España, también de Buenos Aires.

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