El Forjista

 

El imperio británico - Niall Ferguson

 

Hay una palabra que puede ser utilizada para definir este libro, de la misma manera que puede servir como mejor descripción de una de las características más visible del imperio inglés, esa palabra es hipocresía.
Los pueblos sometidos al criminal dominio de los nazis sabían perfectamente que se exponían a ser exterminados o sometidos a la esclavitud para servir a despreciables seres que creían en una supuesta superioridad racial.
Hitler y sus secuaces no ocultaban sus intenciones, decían sin pudor que querían imponer su sangriento dominio a los pueblos ocupados, tal vez este haya sido uno de los motivos que en la Segunda Guerra Mundial se hayan producido numerosos actos heroicos en la lucha contra el nazismo, como el Levantamiento del Gueto de Varsovia, la Batalla de Stalingrado, la Resistencia Francesa y muchos otros.           
El Imperio Inglés también explotaba salvajemente a los países que dominaba pero sus gobernantes proclamaban a los cuatro vientos que lo hacían en beneficio de los pueblos a los que sometían a la más abominable esclavitud.
Niall Ferguson no oculta su ideología imperial y colonialista pero intenta matizarla  al reconocer algunas de las satrapías cometidas por el nefasto imperio británico.
Sin embargo, guarda silencio sobre algunos de los peores atropellos efectuados por su nación, apenas si menciona al pasar las Guerras del Opio en las cuales Inglaterra introdujo a la fuerza el consumo de la droga que el Imperio producía en India.
También ignora todas las agresiones padecidas por nuestro país, Argentina es mencionada en tres oportunidades en una de ellas como “colonia de facto”, pero nada dice sobre las invasiones de 1806 y 1807, aquí también hay que señalar que los ingleses pierden la memoria rápidamente, cuando se trata de acciones en las que no resultaron victoriosos.
Tampoco hace mención a la agresión que efectuaron junto a Francia para imponer la “libre navegación” de nuestros ríos, en lo que se conoció como la gloriosa gesta de la Vuelta de Obligado y ni siquiera menciona la usurpación de Malvinas.
Ni siquiera se menciona el origen de la deuda externa argentina, el Banco Roschild financió y se benefició con el saqueo imperial británico, era el mayor banco, el segundo banco en importancia fue la Banca Baring que tiene una estrecha relación con la dependencia de la Argentina, el bochornoso empréstico de la Baring gestionado por el Ministro de Relaciones Exteriores en 1824, Bernardino Rivadavia, era de un millón de libras, se le devolvería con las rentas de la aduana, en concepto de comisión, intereses y servicios se pagó una exorbitancia, la cifra efectivamente recibida por el país fue de casi la mitad 560.000, aunque la deuda contraída era por un millón, este préstamo se terminó de cancelar en 1904, es decir ochenta años después, siendo el inicio de la deuda externa argentina y la instauracuión de un prócer como Rivadavia que estuvo al servicio del Imperio Inglés.
Pero no sólo sobre la Argentina guarda un silencio conveniente, también lo hace sobre la posición del gobierno inglés en la Guerra Civil Española, donde las erróneamente denominadas “potencias democráticas” dejaron actuar libremente a la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler a favor de los criminales militares liderados por Franco que derrotaron a las fuerzas de la república, el dato interesante que señala el autor, es sobre la complacencia británica con Hitler antes de invadir Polonia, no sólo fue por cobardía  como habitualmente se la presenta, sino porque muchos de los integrantes del gobierno veían con simpatía al canciller alemán.  
El libro comienza con una cita del profesor George Weong en 1909 que en gran parte define las intenciones del libro: “Gran Bretaña controla hoy los destinos de unos trescientos cincuenta millones de súbditos extranjeros, incapaces aún de gobernarse, y víctimas fáciles de la rapiña y la injusticia, a menos que un fuerte brazo los proteja. Ella les proporciona un régimen que, sin duda, tiene sus defectos, pero de una calidad que (me atrevo a afirmarlo) ninguna nación conquistadora nunca antes proporcionó a un pueblo subordinado”  
La idea central de Ferguson es reconocer que Inglaterra realizó actos condenables, pero si esos países hubiesen estado dominados por otros imperios, o aún peor, si se les hubiera dado por emprender el camino de la independencia para los cuales esos países no estaban preparados, su destino hubiese sido mucho peor.

 

Hitler y el Imperio Británico

Casi una prueba irrefutable de la condición siniestra de ese imperialismo era la admiración que Hitler tenía por la forma de ejercer el dominio sobre países y regiones a las que consideraba inferiores, el racismo fue una característica común a ambos imperios.
Lo que Hitler admiraba del Reino Unido era que habían “aprendido el arte de ser amos, y además de llevar las riendas tan suavemente, que los nativos no notaban el peso”, reiteradamente el líder alemán sustentaba que lo que su país debía hacer, era aprender del imperialismo británico, señalaba que: “La riqueza de Gran Bretaña es el resultado… de la explotación capitalista de trescientos cincuenta millones de esclavos indios”.
Para el führer alemán los indios y todos los pueblos sojuzgados por los británicos pertenecían a razas que consideraba inferiores y por ello merecían ser condenados a la esclavitud, como veremos había muchos ingleses que pensaban de manera similar.
El objetivo de Hitler era hacer con los rusos lo mismo que hicieron los ingleses con los indios.
También les advertía a los indios que no creyeran que si lograban sacudirse del dominio inglés y cayeran bajo el alemán su situación no mejoraría en lo absoluto, así lo decía: “Con toda la miseria en que viven hoy los habitantes de la India bajo el dominio británico no estarían mejor en verdad si los británicos se retiraran […] Si nos apoderamos de la India, los indios realmente no se sentirán entusiasmados y no tardarán en lamentarse por los buenos días del antiguo dominio inglés”.
El 28 de abril de 1939, Hitler pronunció un discurso en el Reichstag donde expuso que: “Durante toda mi actividad política siempre he expuesto la idea de una estrecha amistad y colaboración entre Alemania e Inglaterra […] Este deseo de amistad y cooperación anglogermana se adecua no solo a sentimientos que surgen de los orígenes raciales de nuestros dos pueblos, sino también al hecho de darme cuenta de la importancia para toda la humanidad de la existencia del imperio británico”
Un suceso, por lo demás extraño, ocurrido en la Segunda Guerra Mundial, se produjo cuando el jerarca nazi Rudolf Hess, se arrojó en paracaídas sobre Inglaterra para convencer al gobierno inglés de las buenas intenciones alemanas con respecto a Inglaterra.

 

El racismo inglés

En 1863, en Newcastle, el doctor James Hunt le dijo a su audiencia en una reunión de la British Association for the Advancement of Science que los “negros” eran una especie separada de seres humanos, a medio camino entre el mono y el “hombre europeo”. En opinión de Hunt, el “negro” se hacía “más humanizado cuando se mantenía en un estado de subordinación natural al europeo”, pero concluía con pesar que “la civilización europea no era adecuada para el carácter ni las necesidades del negro”.
Esa opinión de ninguna manera era una idea exclusiva de un sabio loco, por el contrario, eran opiniones como esta de la que se valían los políticos para justificar cualquier tipo de opresión contra la población nativa en  las naciones dominadas.
Con la obra de Charles Darwin distorsionada se encontró otro argumento supuestamente científico para explicar la división de las razas en jerarquías que ubicaban a los anglosajones al tope de la pirámide.
La obra de George Combe, autor de A System of Phrenology de 1825, era un manual de discriminación mostrando las diferencias entre las distintas razas: “Cuando contemplamos diversas partes del mundo nos sorprendemos por la gran diversidad en los resultados de las variedades de hombres que las habitan …La historia de África, hasta donde se puede decir que África tiene una historia… muestra un escenario de desolación moral e intelectual ininterrumpida […] El negro, fácilmente impresionable, es víctima de todas las pasiones en grado sumo […] Para el negro, evitar tan solo el dolor y el hambre, es naturalmente un estado de felicidad. Tan pronto como interrumpe sus tareas por un momento, se pone a cantar, coge un violín, baila”
El matemático Francis Galton, en su libro Hereditary Genius de 1869, fue el que promovió las ideas de que “las habilidades naturales de unos hombres provienen de la herencia genética”; que “de dos variedades de cualquier raza o animal que están igualmente dotadas en los demás aspectos, la variedad más inteligente es la que con seguridad prevalecerá en la lucha por la vida”; y que “en una escala de dieciséis puntos de inteligencia racial, un “negro” está dos grados por debajo de un inglés”
Karl Pearson, matemático formado en Cambridge, hizo un desarrollo de la teoría racista a la que llamó “biometría”, le preocupaba que las poblaciones de las colonias pudieran mejorar su situación porque significaba interferir con la selección natural permitieron que subsistieran individuos que estos racistas consideraban genéticamente inferiores, y “propagaran su ineptitud”.
Pearson, al que Ferguson llama matemático brillante y no matemático canalla dijo en 1912 «El derecho a vivir no comporta el derecho de todo hombre a reproducirse».
Para Pearson la vida era un combate continuo y la guerra en última instancia algo beneficioso porque eran una forma de selección natural: “El progreso nacional depende de la aptitud racial y la prueba suprema de esa aptitud es la guerra. Cuando la guerra cese, la humanidad ya no progresará pues no habrá nada que controle la fertilidad del individuo inferior».
De esa manera las ametralladoras Maxims se convertían en una útil herramienta de progreso, todas estas teorías podrían haber sido tranquilamente apoyadas por Adolfo Hitler

 

Orígenes piratas

Los ingleses comenzaron su dominio como saqueadores de las riquezas de otras potencias como Portugal, Holanda, Francia y particularmente España.
Robando fue como Drake hizo su gran fortuna en la década de 1570 en el Caribe y Hawking otro pirata inglés, atacó las Azores en 1581, cuatro años después Drake atacó Cartagena y Santo Domingo.
En diciembre de 1663 el galés Henry Morgan llegó al Caribe para atacar el pueblo español de Gran Granada con la idea de robarles el oro a los españoles y cualquier otro objeto de valor, en esa oportunidad encerraron a los habitantes y se dedicaron durante 16 horas a saquear el pueblo, luego de lo cual se fueron.
El autor colonialista de este libro debe reconocer que el imperio británico se formó con un “vendaval de latrocinio y violencia marítima”.   
El pirata Morgan realizó un raid de saqueo que en 1668 atacó Portobelo en Panamá, Puerto Príncipe en Cuba, la isla de Cuaracao y Maracaibo en la actual Venezuela, en 1670 capturó la isla de Providencia.
Ese mismo año la corona británica fortificó Port Royal en Jamaica, bajo la supervisión del mismísimo Morgan que pasó de pirata a funcionario, para ser nombrado Sir por la Corona y designado gobernador de Jamaica.
Contrariamente a los que se ve en algunas películas, estos piratas no eran apátridas dispuestos a atacar cualquier barco que se le cruzara sin importar su nacionalidad, era el gobierno inglés el que alentaba a estos bucaneros con quienes compartía el botín obtenido, la piratería constituyó una especie de guerra de guerrillas aplicada por el Imperio Inglés contra España.
El Imperio utilizó Jamaica como base de operaciones para las incursiones de sus piratas, mientras los españoles explotaban las minas de América Latina utilizando la mano de obra esclava, los ingleses se encargaban de robarles lo más que pudieran.
Cuando el diario Crónica o el canal de noticias del mismo nombre, utiliza el término “pirata” para referirse a los ingleses, no está exagerando de ninguna manera.

 

La ocupación de territorio

La segunda etapa de la colonización fue la comercialización de los productos que se desarrollaban en aquellos territorios que iba ocupando el imperio, algunas regiones eran obtenidas mediante la compra y las más mediante la usurpación.
Se comenzó a cultivar de manera intensiva productos que iban a ser consumidos en el Reino Unido y también en el resto de Europa, la caña de azúcar, el te, el café y el tabaco fueron productos que despertaban un vivo interés en Europa.
Fue recién en el siglo XVIII cuando el té se convirtió en un artículo de consumo masivo en Gran Bretaña, porque la producción permitió que bajara el precio siendo accesible para la gran mayoría de la población.
Otro territorio ocupado por Inglaterra como el Norte de América fue aprovechado para el cultivo del tabaco en la zona de Virginia y Maryland.
El incremento de acelerado de la producción en las colonias le permitió a Inglaterra exportar café y tabaco al resto de Europa, paralelamente los consumidores británicos comenzaron a utilizar los tejidos que se importaban desde India que también se hicieron accesibles para muchos británicos.

 

La privatización de la conquista

Los primeros que desarrollaron el comercio con Asia fueron los holandeses que se aseguraron el monopolio de una buena cantidad de productos, en septiembre de 1600 la reina británica autorizó a la Compañía de Mercaderes de Londres que ya comerciaba con las Indias Orientales un monopolio por 15 años.
Tanto en Holanda como en Gran Bretaña  la colonización se convirtió en un principio en un emprendimiento privado con el apoyo estatal.
Hacia 1660 se creó otra empresa, la Compañía de Tratantes Reales de África, con la intención de explotar las minas de ese continente y el infame comercio de seres humanos, en uno de los mas redituables y perversos negocios impulsados por la corona británica.
En 1670 quedó constituida la tercera empresa colonizadora con la autorización de la Corona se trataba de la Compañía de la Bahía de Hudson para el monopolio de pieles de Canadá.
Los intentos ingleses por penetrar comercialmente en Asia chocaban con el dominio holandés, entre 1652 y 1674 se sucedieron tres guerras entre Holanda e Inglaterra por el control del comercio entre Europa y las Indias Orientales, África y América del Norte.

 

Si no puedes derrotarlos, únete a ellos

Este conflicto promovió que Inglaterra comenzara su despliegue para convertirse en la dueña de los mares, llegando a duplicar la cantidad de barcos que poseían los holandeses.
Pero eso no fue suficiente, los holandeses continuaron imponiéndose, uno de los primeros resultados fue que casi todos los asentamientos británicos en África fueron destruidos.
En junio de 1867 la flota holandeses llegó a navegar el Támesis, ocupando la ciudad de  
Sheerness, destruyendo el puerto y barcos en Chatham y Rochester.
En otra guerra los holandeses expulsaron a los británicos de Surinam, en 1673 por un breve tiempo los ingleses fueron desalojados de Nueva York.
Ante las continuas derrotas, la nobleza y los comerciantes ingleses optaron por el golpe de estado para derrocar al rey Jacobo II, que sería el último soberano católico del Reino Unido, en un acto de traición invitaron al príncipe holandés Guillermo de Orange a invadir Inglaterra y derrocar al rey.
Guillermo se convirtió en virtual rey de Inglaterra y los comerciantes holandeses en los principales accionistas de la Compañía de Indias Orientales inglesa.
Esta fusión concretada en 1688, permitió a los comerciantes ingleses aprender el funcionamiento de las instituciones financieras, en que los holandeses ya eran expertos, la principal consecuencia fue la creación del Banco de Inglaterra en 1694 con la misión de gestionar préstamos al Estado y el manejo de la moneda nacional.
Esta alianza con Holanda posibilitó que los comerciantes ingleses actuaran con mayor libertad en los territorios sometidos al dominio europeo, por este acuerdo los holandeses se quedaron con Indonesia y el monopolio del comercio de especias, mientras los británicos accedieron al monopolio de los tejidos indios que con el tiempo resultó ser más redituable que el de las especias. En 1720 la compañía inglesa ya superaba en ventas a su hermana holandesa

 

La India

En 1661 los británicos le compraron a los portugueses, la ciudad de Bombay que formaba parte de la dote que recibió el rey Carlos II cuando se casó con Catalina de Braganza, por otra parte, en 1690 la compañía estableció un fuerte que luego de fusionarse con otras aldeas formarían la ciudad de Calcuta.
Los empleados de la Compañía en la India comenzaron a ver la posibilidad de tener algún ingreso adicional dedicándose al contrabando, uno de los mayores contrabandista se llamó Thomas Pitt que llegó a la India como empleado de la empresa a la que renunció para establecer contactos con los principales comerciantes indios a los que le compraba productos para enviarlos por su cuenta a Inglaterra.
Aún cuando las potencias europeas controlaban regiones de la India, el poder político estaba concentrada por el Gran Mogol que habitaba la ciudad de Dheli, gobernante musulmán, cuyos ancestros habían invadido la India desde Turquía en el siglo XVI.
Pero a mediados del siglo XVIII el Gran Mogol estaba perdiendo su influencia, en 1739 la ciudad de Dheli fue saqueada por los persas y desde 1747 la India sufrió varias invasiones desde Afganistán.
En tanto, en el oeste los marajás gobernaban sus regiones sin tener en cuenta a la administración central en Dheli, la India ingresaba en una situación de inestabilidad interna, situación aprovechada por los ingleses para dominar al país.
Los asentamientos europeos estaban fortificados, la Compañía de Indias Orientales conformó sus propios ejércitos con nativos comandados por oficiales ingleses y los aprovisionó de armas europeas.
Los ingleses se convirtieron en expertos en incentivar las disputas internas entre los gobernantes indios, una vez producido el enfrentamiento, procedían a sacar la conclusión que los indios no estaban en condiciones de gobernarse por sí mismos.
Un directivo de la Compañía de las Indias Orientales decía lo siguiente: “Puedo afirmar con algún grado de seguridad que este rico y floreciente reino puede ser totalmente sometido por una fuerza tan pequeña como de dos mil europeos […] [Los indios son] indolentes, ignorantes y cobardes más allá de lo imaginable […] Intentan hacerlo todo mediante la traición y no la fuerza […] ¿Qué puede permitirnos asegurar nuestras presentes adquisiciones o mejorarlas sino esa fuerza que no deja nada en poder de la traición o de la ingratitud.?”
El Gran Mogol terminó entregando a la Compañía de las Indias Orientales la administración de Bengala, Bihar y Orissa, traspaso que también incluía el cobro de impuestos.
El saqueo realizado por el Imperio Inglés fue notorio, tanto los individuos como la Compañía remitían sus ganancias a Inglaterra promoviendo una sangría constante de los recursos naturales.
El historiador iraní Gholam Hossein Khan que escribió una importante obra sobre la historia de la India, lo explicó de la siguiente manera: “Los ingleses tienen además la costumbre de venir durante cierto número de años, y después se van a visitar su país nativo, sin que ninguno de ellos muestre ninguna inclinación a asentarse en este país […] Y junto con esta costumbre tienen otra más, que cada uno de esos emigrantes considera como una obligación divina, es decir, sacar cuanto dinero puedan de este país, y llevarse inmensas sumas al reino de Inglaterra; de modo que no sorprende que estas dos costumbres juntas destruyan y arruinen este país para siempre, y sean un impedimento eterno para que alguna vez vuelva a florecer”.
Estas afirmaciones derrumban las posteriores argumentaciones del Ferguson en el sentido de la benignidad y la conveniencia del sometimiento de la India por parte del imperialismo inglés.
Pero este es un comportamiento común a todos los imperios, no existe, ni existió, ni va a existir, el dominio de una potencia que haya sido conveniente para los pueblos sometidos.
La Compañía de Indias Orientales llegó a controlar un ejército de 100.000 efectivos, según Ferguson estos gastos era sufragados por los contribuyentes británicos, mientras que los beneficiados eran unas doscientas mil familias, el autor no oculta que el mayor peso recayó en el pueblo indio que era expoliado por los impuestos, precisamente un incremento desmesurado de impuestos coincidió con una hambruna en la región de Bengala que produjo 5 millones de muertes, tragedia que no debemos olvidar cuando Ferguson trata de convencernos de las bondades del imperio.
Mientras los ingleses dominaron la India las hambrunas que mataban a millones eran comunes, en 1783 y 1784 mató a más del 20% de la población, se produjeron calamidades similares en 1791, 1801 y 1805  
El historiador ya mencionado Gholam Hossein Khan vuelve a aportar un interesante comentario sobre el proceder imperial: : “La reducción de la producción en cada distrito, sumada a las innumerables multitudes liquidadas por el hambre y la mortandad todavía siguen aumentando la despoblación del país […] Pues como los ingleses son ahora los amos y señores de este país, así como los únicos hombres ricos, ¿a quiénes pueden acudir estas pobres personas a ofrecer el producto de su arte, de modo que se beneficien de sus gastos? […] Numerosos artesanos […] no tienen otro recurso que mendigar o robar. Cientos, por tanto, han abandonado su hogar y patria, y cientos, al no querer dejar su lugar de residencia, han hecho pacto con el hambre y la angustia, y terminan sus vidas en un rincón de sus chozas”
Cuando la Argentina fue una semicolonia inglesa las consecuencias también fueron desastrosas. Las artesanías del interior fueron liquidadas por la importación de productos ingleses, pero para que eso fuera posible necesitaban imponerse a sangre y fuego, las políticas implementadas desde el puerto de Buenos Aires beneficiaba a un puñado de comerciantes y terratenientes por la importación de manufacturas y la exportación de la producción agrícola-ganadera.
Quienes se enriquecían saqueando la India no gastaban su dinero en productos indios sino que se limitaban a comprar aquellos importados de Inglaterra.
Con la hipocresía que caracterizaba al Imperio algunos gobernantes eran juzgados a su regreso a Inglaterra como responsables por las muertes por hambre de la población de las colonias, por ser cueles con la población nativa o por masacrar pueblos indefensos, pero generalmente era un acto montado que terminaba sin castigo para los responsables de estos horrores.
Este simulacro de acto de justicia para Ferguson era suficiente para desligar de la responsabilidad al gobierno y mostrar sus buenas intenciones.
En 1803, el Gran Mogol terminó aceptando el “protectorado” inglés, en 1815, 40 millones de indios estaban bajo dominio británico y poseían 43 colonias en cinco continentes. Ferguson explica cómo llegaron a esa situación: “Habían robado a los españoles, imitado a los holandeses, derrotado a los franceses y saqueado a los indios. Ahora tenían la supremacía”.

 

Irlanda

A principios del siglo XVII un grupo de colonizadores se dirigió hacia Irlanda con la idea de instalarse en esas tierras y civilizar a un pueblo al que consideraban “bárbaro”, las soberanas de la Casa Tudor, María e Isabel, autorizaron la colonización de Irlanda.
Lo ocurrido a partir de ahí puede calificarse, según el autor, de una limpieza étnica, confiscando las propiedades y persiguiendo a los rebeldes, la Corona ordenó que los nativos fueran erradicados, había también una cuestión religiosa en esta persecución, los católicos irlandeses no eran de confiar para quienes se habían convertido en la cabeza de la religión anglicana.
La ciudad amurallada de Berry renombrada como Londonberry una vez que cayó bajo el dominio inglés discriminaba a los católicos que no podía habitar en el interior de la ciudad, sólo los protestantes podían estar en la zona protegida por las murallas.
En 1707 quedó conformado el Reino Unido con la anexión de Escocia a la vez que continuaba incorporando ávidamente territorio a sus dominios, adquiriendo Gibraltar y Menorca, en una movida estratégica para controlar el ingreso al Mar Mediterráneo.
Irlanda, la primera de todas las colonias, fue discriminada respecto a las otras consideradas “colonias blancas” por su condición de católica. Los irlandeses reclaman un estatus similar al de los australianos y canadienses.
A los ojos de los ingleses los católicos eran considerados inferiores, había una minoría que quería ser gobernada desde Inglaterra como parte del reino Unido, pero la mayoría eran nacionalistas y quería ser libres del Imperio.
La Hermandad de los fenianos habían intentado un levantamiento de 1867 y en 1882 un grupo escindido de los fenianos asesinó al Secretario de Estado de Irlanda y a su subsecretario, a mediados de 1840 se produjo una hambruna, medio millón de personas murieron por hambre y enfermedades.
El lunes de Cuaresma de 1916, alrededor de mil nacionalistas liderados por el poeta Patrick Pearse y el socialista James Connolly marcharon a Dublín ocupando edificios públicos, en el edificio del Correos declararon la republica independiente, después de tres días de lucha, los rebeldes fueron atacados con la artillería inglesa provocando serios daños en el centro de la ciudad, los rebeldes se rindieron.
Mostrando su ideología colonial, Ferguson nos dice que estos luchadores por la libertad eran traidores porque utilizaron armas alemanas, la respuesta de los ingleses fue la habitual, brutal y sangrienta, los principales conspiradores fueron ejecutados, Connolly fue colocado en una silla porque no se podía sostener por sí mismo para ser fusilado.
Estos colonialistas nunca podrán entender a los pueblos que luchan por su independencia, para los irlandeses no había peor imperio que el que los sojuzgaba y ese era el Imperio Británico.
Los nacionalistas se nuclearon en torno el Sinn Fein y su brazo armado el Ejército Republicano Irlandés (IRA Irish republic Army), el salvaje dominio inglés estuvo plagado de masacres, en una de ellas, las fuerzas armadas inglesas dispararon contra la multitud durante un partido de futbol galés jugado en Dublin, suceso ocurrido el 21 de noviembre de 1920 conocido como el “Domingo Sangriento” donde murieron 14 personas y 65 heridos.
En 1921 las bajas inglesas en Irlanda llegaron a 1400 producto de la resistencia de los nacionalistas, se procedió a redactar un tratado de paz, el año anterior Irlanda había sido dividida, el norte protestante con seis condados, y el sur católico con 23 condados, el estado del sur dio sus primeros pasos hacia la independencia. 
La lucha heroica del indomable pueblo irlandés constituyó uno de los más formidables ejemplos de combate contra el colonialismo, por supuesto que la prensa imperialista siempre intentó presentarlos como simples “terroristas” cuando las masacres fueron consumadas por el salvaje accionar del imperio británico.  

 

América del Norte

En 1578 un caballero de nombre Gilbert obtuvo una licencia de la reina para colonizar las tierras de La Florida en América del Norte, nueve años después se instaló el primer asentamiento británico en la isla de Roanoke, que apenas duró un año porque fue abandonado luego de sostener algunos enfrentamientos con los nativos.
La segunda expedición a la misma isla fue en 1587 liderada por John White que regresó a Inglaterra en busca de provisiones dejando mujer e hijos, pero que al regresar no pudo encontrar rastros de ellos.
Luego se estableció otro asentamiento en Jamestown, Virginia, pero enfermedades como la fiebre amarilla y la malaria diezmaron a la mayoría de los colonizadores, sin embargo Jamestown sí pudo sobrevivir. 
La Compañía de Virginia ofreció un incentivo mediante la cesión de tierra de veinte hectáreas por persona a perpetuidad por un muy moderado alquiler.
Al comenzar el siglo XVII se descubrió que la tierra en Virginia era de gran fertilidad y apropiada para el cultivo de tabaco, producción que se fue incrementando de manera incesante.
En la colonización de de América del Norte jugo un papel relativamente importante la cuestión religiosa, los llamados “puritanos” que mantenían algunas discrepancias con la Iglesia Anglicana optaron por emigrar, primero lo hicieron hacia Holanda pero luego vieron en América del Norte una oportunidad para instalarse en la tierra prometida.
El hecho más conocido de la colonización del norte del continente fue cuando el 9 de noviembre de 1620 en el barco Mayflower un contingente de 149 personas partieron del puerto de Southampton, para llegar dos meses después a Cabo Cod, la mayoría eran puritanos pero no todos, algunos concurrieron atraídos por la cuestión económica y la propaganda de la Compañía de Virginia.
Una de las actividades principales de estos nuevos habitantes del continente estuvo relacionada con la pesca, llegando a exportar miles de barriles de bacalao.
En el libro se plantea una diferencia entre la colonización española y la británica, mientras la mayoría de los españoles llegaban a la América eran hombres solos, que mantuvieron relaciones con la población indígena y esclava, produciéndose un mestizaje, la migración británica promovió que viajaran la familia entera, una consecuencia de esto fue que el racismo inglés fue mucho más evidente que el de otras potencias.
Casi todos conocemos a Pocahontas por una película de Disney, que fue la hija de un cacique indio que fue la primera nativa que contrajo matrimonio con un inglés, John Rolfe,  que fue quién inició el cultivo del tabaco, pero fueron muy pocos sus compatriotas que siguieron su ejemplo de mestizaje.
Al llegar a América los colonizadores ingleses no ocultaron sus intenciones hacia los pueblos originarios, el gobernador de Virginia, Francis Wyatt, expresó: “Nuestra primera obra será expulsar a los salvajes para hacernos con todo el país para aumentar el ganado, cerdos, etcétera, que nos servirán mucho más, pues es infinitamente mejor no tener paganos entre nosotros”.
Para justificar el saqueo de los territorios ocupados por los indígenas, los colonizadores  aplicaron el hipócrita argumento de la tierra de nadie, el filósofo John Locke sostuvo la argumentación imperial que si la tierra no estaba cercada ni cultivada podía ser apropiada sin violar ninguna ley.
El primer gobernador de Massachusetts John Winthrop afirmó: “… los nativos de Nueva Inglaterra no cercan la tierra ni tienen ningún asiento fijo ni ganado doméstico que mejore la tierra y por tanto no tienen derecho natural a esos países, de modo qué si les dejamos lo suficiente para su uso, podemos legalmente tomar el resto, habiendo más que suficiente para ellos como para nosotros”.
Los colonialistas siempre podían encontrar los argumentos más desopilantes para justificar sus actos de expoliación.
Había circunstancias en que los invasores podían convivir con los nativos, siempre y cuando, su actividad económica fuera complementaria a la impuesta por los colonizadores, la Compañía de la Bahía de Hudson convivía con una tribu de cazadores y tramperos que le proveía de pieles de castores y otros animales.
Pero en aquellos casos en que los nativos no aceptaban mansamente perder territorio la respuesta mostraba el salvajismo de los invasores, Locke el filósofo imperial decía que debían “ser destruidos como un león o un tigre, una de esas bestias salvajes, con las que el hombre no puede convivir ni estar seguro”.
Lo que ocurrió en América del Norte antes había ocurrido en América central bajo dominio ingles, también ahí la población nativa había sido exterminada.
En 1500 en el territorio que en la actualidad ocupa Estados Unidos vivían dos millones de nativos, en 1700 llegaban a menos de la mitad y en 1820 apenas a 325.000.
Las matanzas fueron cuidadosamente planificadas haciendo desaparecer a numerosas tribus, pero además las enfermedades transmitidas por los británicos como la viruela, la influenza y la difteria también diezmaron  a la población.
En 1690 el gobernador de Carolina, John Archdale imaginó detectar el deseo divino en el sufrimiento de los nativos, cuando dijo “la mano de Dios se ha visto claramente en el debilitamiento de los indios, para hacer lugar a los ingleses”.

 

El Caribe

Hacia 1773 el mayor volumen del comercio estaba en el Caribe que exportaba hacia Gran Bretaña mucho más que América del Norte, la caña de azúcar era el producto más redituable y constituía el 20% de las importaciones británicas, el papel de América del Norte consistía en proveer a las Islas del Caribe.
Vinculado al cultivo de la azúcar estaba el infame comercio de la esclavitud, aquellas desgraciadas personas traídas desde el África eran quienes trabajaban en el cultivo del azúcar en jornadas interminables.
Según Ferguson entre 1662 y 1807 tres millones y medio de africanos llegaron a América en barcos ingleses. La Compañía Real Africana tenía el monopolio de comercio de esclavos, pero a fines del siglo XVII se eliminó ese monopolio permitiendo el tráfico privado de esclavos que permitió que varios mercaderes se enriquecieran a costa del sacrificio de hombres y mujeres secuestrados en África y trasladados a cualquier rincón del mundo.
Muchos de aquellos esclavos ni siquiera podían ver el Nuevo Mundo porque morían en el viaje, las condiciones de higiene en los barcos eran más que lamentables, el autor nos cuenta que incluso hubo mercaderes de esclavos con firmes convicciones cristianas lo que no impedía que esos esclavos fueran tratados de manera brutal, la explotación sexual era otra de las humillaciones a la que eran sometidas las mujeres africanas.
Pero hubo esclavos que se resistieron a los abusos y la explotación británica, Ferguson menciona que en Jamaica hubo reiteradas rebeliones contra los opresores blancos.
Así surgieron los que se los conoció como los cimarrones, término utilizado para los animales que se extendió a seres humanos, eran los esclavos que se escapaban del dominio esclavistas, para vivir en las montañas , uno de los líderes de estos era Cudjoe, y estaban inspirados en una de las primeras líderes de la rebelión, la reina Nanny, hoy heroína nacional de Jamaica que mantuvo una larga guerra de guerrillas contra las economía del monocultivo de la azúcar.
Los británicos siempre fueron hábiles en la maniobra de hacer luchar a los explotados entre sí, por eso llevaron a tribus de los indios misquitos desde Hondura para luchar contra los cimarrones, estos lanzaron un ataque contra las aldeas cimarronas pero sólo lograron dispersarlos en las montañas, para al poco tiempo volverse a reagrupar para seguir la lucha contra los invasores. También transportaron a Jamaica a tropas desde Gibraltar pero las mismas fueron diezmadas por las enfermedades.
El gobierno no tuvo alternativa que negociar con los rebeldes, en 1739 se firmó un tratado donde se reconocía la autonomía de los cimarrones en un área de 600 hectáreas, a cambio aceptaron no seguir liberando esclavos y devolver algunos esclavos a cambio de un rescate, pero esto no terminó con la resistencia de los esclavos.
En 1864 la situación de los jamaiquinos no había mejorado a pesar de que la esclavitud había sido abolida, porque el poder  y todas las instituciones fundamentales seguían en manos de la minoría blanca.
Las rebeliones siguieron a la orden del día a pesar de la crueldad de los hacendados para reprimirlas, los gobernantes explicaban la pobreza de la población de origen africano como producto de su propia incapacidad “la ociosidad, la falta de previsión y el vicio de esta gente”.
Los métodos represivos eran similares a los aplicados por los ingleses en otras partes del mundo, como en la India, penas de muerte, azotes, incendio de aldeas rebeldes, eran algunos de los métodos aplicados por la administración británica.
Los hacendados blancos aplaudían a las autoridades que recurrían a la crueldad, en Inglaterra se investigaba cuando entendían que las autoridades se habían “excedido” pero en general la investigación concluía sin sanciones.   

 

La independencia de los Estados Unidos

Uno de los hitos de la revolución norteamericana fue el denominado de motín del té en Boston el 16 de diciembre de 1773, ese día se lanzaron por la borda de un banco de la Compañía de la Indias Orientales, 342 cajas de té, como acto de protesta por el incremento del impuesto a este producto, Ferguson nos informa que esta rebelión fue organizada por contrabandistas de Boston que se resistían a sufrir pérdidas, el gobierno inglés intentó cerrar el puerto de Boston para escarmentar a los rebeldes e imponer un estricto control militar.
En 1774 en Filadelfia se realizó el primer congreso que agrupó a los sectores más rebeldes de las diversas asambleas de la colonia americana, se aprobaron resoluciones por la cual se negaban a pagar impuestos al gobierno británico, proponiéndose llegar hasta la resistencia armada de ser necesario.
Lo que pretendían estos americanos del Norte era ser tratados en un plano de igualdad a los súbditos britpánicos y cuyo parlamento tuviera las mismas atribuciones que el de Westminster.
El 19 de abril de 1775 en la plaza del pueblo de Lexington (Massachusetts) hubo intercambio de disparos entre las tropas inglesas y colones americanos armados, las tropas habían sido enviadas a confiscar un cargamento de armas que se dirigía a unas milicias que no eran confiables según las autoridades coloniales.
Es muy interesante la posición que asume Ferguson ante la independencia de los americanos del norte porque muestra su profunda incomprensión de la voluntad libertaria de los pueblos sometidos a la prepotencia colonialista, nos dice el autor que es un mito que los americanos llevaron a cabo un lucha por la libertad contra “el imperio del mal”.
Según el escritor imperial quienes se alzaron en esta revolución fueron los más pudientes y que los habitantes de América del Norte ese encontraban entre los más ricos del mundo, con un nivel de vida similar al de Inglaterra y con una redistribución más equitativa porque pagaban menos impuestos que en la metrópoli.
Luego del incidente de Lexington la rebelión se generalizó, el 4  de julio de 1776 en la sala de la asamblea de Pensilvania los representantes de las 13 colonias firmaron la Declaración de la Independencia.
Ferguson se permite una humorada sobre la independencia: “la versión de Hollywood sobre la guerra de la Independencia es una lucha directa entre patriotas heroicos y malvados «casacas rojas» estilo nazi. La realidad fue bastante distinta. En efecto se trató de una guerra civil que dividió a clases sociales e incluso a familias. La terrible brutalidad no afectó a las tropas regulares británicas, sino que fue perpetrada por los colonos rebeldes contra aquellos compatriotas suyos que siguieron siendo leales a la corona”.
La revolución de los Estados Unidos contó con la importante colaboración francesa, nación que participó aprovechando la situación para debilitar a su enemigo europeo.
En octubre de 1781 tuvo lugar la batalla decisiva en Yorktown, aquellos que siguieron leales a las Corona optaron por emigrar hacia Canadá.
Hubo una flagrante contradicción en la revolución norteamericana, en la que sí le damos la razón al autor, mientras en la declaración se menciona que los hombres fueron creados iguales, la misma no incluía a los esclavos e indígenas, había en esos momentos unos 400.000 esclavos, el mismísimo Thomas Jefferson uno de los padres de la revolución era dueño de 200 esclavos, la independencia la festejó libreando apenas a cinco de ellos.
La esclavitud continuó e incluso se incrementó, mientras que Inglaterra abolió tiempo después la esclavitud.
Ferguson nos dice que fue la Independencia la que pospuso la liberación de los esclavos, aunque algunos Estados del Norte comenzaron a liberar a los esclavos, pero la mayoría residía en el sur donde fue necesaria una Guerra Civil para la erradicación de tan deplorable comercio. 
El autor se esfuerza por mostrar los beneficios que le hubiesen reportado a los Estados Unido si hubieran seguido sometidos al Imperio Inglés, nos dice que el gobernador de Virginia ofreció en 1775 la libertad de los esclavos que se sumaran a la causa inglesa. Lo que habría que ver si los ingleses hubiesen cumplido con su promesa de haber triunfado en esa guerra, accediendo a la liberación de los esclavos sólo cuando se vieron perdidos.
Nos dice de una manera un tanto mentirosa que la independencia tampoco fue una buena noticia para los pueblos originarios, durante la guerra de los siete años con la finalidad que no se aliaran con los franceses se firmaron convenios con las distintas tribus, pero estos acuerdos no fueron respetados una vez llegada la paz, lo que provocó un levantamiento en 1763. Anteriormente mencionamos como los pueblos originarios fueron aniquilados por los ingleses. 

 

Australia

La ley británica establecía que los delincuentes que cometieran delitos menores podían se deportados por siete años, incluso aquellos condenados a pena de muerte en ciertos casos la condena podía ser condonada por una deportación de 14 años, el destino de estos condenados eran las colonias inglesas.
Tras la pérdida de las colonias americanas y cómo las cárceles estaban saturadas, debían buscar un nuevo destino para enviar a los presidiarios.
Pero también hubo otras razones estratégicas para que la Nueva Gales del Sur, actual Australia, fuera ocupada por el Imperio Inglés, la de evitar que otra potencia rival ocupara ese continente con escasa población.
El 13 de mayo de 1787 once barcos partieron de Portsmouth cargados de presidiarios, con 548 hombres y 188 mujeres llegaron a Australia luego de 8 meses de navegación.
Un cuarto de todos los transportados a Australia eran irlandeses condenados por su actividad política contraria al imperio inglés. Ferguson nos dice que Australia fue fundada como una nación de ladrones, aunque los irlandeses no eran ladrones sino nacionalistas rebeldes.
Una vez que terminaba la condena, los detenidos eran libres de vender su fuerza de trabajo, incluso antes de concluir su condena podían cultivar una parcela de tierra.
Un gobernador de apellido Macquarie se propuso reducir la dependencia de los productos importados desde la metrópoli por lo que fue estableciendo aldeas en tierras fértiles para el cultivo de granos y la cría de ganado ovino.
Macquarie también ofreció lotes de tierras para aquellas personas que habían concluido con su condena, a medida que la cantidad de liberados eran mayor que la de detenidos, la colonia se fue transformando. En 1828 ya eran más los hombres libres, algunos de los cuales pudieron amasar cierta fortuna.
Eran pocos los que regresaban a Gran Bretaña, la colonia comenzó a mostrarse próspera, pero lo que no mejoraba era la situación de las prisiones, siendo la estadía en esos lugares una verdadera tortura donde se aplicaban castigos físicos, algunas cárceles fueron ejemplos de sadismo y brutalidad.
El trato a los pueblos originarios también fueron un ejemplo del comportamiento brutal de los británicos que los expulsaron de sus tierras, la población local fue afectada por las enfermedades contagiadas por los europeos que los diezmaron.
El racismo británico siempre salía a relucir cada vez que tomaba contacto con algún pueblo originario, el gobernador Macquarie expresó su esperanza en sacar a los indígenas de su “estado de vagancia y desnudez” para transformarlos en apacibles agricultores.
En Nueva Zelanda la situación fue diferente los maoríes resistieron a los colonialistas, en Australia los pueblos originarios sólo pretendían mantener una vida nómade, con consecuencias nefastas para esos pueblos, porque si se negaban a ser “civilizados” a la fuerza, los invasores se consideraban con el derecho a exterminarlos en nombre de la civilización.
Reproduzcamos un párrafo que nos va a servir más adelante para rebatir al mismo Ferguson cuando intente defender al Imperio ingles: “En uno de los capítulos más atroces de la historia del imperio británico, se procedió a la búsqueda y captura de todos los aborígenes del territorio de Van Diemen para su confinación y posterior exterminio; a este hecho se le conoce hoy como «genocidio».”
Esta será otra de las atrocidades cometidas por los británicos por todo el mundo, pero a continuación el autor intenta disipar la responsabilidad de los colonialistas con una afirmación sin comprobación alguna: “Todo lo que se puede decir para mitigar esto es que si Australia hubiera sido una república independiente en el siglo XIX, como Estados Unidos, el genocidio habría ocurrido a escala continental, antes que limitarse solo a un episodio en Tasmania.”
Queda patente el intento del autor por edulcorar las masacres cometidas en el imperio inglés cuando dice: “De seguro que estos esfuerzos bien intencionados no impidieron atrocidades como la matanza de Myall Creek en 1838, en la que un grupo de doce ganaderos, todos ex presos excepto uno, mataron a puñaladas y a tiros a veintiocho aborígenes desarmados. Una larga guerra de baja intensidad había sido librada durante décadas entre aborígenes y agricultores a medida que la agricultura se expandía hacia el interior. La presencia de una autoridad moderadora, aunque fuera distante, era un riesgo distintivo de las colonias británicas frente a las repúblicas independientes de los colonos. No hubo tal influencia restrictiva cuando Estados Unidos se lanzó a la guerra contra los indios americanos”
Los australianos reclamaron dejar de ser el destino de deportación de los presidiarios británicos, lo que obtuvieron en 1867.
Algunos argentinos con mentalidad colonial suelen comparar el destino venturoso de Australia que siguió dependiendo de Gran Bretaña, con las dificultades de Argentina cuando se sacudió el yugo del Imperio Español y que logró ser un país formalmente independiente a partir de 1816.
Ese pensamiento adolece de dos cuestiones que son cuidadosamente ocultadas por la cipayería nativa, al poco tiempo de su independencia nuestro país se convirtió en semicolonia inglesa que saqueó durante casi un siglo las riquezas del país.
Esa expoliación se realizó con la colaboración de una oligarquía, y es aquí donde existe una gran diferencia entre Australia y Argentina, mientras en el primer país el acceso a la tierra fue posible para muchas personas, aquí un minúsculo grupo de familias se quedó con las tierras más fértiles y ahí estuvo sentado gran parte de la tragedia para las mayorías populares de nuestro país.

 

La abolición de la esclavitud

La dinastía de los Hannover que gobernó Inglaterra desde 1714 dejó tras de si, una secuela de saqueo y explotación, así lo reconoce el autor: “Durante el siglo XVIII se puede considerar que el imperio británico había sido a lo sumo amoral. Los Hannover habían obtenido poder en Asia, territorio en América y esclavos en África. Los pueblos nativos habían sido gravados con impuestos, saqueados o liquidados, pero paradójicamente sus culturas fueron toleradas e incluso en algunos casos estudiadas y admiradas”
Con la Asunción de la Reina Victoria en 1837 nos dice Ferguson que el Imperio comenzó a mostrar otro objetivo que consistía en “civilizar y cristianizar” a los “salvajes”, no sólo querían saquearlos sino que además pretendían arrasar su cultura en nombre de la civilización.
La reina Victoria gobernó entre 1837 y 1901, su reinado coincidió con la denominada “pax británica” que abarca el período de 1805 a 1914 en que el imperio Británico tuvo un claro dominio mundial, durante el dominio victoriano se produjeron 72 campañas militares.
Pero también se produjo un cambio con respecto a los a la política de la esclavitud, en 1562 los ingleses arribaron a Sierra Leona en África para iniciar el redituable comercio de esclavos, en 50 años más de tres millones de africanos fueron transportado en naves británicas, esto comenzó a modificarse a partir de fines del siglo XVIII, comenzando a liberar algunos esclavos y cambiando el nombre de la capital de Sierra Leona bautizándola como Freetown.
Siguiendo con el hilo de la descripción de Ferguson un fuerte renacimiento religioso permitió que terminara incidiendo en el cambio de la política británica con respecto a su política sobre la esclavitud, el epicentro de esa transformación se gestó en el barrio londinense de Clapton y más específicamente en la Holy Trinity Chruch en donde varios feligreses del templo eran contrarios a la esclavitud y realizaron una decidida campaña contra el vil comercio.
El autor rechaza sin explicación alguna que la abolición de la esclavitud fuera porque dejó de ser rentable, sin embargo, Adam Smith lo dijo explícitamente “el trabajo realizado por hombres libres resulta más barato al final que el realizado por esclavos”.
Hay que recordar que en esos momentos no existía derecho alguno para los asalariados la muerte no significaba ninguna pérdida para el empresario como si lo era la muerte de un esclavo.
En la descripción que hace Marx en el Tomo II en El Capital, donde reproduce gran cantidad de informes de los inspectores de trabajo se muestra como la explotación de los trabajadores incluidos niños desde los 8 años era peores en muchos casos a lo que padecían los esclavos.
Más allá de las intensiones de algunas almas piadosas, si el gobierno británico aceptó la abolición de la esclavitud fue precisamente por lo que Ferguson niega, había otra forma de explotación que podía ser más rentable para los empresarios.
Pero además más allá de las leyes, la esclavitud siguió vigente en varias colonias británicas.
En Manchester 11.000 personas firmaron un petitorio para que la esclavitud fuera abolida. En 1807 la trata de esclavos fue abolida, pero no aún la esclavitud.
Entre 1808 y 1830 los esclavos en las Indias Occidentales se redujeron de 800.000 a 650.000, en 1833 la esclavitud fue abolida en territorio británico, en el Caribe fueron liberados y los dueños compensados.
Pero mientras eso ocurría la escuadra británica abría a la fuerza los puertos chinos para invadirla con el comercio de opio. Para la compañía de las Indias Orientasles, el opio representaba el 40% del valor del total de las exportaciones indias en las décadas de 1830 y 1840
Así el expresa el autor “En efecto es una de las ironías más notorias del sistema de valores Victoriano: que la misma flota que fue enviada a suprimir la trata de esclavos, fuera también la encargada de la expansión del tráfico de narcóticos”

 

Excusas imperiales

Los colonialistas británicos consideraron que no bastaba con el dominio económico también se propusieron arrasar las culturas autóctonas para reemplazarlas por las que correspondía a lo que ellos llamaban “civilización”.
Cientos de instituciones imperiales se proponían imponer su cultura y religión, gran cantidad de misioneros recorrían las zonas atrasadas de planeta supuestamente para llevar su fe, las misiones intentaban cambiarles las religiones, costumbres, vestimentas y hábitos de higiene y vivienda.  
Un predicador británico llegó a expresar sobre la religión de los indios: “La suya es una religión cruel. Todas sus prácticas deben ser abolidas”.
Otros enviados ingleses se dedicaron a la exploración de los continentes en zonas desconocidas para las potencias europeas, se bien se les daban a estos reconocimientos un carácter científico, el auténtico objetivo era detectar regiones que le permitiera explotar la riqueza, los británicos buscaron en otros continentes su propio Dorado.
Había tres costumbres tradicionales indias que provocaban el enfurecido cuestionamiento de los británicos, el infanticidio femenino, supuestamente por el alto costo de casar las hijas de las familias de la casta superior, el culto de supuestos sacerdotes asesinos de quienes se decía que asesinaban a viajeros desprevenidos.
La tercera tradición era el acto de inmolación de las viudas hindúes que eran quemadas vivas en la pira funeraria junto a su esposo cuando éste moría.
La existencia de una sociedad secreta que practicaba asesinatos rituales parece ser una invención de los atemorizados colonizadores, el riesgo era similar al que se podía sufrir en cualquier país con asaltantes en los caminos.
En cuanto a las otras dos tradiciones del infanticidio y la inmolación de viudas no era de ninguna manera una práctica generaliza y parece más que nada una excusa de los británicos para justificar la explotación de la India, los indios por sí solos podrían haber terminado con estas prácticas, que también generaba resistencia entre ellos, sin necesidad de la hipocresía inglesa, estas muertes aberrantes posiblemente no hayan sido mayores a las provocadas por la represiones británicas o por las guerras que el imperio libraba utilizando a los indios y otros pueblos oprimidos como carne de cañón.

 

Cuando los cipayos perdían la paciencia

El 80 % del ejército británico en la India estaba constituido por cipayos, nombre asignado a los indios que cumplían funciones en el ejército imperial, el otro 20 % estaba formado principalmente por irlandeses.
Una de las cuestiones sorprendentes fue que Inglaterra dominó un inmenso país como la India con un contingente relativamente reducido, 900 funcionarios y 60.000 soldados gobernaron sobre 250 millones de almas
El término cipayo en nuestro país fue generalizado para definir a los nativos que sirven a una potencia extranjera en contra de los interesas nacionales.
Sin embargo, los británicos podían desatar rebeliones cuando tomaban resoluciones que ofendían las costumbres y la religión india, uno de dichos motines se produjo cuando quisieron imponer la prohibición de usar las insignias de las castas y el uso de la barba.
En 1857 se produjo una de las mayores rebeliones de cipayos cuando se dispuso que  los cartuchos fueran lubricados con grasa animal y como debían quitar las puntas con la boca para utilizarlos, ello provocaba que tanto hindúes como musulmanes cometieran sacrilegio, los primeros si era grasa vacuna y los segundos si era de origen porcino.
Los cipayos vieron en esa decisión una forma de cristianizar a la fuerza a la India, la rebelión se convirtió en una guerra, este suceso quedó en la historia india como la primera guerra de la independencia.
Quienes se decidieron a enfrentar el poder colonial, abrieron las cárceles para liberar a los detenidos, hubo ataques a oficiales británicos y se incendiaron edificios que eran símbolos del poder colonial.
La rebelión se fue extendiendo abarcando a varias ciudades, las acciones de los rebeldes produjeron muertes de ingleses, éstos pudieron resistir en algunas ciudades con un alto costo en vidas.
No por casualidad el epicentro de la rebelión fue una ciudad que recientemente había sido anexada por los ingleses a su dominio apenas un año antes, deponiendo las autoridades y disolviendo el ejército, es decir que la sublevación fue por mucho más que la grasa animal.
Uno de los pocos sobrevivientes de la venganza británica dijo: “Los cipayos debían rebelarse para restablecer a sus antiguos reyes en el trono, y expulsar a los invasores. El bienestar de la casta guerrera lo requería; el honor de sus jefes estaba en juego”.
El levantamiento realizó una convocatoria a sumarse a distintos grupos para luchar contra el dominio inglés.
En el libro no se ahorran palabras para mostrar la crueldad manifiesta en ambos bandos, los indios mataron y llegaron a mutilar cadáveres, mientras en Inglaterra en todos los sermones lanzados en los templos se reclamaba ardientemente la necesidad de venganza para escarmentar de manera definitiva a aquellos “salvajes” que habían osado levantarse contra la prepotencia colonial.
Un predicador baptista agitaba:  “¡Amigos míos, qué crímenes han cometido…! El gobierno de la India nunca debería haber tolerado en absoluto la religión de los hindúes. Si la religión consiste en bestialidad, infanticidio y asesinato, uno no debería tener derecho a ella a menos que esté dispuesto a ser colgado. La religión de los hindúes no es más que un amasijo de la mugre más rancia que la imaginación haya podido concebir. Los dioses que adoran no se merecen el menor ápice de respeto. Su adoración procura todo lo que es malo y la moralidad debe destruirla. La espada debe ser sacada de su vaina para cercenar a miles a esos súbditos”
La reacción inglesa superó con creces la supuesta crueldad de los cipayos, un oficial inglés obligó a los rebeldes prisioneros a lamer la sangre de las víctimas antes de ejecutarlos, en Peshawar cuarenta rebeldes fueron amarrados a la boca de los cañones para hacerlos estallar, en Dheli la lucha fue encarnizada, las tropas británicas dieron rienda suelta a una orgía de sangre.
The Times había exigido que “de todo árbol y todo tejado en el lugar cuelgue una carga con la forma del esqueleto de un rebelde”, instrucción que fue cumplimentada por los oficiales ingleses, en un árbol de la ciudad de Cawnpore fue adornado con 50 cuerpos que colgaban de sus ramas.
Ferguson compara los asesinatos cometidos por los ingleses con los realizados en los campos de concentración nazis contra los judíos, pero siempre busca una salida para aminorar la reacción imperial al señalar que hubo soldados que condenaron a viva voz lo realizado por sus jefes.
Lo que no entra en la cabeza del autor, es que aún cuando, la crueldad de ambos bandos haya sido igual, unos peleaban por la libertad y los otros por someter a un pueblo a su voluntad.
La rebelión de los cipayos tuvo consecuencias en la administración británica de la India, la primera fue que reconocieron que no debían inmiscuirse en la cultura y religión india, y se dispuso la liquidación de la Compañía de Indias Orientales, la Corona pasaba a gobernar directamente con la designación de un virrey, eso ocurrió el 1° de septiembre de 1858.
En 1881 el ejército indio tenía 69647 soldados británicos y 125.000 nativos, las tropas indias fueron utilizadas en varias campañas imperiales fuera del país.
Luego de la rebelión de los cipayos un ingeniero inglés explicaba las características que debían tener la ciudades indias para que el ejército británico pudiera reprimir a la población: “Esa dificultad puede disminuir mucho si se establece un número suficiente de puestos militares […] y se abren calles anchas a través de la ciudad […] de modo que nuestras tropas se puedan mover rápidamente en cualquier dirección […] Deben ser eliminados […] todos los suburbios y cobertizos que interrumpan el libre desplazamiento de nuestras tropas […] en relación con las [nuevas] calles […] son absolutamente necesarias […] Sin duda que será un perjuicio para los individuos cuya propiedad tenga que ser destruida, pero en general se beneficiará la comunidad, y esto basta para compensar a los damnificados individualmente”
En la ciudad de Lucknow se expulsaba a la población de la ciudad al punto de convertir una mezquita en una barraca, mientras que en la ciudad de Napier se delinearon grandes avenidas con el objetivo que las tropas tuvieran un campo de tiro despejado.

 

La elite india

Como también ocurrió aquí los ingleses han tenido la habilidad para lograr que una porción de la población nativa apoyara su predominio, a partir de la concesión de algunos privilegios, vedados para la mayoría de la población, lograban la adhesión y sumisión de este sector.
Ferguson lo señala con respecto a la elite india que ocupaba cargos en la administración y que estaba subyugada por la cultura inglesa, así lo dice el autor :“La clave del surgimiento de una élite india probritánica debe buscarse en la educación. Aunque los propios británicos al comienzo dudaban en ofrecer a los nativos una educación occidental, muchos indios, especialmente los bengalíes de la casta superior, rápidamente entendieron las ventajas de hablar la lengua y comprender la cultura de sus nuevos amos.”
En 1817 se creó con el auspicio de bengalíes adinerados el Hindú College de Calcuta, deseosos que su hijos tuvieran una educación occidental, luego la siguieron varias más con la intención de ofrecer estudios sobre historia, literatura y ciencias naturales.
Hacia 1870 había 6.000 estudiantes indios matriculados en instituciones de educación superior y 200.000 en colegios secundarios, en todos ellos de hablaba el inglés.
El autor del libro señala como un factor esencial la colaboración de sectores nativos para hacer posible el dominio inglés: “En efecto, la verdad es que el gobierno en todo el imperio fue solo posible con la colaboración de sectores clave de los gobernados. Era comparativamente fácil controlar regiones como Canadá, Australia y Nueva Zelanda, donde la población nativa había quedado reducida a una minoría insignificante. El problema clave era cómo asegurarse la lealtad tanto de colonos como de élites indígenas donde la comunidad blanca era la minoría, y en la India la población británica era como mucho el 0,05 por ciento del total de la población”
Pero incluso con este sector que aceptaba el dominio británico, los colonialistas no confiaban en ellos: “Incluso antes de la rebelión de los cipayos, se fue gestando una segregación cada vez más marcada entre la población nativa y la blanca, una especie de apartheid no oficial que dividía ciudades como Cawnpore en dos: la ciudad blanca tras las «líneas civiles» y la ciudad negra al otro lado.”
Cuando se intentó permitir que jueces indios pudieran juzgar a los británicos se produjo una rebelión, el 28 de febrero de 1883 hubo una manifestación de la población “blanca” frente al ayuntamiento de Calcuta, los británicos resistieron esta medida mostrando todo su racismo, argumentaban que las mujeres blancas podían ser violadas por hombres indios y que no serían castigados por ser juzgados por un compatriota, la conclusión de este razonamiento era que había un potencial violador en cada hombre indio, y que los jueces estaría dispuestos a protegerlos.
Algunas de las novelas más famosas escritas por británicos que habían vivido en la India comenzaban con una violación de una mujer británica por un indio.
Así lo expresa Fergusson: “Noventa mil blancos que afirmaban gobernar a trescientos cincuenta millones de personas de color veían la igualdad ante la ley como el camino directo a la violación de mujeres blancas por hombres de color”.
Ante tamaña resistencia la ley fue modificada permitiendo a los blancos elegir si querían ser juzgado por un jurado que tuviese la mitad del jurado conformado por británicos o estadounidenses.
Esta rebelión británica colaboró para generar una conciencia nacional, por primera vez se unieron las distintas religiones y castas para defender la identidad nacional, dos años después se efectuó la primera reunión del Congreso Nacional Indio.
En la India hubo regiones donde los marajás mantenían el poder nominal aunque siempre bajo el control de los funcionario ingleses, mientras que en las zonas rurales el poder se encontraba en manos de los aristócratas terratenientes indios.
Alguno de estos personajes gustaban de llevar una vida de lujos mientras dejaban a los amos ingleses conducir los destinos de su región, así los define: “El marajá playboy, rico, occidentalizado y débil hasta la impotencia política, se convertiría en una figura habitual en toda la India” y agregaba “A cambio de dirigir sus reinos por ellos y concederles una generosa renta, los británicos esperaban solo una cosa: lealtad servil, cosa que por lo general obtenían”.
Un funcionario planteó lo que denominó la “dominación indirecta” que consistía en que los británicos delegaban algunas funciones en la elite india reteniendo para ellos las cuestiones esenciales, particularmente el control económico.
Pero el colonialismo británico desconfiaba hasta de los obsecuentes, un virrey de la India planteó: “El nativo colocado en un puesto alto no está a la altura de su tarea, no goza del respeto de sus subordinados europeos, ni siquiera de los nativos, y está bastante inclinado a renunciar o a descuidarlo todo”.

 

África

Una de las formas de colonización consistió en el impulso de expediciones que bajo la fachada de un supuesto interés científico, se buscaba detectar zonas con minerales u otros productos que pudieran ser comercializados bajo el dominio de los ingleses, esos emprendimientos formaban parte del mismo proyecto de saqueo de las potencias coloniales.
Entre 1873 y 1904 un tercio de África pertenecía al imperio británico, el resto estaba dominado por otras potencias europea.
Un inglés llamado Cecil Rhodes controlaba el comercio de diamantes sudafricanos, su empresa estaba financiada por el Banco Rothschild londinense.
Cuando Rodhes llegó a Sudáfrica existían unas 100 pequeñas empresas mineras, a partir de sus argucias quedaron apenas tres, y un tiempo después se había consolidado el monopolio de su empresa, pero Rhodes era un accionista minoritario quien controlaba la mayoría era el Banco Rothschild
Rhodes también puso su mira sobre los yacimientos de oro, cuando un jefe de la región se negó a aceptar sus condiciones, la empresa formó un ejército armado por las modernas ametralladoras Maxim que disparaba 500 tiros por minuto.
En la batalla del Río Shangani en 1893 fue cuando se utilizó por primera vez la Maxim donde fueron exterminados 1500 guerreros de la tribu matebele, contra sólo cuatro muertos entre los invasores, Rhodes le puso su nombre al territorio conquistado: Rhodesia.
La empresa Maxim Gun Company fue creada en noviembre de 1884, formaba parte del directorio Lord Rothschild, en 1888 su banco financió la fusión de la empresa con otra compañía productora de armas para crear un gigante que obtendría inmensas ganancias con las guerras y las invasiones a países débiles.
Rhodes trazó el ferrocarril que iba desde El Cabo a El Cairo una forma de Inglaterra de controlar el territorio africano bajo la siguiente justificación: “Somos la primera raza en el mundo y cuanto más espacio del mundo ocupemos, tanto mejor para la raza humana”.
Inglaterra no era la única potencia que expoliaba África, cuando una avanzaba, las otras también buscaban la forma de no quedar relegadas. En 1830 Francia invadió Nigeria y dieron su apoyo al gobierno egipcio en rebelión contra el sultán otomano, Francia realizó inversiones tanto en Egipto como Turquía, fueron los franceses quienes construyeron el Canal de Suez inaugurado en noviembre de 1869.
En 1876 un banco controlaba la deuda pública de Egipto, esa misma entidad financiera propuso un cogobierno anglo-francés a cambio de un empréstito del Banco Rothschild que tenía casa en ambos países.
Cuando un 1879 un gobernante egipcio decidió desplazar a los invasores, la reacción de las potencias europeas fue derrocar al gobierno egipcio colocando a su hijo como títere, pero éste concluyó derrocado por los militares.
El 31 de julio de 1882 la flota inglesa bombardeó Alejandría y el 13 de septiembre una fuerza invasora destruyó el ejército de ese país ingresando a El Cairo al día siguiente.
Con su típica hipocresía los ingleses sostuvieron entre 1882 y 1922 que esa ocupación sería temporal, en los papeles Egipto era un país independiente pero en verdad constituía un protectorado inglés, colocando a un títere que era manejado por la embajada británica.
África era dominada por Inglaterra, Portugal y Francia hasta que en el siglo XIX surgieron nuevos jugadores mundiales que pretendían participar del saqueo de África, en 1831 fue fundado el reino de Bélgica, el reino de Italia surgido en 1861 y el imperio alemán en 1871.
Bélgica comenzó a explotar el Congo, los italianos mostraron su ambición sobre Libia e invadieron Abisinia siendo derrotados en 1896, pero consiguieron dominar Somalía.
En 1884 Bismark se proclamó protector de Namibia, y después reclamó para su imperio Angola, Camerún y Togo.
Bismark convocó en Berlín a una Conferencia Internacional sobre África que se desarrolló a fines de 1884 y comienzo del año siguiente, a la que Ferguson calificó como “un verdadero pacto de ladrones” era una forma de despedazar África quedándose cada potencia europea con un pedazo, obviamente los africanos no fueron consultados.
El primer ministro británico, lord Salisbury, expresó en 1878 claramente la visión de los colonizadores al señalar sobre la situación de los africanos: “Si nuestros antepasados se hubieran preocupado por los derechos de otros pueblos, el imperio británico no habría existido”.
En agosto de 1885, Bismark envió cuatro buques de guerra a Zanzibar exigiéndole al sultán que le entregara su imperio a Alemania, un mes después se marcharon habiendo dividido el país en tres partes, una para Alemania, otra para Gran Bretaña y una angosta franja para el sultán.
Dos años después el sucesor de Bismark le entregó el país a Gran Bretaña a cambio de una isla en el Mar del Norte.
El autor lo explica con claridad: “En toda África se repitió la misma historia: jefes engañados, tribus despojadas, legados suscritos con una huella dactilar o una cruz temblorosa, y la liquidación de cualquier resistencia con la ametralladora Maxim.”   
La batalla de Omdurman en Sudán se libró el 2 de septiembre de 1898 enfrentando al ejército británico con las tribus del desierto, éstos a pesar de la superioridad numérica, sufrieron la muerte de 10.000 combatientes.
Desde la década de 1880 Sudán había sido escenario de una revolución religiosa con un líder considerado una santidad por sus seguidores había formado un ejército dispuesto a defender el credo wahabista del Islam, desafiando al ejército de Egipto que se encontraba ocupado por los ingleses.
En 1898 el ejército egipcio comandado por los ingleses invadió Sudan, Churchill que acompañó esa fuerza en condición de corresponsal escribió: “esa mecánica distribución de muerte que las naciones cultas han llevado a una monstruosa perfección”.
Los británicos utilizaron ametralladoras Maxim, rifles Martini-Henry, heliógrafos, y cañoneras en el río, la masacre se concretó en cinco horas, los derrotados sufrieron en 95% de las bajas, en el otro bando cayeron 400 egipcios y sólo 48 británicos.
Pero los ingleses fueron mucho más allá, destruyeron la tumba del líder religioso, le cortaron la cabeza y se la llevaron como trofeo.
En privado Churchill cuestionó la profanación del cadáver y el trato inhumano de los heridos, pero para la opinión pública señaló que en Sudan se obtuvo “el triunfo más emblemático nunca conseguido por las armas de la ciencia contra los bárbaros”.

 

Potencia industrial

En la segunda mitad del siglo XVIII Inglaterra fue el escenario de la Revolución Industrial, cuando logró controlar el vapor e inició la expansión de una poderosa industria del hierro, ambos factores determinaron que la potencia se pusiera como objetivo desarrollar una Armada poderosa que le posibilitara ejercer el control indiscutible de los mares.
Los astilleros británicos trabajaban sin cesar para dar nacimiento a la flota más poderosa, con un exponente de ese poder en el HMS Warrior, nave a vapor recubierto de unas planchas de acero de cinco pulgadas y armado con los cañones más modernos, su poder asustaba a los rivales, hasta el punto que ningún barco se atrevió a dispararle, y este era apenas uno de las 240 naves que formaban parte d e la Royal Navy integrada por 40.000 marineros.
La flota imperial era utilizada tanto para evitar que se traficara con esclavos como para obligar a los chinos a abrir sus puertos al comercio británico del opio. En 1841 y 1856 se produjeron las denominadas guerras del opio, los diarios ingleses al servicio del gobierno presentaban esas guerras imperiales como batallas a favor del libre comercio, de la misma manera que por estas tierras y por ese tiempo, la Guerra de la Triple Alianza que destruyó al Paraguay, liquidando la resistencia de su heroico pueblo, se hizo también en nombre de la libertad del comercio.
Las importaciones de opio fueron prohibidas por las autoridades chinas en 1821 y los británicos impusieron el comercio a la fuerza, la droga provenía desde la India.
El telégrafo, los barcos a vapor y los ferrocarriles acortaban las distancias y hacían más controlables los territorios dominados por las grandes potencias.
La primera línea férrea india fue la que unió Bombay con Thane de 33 km. inaugurada en 1853, en 50 años la extensión llegó a 38400 km. Ferguson dice que trajo beneficios para la India, cuestión de la cual dudamos porque en nuestro país, las líneas férreas fueron las que la condenaron a ser proveedor de materias primas para Inglaterra, granos y carne fundamentalmente, constituyendo una traba para el desarrollo industrial del país, el manejo de las compañías ferroviarias del flete producía que fueran ellas quienes determinaban que productos alentaban y cuáles no, de esa manera aseguraban que las importaciones británicas se distribuyeran por el país destruyendo las artesanías del interior.
Se instalaron en la India algunas industrias británicas, en particular empresas textiles, de extracción de carbón y de siderurgia, era una forma de utilizar mano de obra barata.
Además el desarrollo de la industria significaba una exportación compulsiva de su producción que terminaba destruyendo las artesanías indias, así lo reconoce Fergusson: “El comercio libre impuesto a la India en el siglo XIX expuso a los fabricantes autóctonos a la feroz competencia europea, mientras que Estados Unidos de América, ya independiente, protegía a sus nacientes industrias con altas barreras arancelarias. En 1896 las fabricas indias proporcionaban apenas el 8 por ciento del consumo textil indio. Debe también tenerse en cuenta que los trabajadores indios a contrata proporcionaban buena parte de la mano de obra barata de la que dependió la economía imperial británica en sus últimos años”.

 

Más rebeliones

Cuando George Curzón, virrey de la India, anunció que Bengala región del noreste del país, iba a ser dividida en dos, estalló otra rebelión. Los nacionalistas organizaron un boicot a los productos británicos.
Hubo huelgas y manifestaciones en varias ciudades y la violencia escaló con atentados contra los administradores británicos que incluyó un atentado contra el gobernador de Bengala.
Surgieron grupos terroristas uno de los cuales estaba comandado por un abogado del Tribunal Supremo de Calcuta, la policía detuvo a eminentes integrantes de la elite india.
Producto del levantamiento las autoridades dispusieron el traslado de la capital de Calcuta a Dheli, antigua capital de los emperadores mogoles.
A raíz de la mudanza se reconstruyó la ciudad que pasó a llamarse Nueva Dheli con un palacio descomunal donde habitaba el virrey que cubría dos hectáreas, empleaba a 6.000 sirvientes y 400 jardineros, 50 de los cuales sólo tenían la misión de espantar los pájaros.
En las paredes se talló una máxima muy conveniente para los conquistadores: “La libertad nos desciende hacia el pueblo. Un pueblo debe elevarse hacia la libertad. Es una bendición que debe merecerse antes que pueda ser disfrutada”.En conclusión la libertad no era para cualquiera.
Ferguson llegaba a la misma conclusión al señalar: “Hasta que no obtuvieran la libertad, los indios tenían que continuar pagando por el privilegio de ser gobernados por los británicos” porque ese lujo debía ser costeado por los contribuyentes indios.
Sin  embargo, el autor trata de suavizar una vez más lo evidente, al señalar que el saqueo ingles seguía siendo menor al que producía Holanda en sus colonias, además decía que había que considerar las inversiones que realizaban los ingleses en infraestructura, irrigación e industrias indias.
En cambio para los indios, al menos para la mayoría, esos lujos de los gobernantes coloniales era una evidencia de la explotación de las riquezas del país en beneficio de los invasores coloniales.
En su intento de justificar al Imperio, Ferguson señala que durante el dominio británico hubo una mejora de la sanidad pública, que significaron un incremento de 11 años en la vida promedio, los británicos introdujeron la quinina para combatir la malaria que se realizaron campañas de vacunación contra la viruela, se mejoró el suministro de agua urbano que solía ser el portador de la malaria y otras enfermedades.
Nos obstante el autor inglés debe admitir que esas supuestas mejoras apenas si estaban dirigidas hacia una minoría especialmente la elite india, y consistía en una forma de sobornar a quienes aceptaban sumisamente su dominio. 
En cuanto a las supuestas mejoras de infraestructura, esto lo efectuaban las potencias en la medida que le fuera útil para instalar un sistema de dominación y de ninguna manera porque tuvieran un sentimiento humanista o interés en mejorar la situación de las poblaciones sometidas a su dominio.
El autor reconoce que la India pasó terribles hambrunas en 1876-1878 y 1899-1900. En efecto, en la primera la preferencia británica por la economía de laissez-faire empeoró las cosas. Pero agrega “¿habrían estado los indios mejor bajo los mogoles? ¿O realmente bajo los holandeses o los rusos?”
Digámoslo de una vez por todas, para rebatir los intentos de Ferguson por salvar la responsabilidad de Gran Bretaña en el saqueo de gran parte del mundo incluída la Argentina, ningún imperio es bueno para el país que domina, por lo tanto el peor imperio es aquel que domina a su propio país. Las comparaciones del autor colonialista inglés están fuera de lugar y quién las realiza sólo puede considerarse cómplice del saqueo imperial.
Y lo que es mucho más deleznable es afirmar que si las naciones fueran libres los hubiesen pasado peor que si se hubiesen gobernado por sí mismo, lo dice con respecto a China: “China, por ejemplo, no prosperó bajo los gobernantes chinos” y también sobre la India: “La realidad de ese momento era que el nacionalismo indio no se retroalimentaba de las capas pobres de la mayoría de la población, sino de la élite privilegiada”.
A estas ideas podríamos responder con dos máximas, una de ellas, la solía repetir Arturo Jauretche: “no se trata de cambiar de collar sino de dejar de ser perro”, y la otra de nuestro máximo prócer, San Martín, cuando dijo contundentemente “Seamos libres y lo demás no importa nada”.

 

La guerra con los boers

En 1898 una tribu “blanca” se animó a desafiar el poder inglés en Sudáfrica, eran los boers, agricultores que descendían de los primeros colonizadores holandeses.
Los ingleses consideraban que El Cabo era un sitio estratégico ante la posibilidad de un conflicto europeo, por eso rechazaban la voluntad de independencia que planteaban los boers.
No menos importante resultaba que en el territorio boer se encontraban los mayores yacimientos de oro del mundo, en el año 1900 producían el 25 % de la demanda mundial.
Esta tribu estaba fuertemente armada y además tenía entrenamiento en el uso de las mismas, sin embargo, los gobernantes ingleses impulsaron esta guerra con la convicción que podrían derrotarlos, la excusa inicial fue evitar que los boers construyeran un ferrocarril que les permitiría manejar el comercio exterior de oro sin depender de los británicos.
Los boers estaban equipados con las modernas ametralladoras Maxims y contaba con artillería comprada a la empresa alemana Krupp.
Hacia navidad de 1899 el ejército boer había invadido territorio británico, 12.000 soldados británicos estaban sitiados por los boers en Ladysmith en la provincia de Natal, un general fue enviado a romper el cerco en la ladera de la montaña Skion Kop pero los británicos sufrieron una humillante derrota.
Los ingleses no estaban acostumbrados a ser derrotados en sus colonias, sin embargo, en África habían sido vencidos por los zulúes en 1879.
La guerra contra los boers parecía convertirse, según Ferguson, en un  símil a los significó la guerra de Vietnam para los Estados Unidos, la consecuencia podía medirse en 45.000 muertos y 250 millones de libras gastadas.
La ciudad de Makefing resistió el asedio boer durante 217 días, cuando el 17 de mayo de 1900 fue liberada se produjeron festejos en Londres, pero las consecuencias fueron graves, de los 700 defensores, la mitad había muerto estaba herida y había sido tomada prisionera.
En tanto, la prensa inglesa que mostraba actos de heroísmo, ocultaba que el mayor peso lo soportaron los africanos que fueron utilizados como carne de cañón y a los que se le redujo la ración de comida para alimentar a los británicos, la mayoría de los africanos murieron por hambre y no por las armas enemigas.
El ejército inglés logró tomar varias ciudades de los boers procediendo a incendiar sus fincas, se llegó a destruir 30.000 casas, miles de niños y mujeres de los guerrilleros boers fueron encerrados en campos de concentración.
Unos 28.000 seres humanos, la mayoría niños murieron en los campos de concentración producto de la desnutrición y la falta de higiene, de las 115.000 personas de raza negra presas en campos separados, murieron 14.000, el 81% eran niños.
La táctica fue de tierra arrasada y campos de concentración fue dando resultado y debilitó la lucha de los boers, obligándolos a sentarse a negociar con los ingleses.
El 31 de mayo de 1902 se firmó el Tratado de Wereeniging, las dos repúblicas boers perdieron su independencia y pasaron a formar parte del Imperio.
En 1920 se formó la Unión Sudafricana donde los boers pudieron elegir su propio gobierno, Louis Botha el comandante general fue designado primer ministro mientras que el gabinete estaba integrado por varios héroes de guerra, a los tres años el gobierno comenzó la política racista que discriminaba y perseguía a las personas de raza negra.
Las condiciones que debieron padecer las familias boers en los campos de concentración fue inhumana, otra muestra más del salvajismo inglés, en el mes de octubre de 1901 murieron 3.000 personas, sin embargo Fergusson intenta moderar la evaluación, al señalar “No se trataba de una política deliberadamente genocida, más bien era el resultado de una desastrosa falta de previsión por parte de las autoridades militares”.
El primer ministro Lloyd George dijo ante la Cámara de los Comunes: “Hacer una guerra de anexión […] contra un orgulloso pueblo significa hacer una guerra de exterminio, y desgraciadamente eso es lo que estamos haciendo nosotros mismos ahora, incendiando fincas y expulsando a mujeres y niños de sus hogares […] el salvajismo que necesariamente sigue a esto manchará el nombre de este país”.
A pesar que también intenta minimizar la participación de la Banca como impulsora y patrocinadora del saqueo, debe reconocer los siguiente: “La mayoría de los importantes flujos de dinero generados por el gran capital de Gran Bretaña colocado en inversiones extranjeras llegaba a una élite diminuta formada cuando mucho por unos cuantos centenares de personas. En la cúspide de esa élite se encontraba la Banca Rothschild, cuyo capital combinado en Londres, París y Viena sumaba cuarenta y un millones de libras, convirtiéndolo en la institución financiera más grande del mundo. La mayor parte de los activos del banco estaban invertidos en bonos del Estado, una gran proporción de los cuales se situaban en economías coloniales como Egipto y Sudáfrica”
También debe reconocer los compromisos de muchos políticos influyentes con la Banca Roschild y el poder financiero en general.

 

La lucha de los pueblos coloniales

Ferguson evidencia un enorme desprecio por los pueblos que resistieron el dominio imperial británico y que lograron su liberación.
El autor nos dice que en 1965 cundo falleció Winston Churchill ya no existía más el Imperio Británico, lo que no debe perderse de vista es que el comportamiento imperialista inglés no ha disminuido de ninguna manera, su dominio ilegítimo de las Islas Malvinas y sus aventuras criminales en asociación con los Estados Unidos en países como Irak, Afganistán, Siria y Libia, evidencian que no ha perdido sus mañas.
Ferguson señala que los pueblos coloniales no han jugado papel alguno en la liberación del yugo imperial, así lo expresa: “Durante todo el siglo XX, las principales amenazas —y las alternativas más plausibles— al dominio británico, no fueron los movimientos nacionales de independencia, sino otros imperios”.
Los pueblos lograron independizarse organizándose en movimientos nacionales de liberación que pudieron aprovechar las debilidades de las naciones dominantes, al estar peleando sus guerras de dominio con otras potencias, sin esas luchas libertadoras no se hubiese concretado la independencia de ninguno de esos países, en nuestro país fue el gobierno de Perón quién liberó a nuestro país de su condición de semicolonia inglesa.
Pero no queda ahí la cuestión, luego de haber testimoniado sobre los latrocinios, saqueos, masacres, en definitiva sobre el salvajismo inglés, lo que nos dice Ferguson es que con otras potencias podría haber sido peor: “Estos imperios alternativos eran notoriamente más duros en el trato a los pueblos subordinados que Gran Bretaña. Incluso antes de la Primera Guerra Mundial, el dominio belga sobre el Congo teóricamente «independiente» se había convertido en sinónimo de abuso de los derechos humanos. Las plantaciones de caucho y los ferrocarriles de la Asociación Internacional fueron construidos con trabajo esclavo y las ganancias iban directamente a los bolsillos del rey Leopoldo II. Fue tal la rapacidad de su régimen que el coste en vidas humanas debido a los asesinatos, el hambre, la enfermedad, la reducción de la fertilidad, ha sido estimado en diez millones de personas, la mitad de la población existente.”
Y así seguía con los franceses: “Los franceses no se comportaban mucho mejor que los belgas en la parte del Congo que poseían: el descenso de población fue parecido. También en Argelia, Nueva Caledonia e Indochina, hubo una política sistemática de expropiación de tierras a los nativos que convertía en una burla la retórica gala sobre la ciudadanía universal.”
Y los japoneses: “Tampoco deben limitarse las comparaciones a las potencias de Europa Occidental. La dominación colonial japonesa en Corea (protectorado desde 1905 y colonia gobernada directamente por Tokio a partir de 1910) fue abiertamente represiva. Cuando cientos de miles de coreanos salieron a manifestarse en las calles apoyando la Declaración de Independencia de Yi-Kwang-su —el llamado Movimiento del Primero de Marzo—, las autoridades japonesas reaccionaron brutalmente. Más de seis mil coreanos fueron asesinados, catorce mil heridos y cincuenta mil sentenciados a prisión.”
Sin olvidarse de los rusos: “Debemos también recordar el carácter del dominio ruso en Polonia, la Irlanda de Europa Central, y en el Cáucaso, donde se extendía hasta Batum en el mar Negro y Astara en el mar Caspio; en las provincias de Asia Central de Turkestán y Turkmenistán; y en Extremo Oriente, donde el nuevo ferrocarril transiberiano hacía llegar los decretos del zar hasta Vladivostok y finalmente en Manchuria”.
Para un pueblo dominado no existe peor imperio que el que lo sojuzga, en verdad no existen imperialismos buenos, por eso luego de la segunda guerra mundial todos los países dominados por las potencias europeas buscaron su independencia porque entendieron que era el único camino posible para el bienestar de sus pueblos.
Siguiendo con su hilo de pensamiento llega a una conclusión totalmente absurda: “El asombroso coste de combatir contra estos rivales imperiales arruinó en última instancia al imperio británico. En otras palabras, el imperio se deshizo no porque hubiera oprimido a los pueblos durante siglos, sino porque empuñó las armas durante unos pocos años contra imperios mucho más opresivos. Hizo lo que debía hacer, sin que importara el coste. Y por eso el renuente heredero final del poder global británico no fue uno de los imperios malignos del Este, sino la antigua colonia de Gran Bretaña con más éxito”.
De manera inaudita nos dice que los ingleses perdieron a muchas de sus colonias porque las otras potencias eran “más crueles” que los británicos. Pero aquellos que eran muy malos también perdieron sus colonias, así que parece que la razón estaba en otro lado, precisamente en la voluntad y la decisión de los pueblos por liberarse.
Este argumento de Ferguson también pretende mostrar que Gran Bretaña se sacrificó por la humanidad al luchar incansablemente contra imperios malvados, y que en esa denodada lucha quedó agotada y sin fuerzas para retener sus colonias.

 

La Primera Guerra Mundial

En 1880 la participación de Gran Bretaña en la producción mundial manufacturera era del 23 %, mientras que Alemania llegaba al 8%, pero esa relación se modificó en los años previos a la Primera Guerra Mundial, en 1913 Gran Bretaña bajó al 13% y Alemania subió al 14%, esta nación por su parte comenzó a construir una flota que iba a convertirse en competidora de la poderosa armada inglesa.
Donde Alemania llegó a sacar más ventaja fue en el ejército, tenía 124 divisiones contra 10 de Inglaterra, todos los regimientos alemanes estaban munidos de ametralladoras Maxim, los ingleses tenían otras 7 divisiones en la India, en cuanto a la cantidad de combatientes, también Alemania sacaba ventaja, con 4,5 millones de hombres contra 733.500 de los británicos.
Antes de la primera guerra mundial los medios de comunicación ingleses empezaron a preparar el ambiente para la guerra imperial, imaginando supuestos planes siniestros contra Inglaterra que elucubraban los alemanes.
Según Ferguson, la Gran Guerra ocurrió porque los gobernantes de todas las potencias hicieron un cálculo erróneo, los alemanes estaban convencidos que los rusos los superaban militarmente por lo que realizaron un ataque preventivo antes que la brecha aumentara. Los austríacos no percibieron que el ataque a Serbia los metería en una guerra mundial, los rusos sobreestimaron su capacidad militar y sólo los franceses y belgas no tenían otro remedio que pelear porque sus países habían sido invadidos.   
Lo que no dice este súbdito de la corona inglesa es que tanto la primera como la segunda guerra mundial fueron el choque entre potencias imperialistas, unas ya consolidadas como gran Bretaña o Francia y otras en ascenso que llegaban tarde al reparto y por eso su expansión chocaba que los dominios de las otras potencias.
No hubo error de cálculo alguno, todas las potencias imperiales estaban defendiendo sus dominios y sus ansias de expansión.
Siguiendo el razonamiento del autor nos dice que los gobernantes liberales de Inglaterra fueron a la guerra porque temían que los alemanes después de derrotar a Francia apuntaran su cañones hacia ellos, pero también estaban al borde de su caída y como bien sabemos a un gobierno en problemas siempre le viene bien una guerra.
Las potencias hicieron uso y abuso de dos millones de africanos a los que utilizaron  como bestias de carga, el maltrato y las enfermedades provocaron más muertes entre ellos que las armas de los enemigos.
Un tercio de las tropas utilizadas por los británicos procedían de las colonias, Nueva Zelandia aportó cien mil combatientes, un 10 % de la población.
Tal vez para mostrarnos la bondad inglesa nos dice que Mahatma Gandhi fue feliz a la guerra cuando dijo: “Somos, sobre todo, ciudadanos británicos del gran imperio británico. Luchar como los británicos están haciendo ahora en una causa justa por el bien y la gloria de la civilización y la dignidad humanas […] es nuestro deber: hacer lo que podamos para apoyar a los británicos, luchar con nuestra vida y nuestra propiedad”
Agrega que muchos indios coincidían con ese pensamiento, en 1914 un tercio de las tropas británicas que combatían en Francia procedían de la India, casi un millón de indios estuvieron peleando por los británicos.
Aunque hubo tres motines de soldados musulmanes en Irak que se negaban a luchar contra sus correligionarios, dice que fueron la excepción. Reconoce que hubo muchas quejas de habitantes de las colonias que se quejaron del trato recibido por los oficiales británicos.
Luego de la guerra, las colonias de las potencias derrotadas fueron repartidas cual botín entre los ganadores, Irak, Trasjordania y Palestina quedaron bajo el dominio inglés mientras que Siria y Líbano fueron controladas por los franceses..
También fueron deglutidas por los ingleses los dominios alemanes en África como Togo, Camerún y Africa Central. Las ganancias del imperio inglés fueron significativas, tres millones de kilómetros cuadrados y trece millones de nuevos súbditos.
Aunque no fue una colonia directa era clara la influencia de Inglaterra en Persia donde dominaba la monarquía Pahlavi, la razón era que Inglaterra dominaba mayoritariamente la empresa petrolera Anglo-Persian Oil Company (después British Petroleum).
Alemania derrotada fue sometida a condiciones denigrantes creando las condiciones para una segunda guerra, Gran Bretaña aprovechó la situación y se quedó con la flota alemana.

 

Ghandi

La India aportó gran cantidad de muertos en las luchas de dominio imperial de los ingleses, Mahatma Gandhi fue un abogado que estudió en Inglaterra, combatió y fue condecorado en la guerra contra los boers.
Gandhi convocó a sus compatriotas a la resistencia pasiva contra el Imperio, era una resistencia no violenta que promovía utilizar “la fuerza del alma”, y al que un gobernador inglés llamó a enfrentarlo con “la fuerza del puño”.
Pero en 1919 a pesar de la convocatoria de Gandhi  la resistencia pasó a ser activa, la violencia estalló cuando una multitud trató de cumplir con el hartal, una huelga general, en la estación de ferrocarril de Dheli el 30 de marzo, las tropas dispararon matando a tres personas.
Para la misma fecha en Amritsar, Punjab, se reunió una multitud, los líderes fueron detenidos y deportados, al conocerse la decisión de las autoridades, estalló la violencia, fueron atacados los bancos, se cortaron líneas telefónicas una misionera anglicana fue golpeada.
Las autoridades respondieron prohibiendo las manifestaciones, sin embargo el 13 de abril hubo una concentración desafiando las disposiciones gubernamentales, las tropas dispararon contra la multitud con el luctuoso resultado de 379 muertos y 1500 heridos, se aplicaron azotes públicamente a aquellos miembros de la casta superior sospechosos de participar en las manifestaciones, se obligó a arrastrase a los indios que pasaban por el lugar donde fue golpeada la misionera.
El responsable de esta sangrienta represión fue separado del cargo pero nunca fue juzgados por los asesinatos.      
Refiriéndose a la situación de la India e Irlanda, Ferguson señala: “En ambos países, los nacionalistas habían comenzado demandando pacíficamente el autogobierno, la delegación dentro del imperio. Y en ambos casos, la respuesta británica a la violencia había sido esquizofrénica: dura en el terreno pero suave en las altas esferas”.
Los indios estuvieron aprendiendo de la lucha de los irlandeses, cuando el joven Jawaharlal Nehru visitó Dublín concluyó que el había dicho que el Sinn Fein era “un movimiento muy interesante […] Su política no es rogar favores, sino arrancarlos”
El virrey de la India decidió la participación del país en la Segunda Guerra Mundial sin consultar al principal partido indio, provocando una campaña reclamando que los británicos abandonaran la India, los ingleses detuvieron a Ghandi y otros líderes y aplicaron la censura de la prensa.

 

No hay imperios buenos

Uno de los recursos del libro a los efectos de asumir la defensa del Imperio Británico es mostrar que hubo otros imperios que actuaron con mayor crueldad a aquél, el autor detalla con lujo de detalles las atrocidades cometidas por el Imperio Japonés en China.
En la ciudad de Nankín en 1937 el imperio liquidó a una cifra superior a las 150.000 personas y se produjeron miles de violaciones: “La violación de Nankín ponía de manifiesto lo que significaba la principal alternativa a la dominación británica. Es fácil describir la guerra entre los imperios británico y japonés como una colisión entre un imperio viejo y vacilante y otro nuevo y abiertamente despiadado, entre el sol poniente y el sol naciente, pero también era el choque entre un imperio que tenía nociones mínimas de los derechos humanos y otro que consideraba a las razas extranjeras como inferiores a los cerdos”.
Por cierto que quienes luchaban contra el sangriento imperio británico sólo querían la independencia y no cambiar de amos, nunca fue una alternativa pasar a dominio de otra potencia muchos menos a depender de Japón, por lo que el autor hace trampas al presentar opciones que no eran tales.
Por eso insiste para ver si pasa desapercibido su burdo artilugio: “Hacia la década de 1930 muchas personas en Gran Bretaña habían caído en la costumbre de poner por los suelos al imperio, pero el surgimiento del imperio japonés en Asia durante esa década demostró que las alternativas al dominio británico no eran necesariamente más benignas. Había grados de imperialismo, y con su brutalidad hacia los pueblos conquistados, el imperio japonés superaba con creces todo lo que los británicos habían hecho. Y esta vez los británicos estaban entre los conquistados”
Los súbditos de las colonias jugaron un papel fundamental en la Segunda Guerra Mundial un millón de australianos participaron de la guerra y dos millones y medio de indios, los pilotos canadienses fueron fundamentales en la Batalla de Inglaterra y los marineros de esa nacionalidad en la Batalla del Atlántico.
Las colonias enviaron a la carnicería mundial casi tantos combatientes como los enviados por el reino Unido, pero Ferguson se irrita con el Estado Libre de Irlanda que declaró una digna neutralidad a la que él llama vergonzosa.
Algo que no se conoce demasiado es que el presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt, era muy crítico del imperialismo inglés, así lo expresó cuando le dijo a su hijo: “El sistema colonial equivale a la guerra. Explotar los recursos de una India, una Birmania, una Java; sacar toda la riqueza de esos países, pero nunca devolverles nada […] todo lo que uno hace es acumular el tipo de problemas que lleva a la guerra”.
Una breve estancia en Gambia de camino a la Conferencia de Casablanca, confirmó sus sospechas. Así lo dijo, era un “lugar de mala muerte… lo más horrible que he visto jamás en mi vida: Suciedad. Enfermedad. Una tasa de mortalidad muy elevada […] Esas personas son tratadas peor que ganado. Su ganado vive más tiempo […] Por cada dólar que los británicos […] han puesto en Gambia de [dijo después] han sacado diez. Es pura y simple explotación”

 

El Canal de Suez

La base militar británica asentada en el Canal de Suez abarcaba un tamaño similar al de Gales, en 1954 tenía un contingente de 80.000 soldados, los baños de la tropa estaban separados por razas, el racismo inglés seguía vigente en toda su intensidad.
En 1952 jóvenes oficiales liderados por el coronel Nasser tomaron el poder en Egipto y comenzaron a efectuar presión para que las tropas británicas evacuaran el Canal, cuando el gobierno egipcio nacionalizó el canal el 5 de noviembre de 1954 se envió un contingente anglofrancés que desembarcó en el Canal, con la excusa de querer evitar un enfrentamiento con Israel, pero las tropas egipcias bloquearon el canal e interrumpieron el envío de petróleo.
Este conflicto afectó financieramente a Inglaterra debiendo pedir ayuda a los Estados Unidos ante la perdida de reservas   
Inglaterra presionó a los Estados Unidos para que interviniera en el derrocamiento de Nasser pero este país se negó, Ferguson comenta que eso fue un error estadounidense, proclamando abiertamente su posición favorable a derrocar gobiernos de otros países, la excusa del autor para justificar con el descarado golpismo, es que Nasser mantenía un buena relación con al URSS. Vuelve a repetir su argumento que Egipto no se liberó por el esfuerzo de los patriotas egipcios que echaron a los ingleses, sino que Egipto se liberó porque Estados Unidos se negó a participar del golpe de estado.
A partir de la derrota en Suez, el Imperio Británico comenzó a despedazarse, procediendo a darle la razón a Hitler en el siguiente concepto: “Tal como había predicho Hitler, los imperios rivales entre sí eran los que impulsaban el proceso de descolonización, y no los nacionalistas autóctonos”.
Los estadounidenses acreedores de Inglaterra por las provisiones enviadas durante la guerra, insistieron en que la libra fuera convertible con respecto a dólar. Las reservas del Banco de Inglaterra sufrieron una sangría
Y llega a una conclusión casi romántica al decirnos que Gran Bretaña pierde gran parte de sus colonias al quedar agotada por su lucha contra Alemania y Japón, casi un sacrificio en beneficio de la Humanidad.

 

Final neoliberal

Fergusson da por supuesto que el liberalismo fue beneficioso para la humanidad “Sin la propagación del dominio británico en el mundo, es difícil creer que las estructuras del capitalismo liberal se hubieran establecido con tanto éxito en tantas diferentes economías en todo el mundo. Los imperios que adoptaron modelos alternativos —el ruso y el chino— impusieron una miseria incalculable a los pueblos que subyugaban. Sin la influencia del dominio imperial británico, es difícil creer que las instituciones de la democracia parlamentaria hubieran sido adoptadas por la mayoría de los estados del mundo, como ocurre hoy. La India, la democracia más grande del mundo, debe más al dominio británico de lo que está de moda reconocer.”
El liberalismo fue útil para las potencias pero nefasto para las colonias y semicolonias como nuestro país, pero además es una tremenda mentira señalar que los imperios alentaron las democracias por el contrario han alentado y participado en golpes de estado en casi todo el mundo, existen pruebas y testigos de la participación inglesa en el golpe de estado de 1955 que derrocó a Perón, y de los Estados Unidos en el golpe que derrocó al presidente chileno Salvador Allende, para citar sólo dos casos.
Tampoco resulta casual que todas aquellas naciones dominadas por el imperio inglés y otras potencias quedaron en la mayor de las pobrezas luego del saqueo al que fueron sometidas, saqueo que siempre estuvo acompañado de las más horrendas masacres.
Además de reconocer muchas de las aberraciones cometidas por el imperio que él defiende, nos dice que con el tiempo fue mejorando: “Por supuesto, nadie puede afirmar que el historial del imperio británico es intachable. Por el contrario, he tratado de mostrar cuán frecuentemente dejó de estar a la altura de su propio ideal de libertad individual, particularmente en la época de la esclavización, deportación y «limpieza étnica» de los pueblos nativos. Sin embargo el imperio del siglo XIX promovió el libre comercio, el libre movimiento de capital y, con la abolición de la esclavitud, el trabajo libre. Invirtió inmensas sumas de dinero en desarrollar una red global de comunicaciones modernas. Propagó e hizo acatar la ley británica en vastas áreas de planeta.”
Precisamente lo que querían todas las naciones saqueadas por los ingleses es tener su propia ley y no estar sometidos a las leyes racistas y discriminadoras de ese imperio infame.
Sin embargo Ferguson llega al punto de acusar a los africanos por la situación de su pobreza: “Pero culpar al legado del colonialismo no es muy convincente, cuando la diferencia entre los ingresos británicos y zambianos a finales del período colonial fue mucho menor. A partir de la independencia ha sido cuando la brecha entre el país colonizador y el colonizado se ha hecho tan abismal. Lo mismo es cierto para casi todas las antiguas colonias en el África subsahariana con la notable excepción de Botswana”
Y la llegar al siglo XX este descarado historiador imperial presenta a su gobierno como  un ejemplo de moralidad y solidaridad internacional : “En el siglo XX justificó de sobra su existencia, pues las alternativas al dominio británico representados por el imperio alemán y el japonés eran a todas luces mucho peores. Sin el imperio es inconcebible que Gran Bretaña hubiera podido hacerles frente”
Sin embargo las evidencias son tan contundentes que Ferguson debe recocer la situación desastrosa en que quedaron los países una vez que lograron desembarazarse del Imperio: “Donde los británicos, como los españoles, conquistaron sociedades ya complejas y urbanizadas, los efectos de la colonización fueron en general más negativos, puesto que los colonizadores se vieron tentados a dedicarse al saqueo antes que a construir sus propias instituciones. En efecto, esto es quizá la mejor explicación de la «gran divergencia» que hizo que la India y China pasaran de ser las economías más avanzadas del mundo en el siglo XVI a ser relativamente pobres a principios del siglo XX.”
Reflexión que contraría la hipótesis que plantea el autor más arriba, claro que sólo la reconoce para algunas de las colonias y no para todas, nosotros creemos que sin excepción la situación fue desastrosa para todas las colonias y que para ellas la independencia siempre fue beneficiosa aunque sea a un alto costo. Ninguna lucha contra las potencias sangrientas fue fácil precisamente por el carácter siniestro de las mismas, nada resulta gratis si un pueblo quiere obtener su libertad definitiva.

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