El Forjista

El gobierno de Aramburu

La ideología de los golpistas

Intentaremos mostrar la ideología de los máximos exponentes de la Revolución Libertadora a través de sus declaraciones, dos cuestiones pueden verse claramente: el fanatismo por el liberalismo económico y por la apertura del país al capital extranjero mientras se arrasaba con las conquistas laborales impuestas por el peronismo.

Al poco de asumir Aramburu dejó en claro que su principal función consistía en perseguir a quienes habían adherido al peronismo, en un mensaje desde Mendoza declaraba: “La revolución Libertadora, que ha triunfado total y definitivamente, desea dar por terminada la discordia entre los argentinos, y está decidida a que ningún sector del pueblo actúe como vencedor…Pero que no se equivoquen aquellos que conspiran contra la armonía y la recuperación nacional, pretendiendo confundir al pueblo para poder mantenerlo en el servilismo que necesitan las dictaduras…La frase‘ni vencedores ni vencidos’ no se refiere a ellos, ni tampoco a los grandes responsables del drama sombrío vivido por el país”. (49)

De esa manera desmentía la declaración que había realizado Lonardi, Aramburu y Rojas querían dejar en evidencia que sí había vencedores y también vencidos y que estos debían estar preparados para recibir su merecido.

El Ministro de Industria Alvaro Alsogaray en una exposición ante los altos mandos de las Fuerzas Armadas declaraba: “… es hora que los argentinos vayamos admitiendo que el país ha sido gobernado durante los 12 últimos años por un régimen de bandolerismo de baja categoría…El justicialismo quedará en lo económico como un ejemplo más de los fracasos que son habituales en este tipo de regímenes colectivistas…Nos proponemos implantar la plena vigencia del sistema de la libre empresa privada”. (50)

Así como Mitre justificó la desastrosa Guerra del Paraguay en la necesidad de imponer el libre comercio al heroico pueblo paraguayo, la libre empresa justificaba el golpe de estado contra la mayoría del pueblo argentino en boca de un político que nunca ganó una elección pero sí sirvió a varias dictaduras.

Una paradoja de los golpistas fue que impusieron una materia obligatoria en los colegios secundarios que se llamó “Educación Democrática”, cuya función era erradicar el pensamiento nacional e imponer el colonialismo mental, se enseñaba que había existido una “primera tiranía” referencia al rosismo y una “segunda tiranía” que fue la denominación para referirse al peronismo.

Mientras se enseñaba esta materia varias generaciones asistieron a una serie de golpes de estado que eran impulsados por los mismos que se autodenominaban “democráticos”, mientras cada una de las dictaduras iba incrementando el nivel de violencia hasta llegar al golpe de 1976 que fue el más sangriento de todos.

El presidente recorría el país mientras dejaba a cargo del Poder Ejecutivo al almirante Rojas, desde Concepción del Uruguay cuestionaba los proyectos sociales impulsados por el peronismo, así lo expresaba: “La mayor parte de las medidas sociales que sirvieron para la gran farsa y para crear el mito de amparo a los necesitados fueron sancionadas durante la primera mitad de la primera presidencia. Después hubo mucha propaganda y poca efectividad, algunos tratos de convenios con la intervención de la mágica mano e inflación o grandes funciones y espantosos negociados y corrupción. Tal es la verdad…El sindicalismo y el gremialismo no fueron inventados por magos contemporáneos. Sus expresiones son más viejas que cuantos ahora vivimos, y en nuestra tierra americana del Plata hace cuatro siglos mostró su cara el gremio, cuando aún ni se soñaba con esta patria bendita… El Estado democrático también necesita del sindicalismo por ser enemigo declarado del comunismo acechante”. (51)

The Wall Street Journal un vocero de los intereses financieros imperialistas publicaba un artículo bajo el titulo “El gobierno argentino corteja a las inversiones norteamericanas con miras a aumentar las exportaciones”, en la nota se decía: “Una importante prueba de la nueva actitud argentina se produjo exactamente la semana última, cuando el gobierno de Aramburu abolió la Constitución de Perón que daba al Estado amplias facultades para fomentar los recursos nacionales, nacionalizar los servicios públicos y, en general, entrar en el terreno de los negocios y fiscalizar las actividades económicas…La Argentina de hoy, después de Perón, está incrementando sus esfuerzos para atraer a los negocios extranjeros y las inversiones de ultramar a la tierra del gaucho”. (52)

El ministro Alsogaray continuaba predicando su extremismo liberal que incluía sacrificios para los trabajadores y cuantiosas ganancias para los empresarios, refiriéndose al plan energético decía:“…no habrá posibilidades de que incida en el bienestar de la población, si no estamos dispuestos a manejar la economía en general conforme a las normas más severas de austeridad, trabajo y aún sacrificio… Promover una gran actividad económica sobre la base de la implantación de la economía de libre empresa privada con vistas a elevar la producción en todos los órdenes. Dicha actividad deberá desarrollarse dentro de cierta limitación impuesta por razones sociales, pero sin que las mismas perturben las posibilidades de aquellas”. (53)

La Nación, el diario de la oligarquía, se mostraba eufórico con los planteos de Alsogaray, en una editorial elogiaba su “encomiable franqueza” pues este ministro le exigía a los trabajadores un mayor esfuerzo: “Significa la actitud mental de desear ganar más a través del propio esfuerzo, en lugar de la disposición de ánimo que lleva a luchar por un mejor salario a través de la limitación del esfuerzo. Naturalmente este no es método popular; sólo satisface a los hombres ambiciosos capaces y con aptitud espiritual para trabajar y hacer algún sacrificio, no está hecho para halagar a las masas como tales ni a los haraganes, ni a los perezosos”. (54)

Otro exponente característico del pensamiento reaccionario de la “libertadora” era el Ministro de Trabajo Raúl Migone que salía a advertir a los trabajadores sobre las restricciones al derecho de huelga, decía el funcionario: “Nosotros queremos reiterar que, en lo que se refiere a los servicios públicos, el gobierno está firmemente decidido, por lo menos, mientras dure la actual emergencia, a no permitir ningún movimiento de violencia que interrumpa la prestación de esos servicios públicos” y le pedía a los trabajadores paciencia y no reclamar por las conquistas que comenzaban a perder, solicitando “…un esfuerzo de paciencia y tranquilidad de parte de los trabajadores…”.

Preanunciaba por su parte lo que sería una ofensiva contra las conquistas que los trabajadores obtuvieron durante el gobierno peronista: “… tenemos que revisar los convenios para ver en qué medida la productividad puede penetrar en ellos, en esa maleza de seudos o reales conquistas sociales para tratar que el país adquiera una nueva dinámica…las conquistas sociales en el régimen depuesto no fueron tales”.

Para descalificar las conquistas laborales exponía una particular definición de los logros que obtenían los trabajadores “…se trata de una mejora de un sector social que merece el consenso colectivo y el reconocimiento jurídico de que es una mejora conveniente. Una mejora impuesta por un sector en beneficio propio, que no tiene consentimiento legítimo de toda la sociedad, no es tal conquista…Es un interés de un grupo, pero no forma parte del derecho reconocido por toda la colectividad social”. (55)

Para estos reaccionarios las conquistas de los trabajadores debían ser aceptadas por los patrones, aplicando esta teoría el Movimiento Obrero no hubiese logrado una sola conquista en la historia de la Humanidad, si hubiesen esperado la complacencia de patrones y gobiernos.

En octubre de 1956 el gobierno vuelve a hacer una demostración de sumisión vergonzosa a los Estados Unidos y de un accionar fuertemente represivo al anunciar la creación de la Junta de Defensa de la Democracia que dependía de la presidencia y que tendría la misión de vigilar las actividades de “agrupaciones extremistas”, de derecha e izquierda, en el comunicado se establecía una definición de lo que se entendía por organización comunista o criptocumnista como así también se procedía a definir lo que se entendía por infiltración comunista u organización totalitaria.

Producto de su posición pronorteamericana el gobierno recibía las consabidas felicitaciones del embajador de los Estados Unidos, Willard Bealuc expresaba: “Esta es una época emocionante en la Argentina. Vemos aquí, a un pueblo que ha sufrido profundas divisiones internas mientras vivía en un semiaislamiento de los pueblos extranjeros amigos. Vemos a esa nación retomando a sus primeros ideales, a su fe primitiva…Vemos a un gobierno dirigido por hombres patrióticos…”. (56)

Extraños tiempos se vivían en la Argentina cuando era un embajador extranjero quién determinaba quién era merecedor del término patriota, lo que no decía a qué patria eran leales los personajes que él elogiaba.

Cual predicador, el presidente recorría el país haciendo gala de su fe liberal, desde Santiago del Estero expresaba: “No caeremos en retrógrados nacionalismos. El capital será bienvenido de donde provenga, si nos trae progreso y riqueza…”. (57)

Y desde Trelew declaraba: “Insistimos en declararnos enemigos del estatismo que ahoga y anula. Apoyamos la liberación gradual de nuestra economía, porque no existe libertad en la política con opresión en lo económico”. (58)

Unos días después esta vez desde Viedma, Aramburu volvía a cargar contra el estatismo y a ensalzar el liberalismo económico: “El Estado-patrón es nuestro mal, un mal que fue infestando poco a poco las células sociales, hasta llegar a ser hoy admitido y natural”. (59)

A raíz del Día del Trabajador trataba de responder a los cuestionamientos por la eliminación de varias conquistas laborales: “Las conquistas sociales fueron el cebo para los bienpensados, y nada más. A cambio de ciertas ventajas y seguridades se armó un Poder Ejecutivo todo poderoso, se arrasó con el federalismo y quedaron empequeñecidos los poderes Legislativo y Judicial”.

Seguía explicando el presidente su posición con respecto a la cuestión laboral “Aclaremos que es propósito revolucionario depurar el sector trabajador de elementos nocivos, pero no destruirlo…Una crítica constante se observa alrededor de lo que se ha llamado congelación de salarios. Es exacto que los convenios de trabajo han sido validados por un año más. Pero también es exacto que muchos olvidaron los lineamientos fijados por el gobierno para su política de precios y salarios y que la producción no fue aumentada como las circunstancias lo exigían… El aumento masivo de salarios es nada más que inflación si no se acompaña con una mayor producción”.

También se refirió al derecho de huelga que estaba sometido a limitaciones por parte del gobierno: “Creemos en el derecho de huelga y lo sostenemos…Hoy la palabra ‘huelga’ llena irresponsablemente la boca de muchos dirigentes. Verdaderos dictadores de gremios, que por sus caprichos o genialidades condenan a sus representados a la disminución de ingresos y al aumentos de los costos”.

A continuación se vio obligado a referirse a las críticas por la represión a los sectores obreros: “Se dice que el gobierno trata de justificar una represión obrera en gran escala y esto que también se dice debemos incorporarlo a la galería de las mentiras. Recientemente hubimos de movilizar militarmente a un sector grande de trabajadores de servicios públicos. Creemos sencillamente haber cumplido con nuestro deber actuando en defensa del bienestar colectivo sobre quienes no supieron cumplir con el suyo”. (60)

También el vicepresidente salía de gira a recorrer el país, en esos viajes pretendían dar lecciones de democracia, de alguna manera los golpistas habían asumido la función de jueces para determinar quién era democrático y quién no lo era, desde Jujuy expresaba el almirante Rojas: “No merece la democracia el pueblo que la delega en un hombre, por comodidad, por fetichismo, por ineptitud, para discriminar sobre los problemas comunes. El personalismo es una forma larvada de dictadura y quienes lo hacen posible con su ciega adhesión traicionan el sentimiento real de la política democrática. Marchan detrás de los caudillos personalistas, quienes tienen vocación de servidumbre, mientras el ciudadano libre exige de los partidos ideas, programas, y de los hombres, desinterés, modestia, veracidad, mucha veracidad… Es preciso que hasta el más humilde de los argentinos empiece por comprender y reconocer lo que es, esencialmente la democracia”. (61)

Al cumplirse el segundo aniversario del golpe de estado, Isaac Rojas da un discurso desde la Escuela Naval de Río Santiago, paradójicamente utilizaba la efeméride golpista para dar nuevas lecciones al pueblo que no entendía demasiado sobre de qué iba la democracia, al menos no la entendía en la misma sintonía que el marino: “El hombre más humilde, el más desamparado de los argentinos, sabe hoy que nadie puede obligarlo a arrodillarse , ni ganará nada con ello, a cambio de perder su dignidad. Vemos con alegría como un triunfo de la Revolución, erguirse a muchos que ya habían perdido el hábito de alzar la frente, aún cuando ensayen su recobrada altanería, atacándonos con violencia y sin equidad. Los preferimos así, pero les advertimos que si toleramos los ataques al gobierno no adoptaremos la misma actitud cuando se pretenda atacar o tan sólo discutir la Revolución Libertadora”.

Y daba también una autentica lección de revanchismo: “No podíamos dejar sin castigo a los culpables y sin sanción a los que con su adhesión calculada, interesada, puesta a precio, hicieron posible la tiranía totalitaria… La impunidad, aunque se origine en el perdón, compromete la suerte del futuro… Sin odios y sin olvidos, entregaremos a la justicia a los culpables”.

Y descalificaba a los militantes peronistas llamándolos “…masas de hombres que perdieron a su amo, extraviadas y agitadas sin encontrar el rumbo de su propia liberación…”.

Como casi todas las exposiciones de los “libertadores” concluía con un llamado casi religioso a aceptar mansamente la incursión de los capitales extranjeros: “No temamos el porvenir. El será nuestro si no decidimos a romper las ataduras que están frenando nuestro progreso; ataduras mentales contra la libre empresa y contra el capital extranjero”. (62)

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(49) La Nación 9/1/1956
(50) La Nación 14/1/1956
(51) La Nación 2/5/1956
(52) La Nación 10/5/1956
(53) La Nación 9/5/1956
(54) La Nación 17/5/1956
(55) La Prensa 2/8/1956
(56) La Razón 1/12/1956
(57) El Mundo 28/10/1956
(58) La Prensa 18/2/1957
(59) La Prensa 19/5/1957
(60) La Prensa 2/5/1957
(61) La Prensa 21/7/1957
(62) La Prensa 16/9/1957

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