El Forjista

Biografía de José Francisco de San Martín

 

Capítulo 27 - La Patria por encima de todo

 

En julio de 1830 asumió Luis Felipe en Francia que inició una política agresivamente imperialista que lo llevaron a agredir a México, Argel y el Río de la Plata, entre 1838 y 1849 Inglaterra y Francia adoptaron una táctica común en América del Sur.

El primer bloqueo contra el gobierno argentino lo realizó la escuadra francesa al mando del almirante Leblanc en 1838, esta agresión contaba con el apoyo de los emigrados antirosistas que se encontraban en Montevideo, con la expectativa que esa agresión permitiera el derrocamiento de Rosas.

En una carta a Rosas el 5 de agosto de 1838, San Martín le decía: “… si usted me cree de alguna utilidad, que espere sus órdenes, tres días después de haberlas recibido me pondré en marcha para servir a la patria honradamente, en cualquier clase que me destine”.

Rosas contestó inmediatamente con muchos elogios pero declinó el ofrecimiento “tanto más cuando concibo que, permaneciendo usted en Europa, podrá prestar en lo sucesivo a esta República sus buenos servicios en Inglaterra y Francia”.

La utilización de la Banda Oriental como foco de conspiración y desestabilización de la Confederación mostraba la razón por la cual Inglaterra había fomentado la “independencia” de esa provincia.

Lo que pretendían los agresores era lo que ellos llamaban la libre navegabilidad de los ríos interiores sin restricciones de ningún tipo lo que significaba un desconocimiento de la soberanía nacional.

El 10 de julio de 1839 San Martín le escribía a Rosas para decirle: “Lo que no puedo concebir es que haya americanos que por su indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”.

Rosas nombró al Libertador ministro plenipotenciario ante el Perú, pero éste no lo aceptó porque cobraba una pensión anual de ese país y explicaba que no podía ejercer adecuadamente su función ante un Estado al que debe favores generosos.

Poco después el presidente de Chile lo invitó a regresar a ese país diciendo: “donde tendrá un retiro honorable en el seno de sus amigos que no dejan de ser bastantes”, y el Congreso chileno dispuso: “El general don José de San Martín se considerará por toda su vida como en servicio activo en el ejército y se le abonará el sueldo íntegro correspondiente a su clase, aun cuando resida fuera del territorio de la república”.

El 19 de octubre de 1840 se firmó un acuerdo con los franceses, el gobierno de la Confederación reconocía las indemnizaciones a los franceses que habían sufrido pérdidas en el país desde dos años antes, se levantaba el bloqueo y se devolvería la isla Martín García en poder de los franceses y los barcos apresados, se permitía la repatriación de los proscriptos con excepción de los generales y comandantes de cuerpos, el gobierno argentino reconocía la independencia de Uruguay y ambos países se consideraban recíprocamente como nación más favorecida.

Sin embargo las hostilidades en la Banda Oriental continuaron con los blancos al mando del general Oribe, aliado de Juan Manuel de Rosas y los colorados de Fructuoso Rivera, aliado de los unitarios emigrados en el Uruguay.

Montevideo quedó sitiada por tierra por Oribe y por mar por el Almirante Brown, mientras se produjo la intervención de Francia ahora aliada con Inglaterra que se apoderaron de algunos barcos de Brown y comenzaron a abastecer a la ciudad sitiada.

Otro de los europeos que intervino fue Giusseppe Garibaldi que en estas tierras tuvo una conducta propia de un pirata, saqueando ciudades como Gualeguaychú, tomando Colonia y apoderándose de la Isla Martín García.

Ante los avances de las tropas agresoras el gobierno de Rosas montó en la Vuelta de Obligado cuatro baterías con 18 cañones, 160 artilleros y 60 de reserva, acompañados por 1000 milicianos todos a las órdenes del general Lucio Mancilla.

Se había cerrado el río con tres cadenas con el extremo opuesto amarrado al bergantín Republicano de seis cañones al mando del capital Tomas Craig, las cadenas corrían por unos 20 barcos desmantelados y fondeados en línea.

El 19 de noviembre de 1945 se efectuó el ataque, las fuerzas enemigas estaban constituidas por 11 buques de guerra con 99 cañones de gran calibre, se combatió durante siete horas las fuerzas argentinas combatieron hasta que se le terminaron las municiones, finalmente los barcos pudieron pasar, el general Mansilla fue alcanzado en el estómago por un proyectil.

Las tropas patriotas tuvieron 650 bajas contra 150 de los enemigos, que si bien pudieron sortear los obstáculos no quedaron en condiciones de ocupar ninguna ciudad.

El coronel unitario Martiniano Chilavert renunció a su partido porque invocaba “doctrinas a las que deben sacrificarse el honor y el porvenir del país” y que establecían “la disolución de la nacionalidad” era la reacción ante los emigrados argentinos que apoyaban a los invasores y festejaban la muerte de compatriotas.

Luego de esa batalla llegó a Buenos Aires 13 de julio de 1846 el británico Thomas Hood en representación de las dos potencias europeas con la intención de llegar a un acuerdo forzado por las críticas de la prensa y el Parlamento británico a continuar con ese conflicto, pero este fracasó por la presión del oriental Fructuoso Rivera, recrudeciendo los combates y restableciendo el sitio de Montevideo por parte de la tropa de Oribe.

La opinión pública británica siguió presionando para terminar con el conflicto pero además los comerciantes de esa nacionalidad estaban preocupados por la pérdida del comercio con el Río de la Plata, en tanto que en Francia en 1848 una revolución derroca a Luis Felipe dando inicio a la Segunda República.

24 de noviembre de 1849 se firma el acuerdo con Inglaterra por el cual esta potencia se comprometía a devolver la isla Martín García y los barcos apresados, a saludar el pabellón argentino con 21 cañonazos como símbolo de desagravio, mientras que la Confederación se comprometía a retirar las tropas de la Banda Oriental pero sólo después que lo hicieran los franceses, Gran Bretaña se ofrecía de mediadora con Francia, se reconocía al río Paraná como un río interior de la Confederación sometido a  las leyes del país y del río Uruguay de manera compartida con la Banda Oriental.

El 31 de agosto de 1850 se firmó un tratado con Francia que se comprometía a retirar sus fuerzas del Río de la Plata reconociendo la soberanía argentina de los ríos y desagraviaba la bandera argentina.

Por la actitud de Rosas ante el bloqueo de las potencias europeas, en su testamento redactado el 23 de enero de 1844 dispuso que:  “El sable que me ha acompañado en toda la Guerra de la Independencia de la América del Sud, le será entregado al general de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que tratan de humillarla”.

Esto no le será perdonado por los unitarios, Valentín Alsina en su carta a Félix Frías del 9 de noviembre de 1850 expresaba: “Como militar fue intachable, un héroe; pero en lo demás era muy mal mirado de los enemigos de Rosas. Ha hecho un gran daño a nuestra causa con sus prevenciones, casi agrestes y serviles, contra el extranjero. Era de los que en la causa de América no ven más que la independencia del extranjero, sin importársele nada de la libertad y sus consecuencias. Nos ha dañado mucho fortificando allá y aquí la causa de Rosas, con sus opiniones y con su nombre; y todavía le da a Rosas, tan luego, su espada”.

En carta a su amigo Gregorio Gómez del 21 de septiembre de 1839, deja en claro que no apoyaba a Rosas sino su actitud contra los agresores extranjeros: “Tu conoces mis sentimientos y por consiguiente yo no puedo aprobar la conducta del general Rosas cuando veo una persecución general contra los hombres más honrados de nuestro país, por otra parte el asesinato del doctor Maza me convence de que el gobierno de Buenos Aires no se apoya sino en la violencia. A pesar de esto, yo no aprobaré jamás el que ningún hijo del país se una a una nación extranjera para humillar a su patria”.

San Martín además vivía en uno de los países agresores, pero no especuló con posibles represalias al enterarse del heroico combate en la Vuelta de Obligado cuando los criollos enfrentaron a la escuadra anglo-francesa en una carta a Rosas le decía: “Ahora los gringos sabrán que los criollos no somos empanadas que se comen así nomás sin ningún trabajo”.

Y el 11 de noviembre de 1846 le volverá a ofrecer sus servicios a Rosas para luchar por su patria agredida: “sin embargo demostrarían que ante la injustísima agresión y abuso de la fuerza de Inglaterra y Francia contra nuestro país, este tenía aún un viejo defensor de su honra e independencia. Ya que el estado de mi salud me priva de esta satisfacción, por lo menos me complazco en manifestar a usted estos sentimientos, así como mi confianza no dudosa del triunfo de la justicia que nos asiste”.

El 28 de diciembre de 1845 le escribió al cónsul argentino en Londres George Frederick Dickson que éste hizo publicar en el periódico The Morning Chronicle, el diario aclaraba: “Creemos que es apenas necesario informar a nuestros lectores acerca de que el general San Martín es el libertador de la Argentina, Chile y Perú.

Su carta fue leída en el Parlamento Británico según Felipe Pigna esta carta sirvió para disuadir a los sitiadores de entablar negociaciones con nuestro país.

Decía la carta: “Por otra parte, es menester conocer (como la experiencia lo tiene ya mostrado) que el bloqueo que se ha declarado no tiene en las nuevas repúblicas de América la misma influencia que lo sería en Europa; este solo afectará a un corto número de propietarios, pero a la masa del pueblo que no conoce las necesidades de estos países le será bien diferente su continuación. Si las dos potencias en cuestión quieren llevar más adelante sus hostilidades, es decir declarar la guerra, yo no dudo que con más o menos pérdidas de hombres y gastos se apoderen de Buenos Aires… pero aún en ese caso estoy convencido, que no podrán sostenerse por largo tiempo en la capital, el primer alimento o por mejor decir el único del pueblo es la carne, y es sabido con qué facilidad pueden retirarse todos los ganados en muy pocos días a muchas leguas de distancia, igualmente que las caballadas y todo medio de transporte, en una palabra, formar un desierto dilatado, imposible de ser atravesado por una fuerza europea, estoy persuadido será muy corto el número de argentinos que quiera enrolarse con el extranjero, en conclusión, con siete u ocho mil hombres de caballería del país y 25 o 30 piezas de artillería volante, fuerza que con una gran facilidad puede mantener el general Rosas, son suficientes para tener en un cerrado bloqueo terrestre a Buenos Aires”.

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