El Forjista

Biografía de José Francisco de San Martín

 

Capítulo 16 - Unitarios y Federales

 

Mientras San Martin planeaba y se esforzaba por obtener recursos para completar su campaña libertadora, las Provincias Unidas de Río de la Plata estaban embarcadas en una guerra civil y la provincia Oriental luchaba denodadamente contra el invasor portugués cuyo mayor esfuerzo recaía casi exclusivamente en el caudillo José Gervasio Artigas que con la táctica de guerra de guerrillas trataba de mantener en jaque a un ejército superior en poderío.

El gobierno dirigido por Pueyrredón concentraba sus esfuerzos en una guerra contra las provincias que respondían a Artigas: Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe, las tropas enviadas desde Buenos Aires fueron derrotadas sucesivamente, mientras Francisco Ramírez el caudillo entrerriano cruza a la Banda Oriental tratando de colaborar con Artigas, los portugueses asolaron los pueblos del litoral incendiando Yapeyú el pueblo donde había nacido el Libertador.

Pueyrredón procede a desviar tropas que estaban destinadas a luchar contra los realistas para escarmentar al caudillo santafesino Estanislao López, pero su intento tuvo un resultado desfavorable.

San Martín realizó esfuerzos por pacificar el país y concentrar todas las energías en combatir a españoles y portugueses, por eso le escribió a Artigas una larga carta diciéndole: “… cuando me hallo con noticias de haberse roto las hostilidades por las tropas de usted y de Santa Fe contra las de Buenos Aires: la interrupción de correos, igualmente que la venida del general Belgrano con su ejército de la provincia de Córdoba, me confirmaron este desgraciado suceso: el movimiento del ejército del Perú ha desbaratado todos los planes que debía ejecutarse pues como dicho ejército debía cooperar en combinación con el que yo mando, ha sido preciso suspender todo procedimiento por este desagradable incidente…”.

“No puedo, ni debo, analizar las causas de esta guerra entre hermanos y lo más sensible es que siendo todos de iguales opiniones en sus principios, es decir, de la emancipación e independencia absoluta de la España, pero sean cuales fueren las causas, creo que debemos cortar toda indiferencia y dedicarnos a la destrucción de nuestros crueles enemigos, los españoles, quedándonos tiempo, para transar nuestras desavenencias como nos acomode, sin que haya un tercero en discordia… Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos me llega al corazón. Paisano mío, hagamos un esfuerzo, transemos todos y dediquémonos únicamente a la destrucción de los enemigos que quieren atacar nuestra libertad…”.

El caudillo santafesino López firmó un armisticio con Pueyrredón, el cual no es aprobado por Artigas, el Director aprovecha esta transitoria calma para instaurar en mayo de 1819 una constitución unitaria que provocó el rechazo de todas las provincias, en vista de las reacciones procede a renunciar el 19 de julio y es reemplazado por José Rondeau.

La constitución concedía a los directores supremos radicados en Buenos Aires la suma de los poderes mayor a la que tenían los virreyes, los cabildos del interior carecían de la facultad de designar a las autoridades provinciales, mientras que los comerciantes y hacendados de Buenos Aires mantenían el control de la aduana y el puerto único.

La Gaceta de Buenos Aires decía el 15 de diciembre de 1819: “Los federalistas no solo quieren que Buenos Aires no sea la capital sino que, como perteneciente a todos los pueblos, divida con ellos el armamento, los derechos de aduana y demás rentas generales; en una palabra, que se establezca una igualdad física entre Buenos Aires y las demás provincias, corrigiendo los consejos de la Naturaleza que nos ha dado un puerto y unos campos, un clima y otras circunstancias que le han hecho físicamente superior a otros pueblos y a la que por las leyes inmutables del orden del universo, está afectada cierta importancia moral de cierto rango”.

Y seguía su perorata unitaria mostrando su desprecio por las provincias: “Los federalistas quieren en grande lo que los demócratas jacobinos en pequeño. El perezoso quiere tener iguales riquezas que el hombre industrioso; el que no sabe leer optar a los mismos empleos que los que se han formado estudiando: el vicioso, disfrutar el mismo aprecio que los hombres honrados”.

El Congreso que sesionaba e Buenos Aires en reunión secreta en octubre de 1819 procedió a la aceptación de la candidatura del príncipe de Luca pero ese proyecto claudicante debió ser archivado porque de nuevo la soberbia ciudad estaba amenazada por los caudillos del Litoral.

Ese mes se rompió el armisticio con Santa Fe cuando López tuvo evidencias que Rondeau le pidió al general Lecor, gobernador portugués de Montevideo, que cruzara el Paraná para terminar con los rebeldes argentinos.

Las tropas de Santa Fe y Entre Ríos marcharon hacia Buenos Aires, en tanto en una lucha desigual Artigas estaba a punto de ser derrotado por los portugueses, casi todo el esfuerzo debió realizarlo él, ante el desinterés de Buenos Aires por evitar que esa provincia cayera en manos invasoras.

El gobierno de Buenos Aires comete el desatino de inmiscuir a Belgrano en la guerra civil, cosa que intentó sin resultado con San Martín, actitud que la clase dominante de Buenos Aires nunca olvidará y siempre intentará recordárselo como si su decisión de negarse a matar compatriotas fuera una equivocación.

El ministro de Guerra de Rondeau, el doctor Tagle decidió utilizar el ejército de San Martín ubicado en Cuyo y el ejército del Norte comandado por Belgrano para aplastar el levantamiento montonero, la resistencia de San Martín decidió a Tagle a sustituirlo en el mando en Cuyo, su reemplazante fue el general Marcos Balcarce, pero una partida de Estanislao López apresó a Balcarce permitiendo que el Libertador se trasladara a Chile para seguir su combate contra los realistas.

Las tropas al mando de Belgrano se rebelan en su negativa a combatir contra sus compatriotas, Belgrano es detenido en Tucumán junto al gobernador de la provincia.

San Martín le escribió a Manuel Antonio Castro gobernador de Córdoba: “Antes de ayer regresé del campo algo más convaleciente de un ataque furioso de reumatismo, que me cargó al pecho y me tuvo en bastante riesgo; si mi mejora continua, pienso pasar en toda la semana entrante a tomar los baños de Cauquenes; única esperanza que -según los facultativos opinan- me queda de poder recuperar mi salid. Tenemos noticias favorables del Perú. Bolívar se ha apoderado de la capital de Nueva Granada ¡Cuándo querrá la suerte que cesen estas desavenencias y tengamos juicio! Crea usted que esto me incomoda más que todos mis padecimientos”.

El 8 de enero de 1820 el ejército del Norte al mando del coronel Juan Bautista Bustos enviado a combatir a los caudillos del litoral se rebela en Arequito, Santa Fe, dos días después se subleva el batallón de Cazadores en San Juan, San Martín ya estaba en Chile cuando se entera de estos acontecimientos.

El 1° de Febrero en Cepeda las fuerzas de los caudillos del litoral vencen a las tropas del director Rondeau, la ciudad de Buenos Aires recibe espantada el desfile de los gauchos federales, así lo expresaba un testigo porteño: “Después del tratado, Sarratea se permitió volver a Buenos Aires acompañado de Ramírez, de López y Carrera y de numerosas escoltas de hombres desaliñados, vestidos de bombachas y ponchos sin que pudiera distinguirse quienes eran jefes y quienes soldados. Toda esta chusma ató los redomones en las verjas de la Pirámide y subió al Cabildo de Mayo donde se la había preparado un refresco de beberaje en festejo de la paz. Fácil es conjeturar la indignación y la ira del vecindario al verse reducido a soportar tamañas vergüenzas y humillaciones”.

En tanto el Libertador decide renunciar ante la falta de apoyo de Buenos Aires y por la renuncia de Pueyrredón que había sido el director con el que había acordado su proyecto libertador, pero cuando le hizo saber su decisión a sus principales oficiales estos la rechazaron y le hicieron ver que sin él, todo el proyecto estaba en duda.

Buenos Aires firmó con los caudillos federales el tratado de la Capilla del Pilar por el que se aceptaba la federación y se sometía la organización nacional a un Congreso. El tratado tenía una cláusula reservada por la cual los caudillos recibirían una cantidad de dinero y armamento.

Las distintas corrientes políticas de Buenos Aires comenzaron las intrigas para disputarse la gobernación: Marcos Balcarce, Alvear apoyado por el chileno Carrera y Sarratea se anotaban en esa carrera.

Sarratea intentó enjuiciar a los directores y al Congreso por alta traición por el intento de coronar un príncipe extranjero y por la pasividad ante la ocupación de la Banda Oriental.

Pero la opinión mayoritaria en Buenos Aires apoyaba los desatinos de los directores anteriores se designó de manera interina a Ramos Mejía, el poder que había sido derrotado en Cepeda seguía gobernando la ciudad.

Ante esas circunstancias Estanislao López decide regresar a la ciudad para restablecer el orden, Ramírez en cambio parte a Entre Ríos a terminar por la fuerza con las diferencias que surgieron con Artigas porque éste discrepaba con los arreglos que había realizado el entrerriano con los porteños.

El tratado del Pilar significó una puñalada por la espalda contra Artigas, el convenio no respetaba los intereses de caudillo oriental, ni de esa provincia, en lo relativo a combatir a los portugueses que era su mayor preocupación.

López y Ramírez se ocuparon exclusivamente de la situación de sus provincias y olvidaron los padecimientos de la Banda Oriental invadida por los portugueses, los caudillos del litoral también eran librecambistas y pretendían de Buenos Aires que le diera vía libre para comerciar con el exterior, obtenido eso lo demás pasaba a segundo plano.

El historiador Jorge Abelardo Ramos lo expresaba de la siguiente manera: “Sus divergencias con la burguesía porteña radicaban en que ésta última monopolizaba el puerto y cerraba los ríos interiores a la navegación comercial extranjera, exigida por dichas provincias y acaparada por Buenos Aires”.

Ramírez pactó con Buenos Aires a espaldas de Artigas, que se retiraba diezmado de la batalla de Tacuarembó pero resuelto a reiniciar la lucha, el mismo entrerriano reconocía que no quería que sus coprovincianos se enteraran del acuerdo al que había llegado con los porteños: “No he anoticiado a la provincia del auxilio que se nos presta, porque me abochorno, y tal vez causaría una exaltación general en los paisanos”.

Ramírez se dirige al gobierno de Buenos Aires reclamando los auxilios en vista del tratado secreto que había firmado, las armas y los recursos llegaron para enfrentar a Artigas, éste le escribe a Ramírez señalándole haberse entregado a la facción porteña con el tratado de Pilar, y de apoderarse de unos fusiles que le correspondían a su ejército.

Así se dirigía Artigas a quien había sido su lugarteniente: “Este acto injustificable es propio solamente de aquel que habiéndose entregado en cuerpo y alma a la facción de los pueyrredonistas, procura ahora privar de sus armas a los pueblos libres para que no puedan defenderse del portugués…” y sobre el tratado del Pilar expresaba: “Y no es menor crimen haber hecho ese vil tratado sin haber obligado a Buenos Aires a que declarase la guerra a Portugal y entregase fuerza suficientes para que el Jefe Supremo y Protector de los Pueblos Libres pudiese llevar a cabo esa guerra y arrojar del país al enemigo aborrecido que trata de conquistarlo. Esa es la peor y más horrorosa de las traiciones de V.S.”.

El 24 de junio de 1820 chocaron las fuerzas de Artigas y Ramírez en Las Tunas, donde las tropas de Artigas fueron aniquiladas, Ramírez inicia la persecución del oriental que se ve obligado a presentar batalla casi a diario ayudado por los paisanos que se sumaban a sus fuerzas, por el prestigio que mantenía el caudillo oriental.

Pero ya extenuado Artigas debe refugiarse en el Paraguay gobernado por el doctor Francia, cuando la Banda Oriental fue declarada como nación independiente por la presión inglesa expresó: “Ya no tengo patria”.

El 20 de junio fallece Manuel Belgrano, la noticia pasa desapercibida en la ciudad de Buenos Aires convulsionada por los asuntos políticos porque fue el día conocido como el de los tres gobernadores.

La situación política en la ciudad de Buenos Aires seguía inestable por las disputas entre las distintas corrientes políticas y los enfrentamientos de las tropas de la ciudad con las del caudillo santafesino, Estanislao López, Dorrego obtiene una victoria sobre López, pero luego cuando se interna en Santa Fe es derrotado el 2 de septiembre y debe retirarse.

El gobernador de Córdoba Bustos, que mantenía una comunicación permanente con San Martín y Güemes se ofreció como mediador entre Buenos Aires y Santa Fe, el 4 de noviembre se firmó el tratado de Benegas donde se comprometían que los gobernadores promoverían la reunión de un Congreso en el plazo de dos meses que se realizaría en Córdoba. Por este acuerdo López recibía 25000 cabezas de ganado.

Este acuerdo de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires dejaba afuera a Ramírez quién ahora señala que Buenos Aires no había cumplido el Tratado del Pilar y decide volver a enfrentarse a Buenos Aires, reclamando la colaboración de López quien recién había firmado el tratado de Benegas y no estaba dispuesto a volver a combatir.

La reacción de entrerriano fue invadir Santa Fe pero es derrotado por las tropas aunadas de López, Bustos y Buenos Aires que envía 1900 soldados, la derrota final se produce en Río Seco donde son destruidas las fuerzas de Ramírez, que logra escapar seguido de unos pocos soldados y su compañera Delfina que es apresada cuando su caballo es derribado, Ramírez decidió volver a rescatar a su amada pero fue muerto de un disparo en el pecho, su cabeza fue cortada y enviada a López.

Buenos Aires lograba desprenderse de dos de los principales caudillos federales Artigas y Ramírez, sin tener que enfrentarlos con sus tropas sino haciéndolos pelear entre ellos.

La guerra civil también se desarrollaba en el norte entre el gobernador de Tucumán Bernabé Araoz y el caudillo de Salta el general Güemes, aquél intrigaba con los españoles para derrocar al salteño.

San Martín había designado a Güemes jefe del ejército de observación para incursionar en el Alto Perú colaborando con la expedición al Perú, el salteño estaba aliado con el gobernador de Santiago del Estero coronel Felipe Ibarra y con el coronel tucumano Alejandro Heredia.

El general realista Olañeta aprovechó las disputas internas para invadir Salta se apoderó primero de Jujuy con 1000 soldados y mandó una vanguardia a Salta pero fue derrotado.

Mientras Güemes era derrotado por Araoz lo que fue aprovechado por sus adversarios locales para deponerlo pero ni bien el caudillo regresó a Salta el pueblo lo aclamó y lo repuso en el mando.

Olañeta siguió avanzando sobre Salta con un regimiento de 900 soldados al mando del coronel Valdés consiguiendo ingresar una noche en la misma plaza de Salta, al oír disparos Güemes salió de su casa y fue tiroteado recibiendo una herida grave de la que moriría unos días después en su campamento del Chamical.

Olañeta ocupó Salta con 2000 veteranos, pero los gauchos de Güemes lo obligaron a retirarse después de tres meses, en lo que sería la última invasión realista, los españoles debieron concentrarse en Perú después del desembarco del ejército libertador en ese país.

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