El Forjista

Biografía de José Francisco de San Martín

 

Capítulo 9 - Gobernador de Cuyo

 

Hasta 1776 Cuyo se encontraba dentro de la jurisdicción de Chile, ese año fue incorporada al Virreinato del Río de la Plata integrando la provincia de Córdoba, recién a fines de 1813 el segundo Triunvirato creó la gobernación de Cuyo.

Llegó a Mendoza en los primeros días de 1814 con la intención de organizar un ejército que emprendiera la liberación de la parte de continente que aún era sojuzgado por el imperio español, la ciudad contaba apenas con una milicia de 400 soldados muy mal equipados y sin una organización que le permitiera la emprender la monumental tarea que tenían asignada, en el resto de la provincia había otros 500 soldados en idénticas condiciones.

Es esta provincia San Martín pudo demostrar sus condiciones de líder político y como un eficaz y honesto administrador, su proyecto original consistía en conformar una pequeña fuerza que con la colaboración de Chile que se encontraba en manos de patriotas emprendiera el ataque a Lima.

Pero sus planes se vieron modificados porque Chile volvió a poder de los realistas, a fines de febrero de 1813 una expedición enviada desde Perú desembarcó en el sur del país, ante estas circunstancias el gobierno de Buenos Aires envía a 300 hombres a Chile, pero entre enero y agosto de 1814 se producen más desembarcos de los realistas en Chile, que en octubre logran una victoria definitiva en Rancagua obligando a los miles de patriotas a cruzar la cordillera para refugiarse en Cuyo.

Ante estas circunstancias San Martin debía recuperar Chile para luego pensar en Lima, su primera tarea fue abocarse a recibir a los exiliados chilenos y estar pendiente que no se produzca un ataque desde Chile.

Le ordena al Cabildo que organice el alojamiento de los refugiados y envía provisiones a Uspallata para atender las necesidades de los chilenos y le ordena a Las Heras que cubra la retaguardia de quienes fugaban de Chile para que no sean hostigados por los realistas.

Más de 2000 chilenos cruzaron la cordillera escapando de la saña del general español Mariano Osorio cuyos hombres realizaban saqueos, incendios y ejecuciones masivas.

También llegaron dos líderes de la revolución chilena José Miguel Carrera y Bernardo O’Higgins quienes mantenían serias diferencias entre ellos, Carrera había luchado en España contra la invasión napoleónica, conoció a San Martín y Alvear en Cádiz, en Londres se sumó a la Logia de Caballeros Racionales, mientras que O’Higgins había conocido a Francisco de Miranda en Londres y se sumó a la causa de la independencia, siendo enviado en 1802 por la Gran Reunión Americana a Chile donde organizó una red clandestina para difundir las ideas de Miranda.

Después de la derrota en Rancagua las diferencias entre ambos bandos se agravaron, San Martín se sintió más identificado con O’Higgins por lo que decidió enviar a Carrera a Buenos Aires, ante la negativa de este a marcharse tuvo que recurrir a la fuerza rodeando su campamento e intimándolo a cumplir con su orden, ya en Buenos Aires Carrera se convierte en socio de Alvear.

El gobernador de Cuyo debió recurrir a drásticas medidas económicas para poder conformar el ejército libertador, los mayores recursos de la provincia provenían del comercio con Chile, que estaba cortado a partir de que los españoles nuevamente controlaban el país trasandino.

Una de las medidas adoptada consistió en dejar de enviar a Buenos Aires lo recaudado en concepto de gravamen por los productos cuyanos, también dejó de enviar a Córdoba el diezmo eclesiástico.

Un poco después aplicó una contribución extraordinaria como impuesto a la riqueza a razón de medio peso por cada mil de bienes declarados, gravamen que recaía en los más ricos, también expropió las propiedades de los españoles prófugos y declaró patrimonio público los bienes de los españoles muertos sin realizar testamento.

Bajo la dirección de Fray Luis Beltrán creó un taller metalúrgico para fabricar armas, convirtiéndose en el mayor establecimiento industrial del país donde trabajaban 700 operarios.

Organizó el servicio de correo y de policía, le dio trabajo a quienes no lo tenían para blanquear las casas y mantener limpia la ciudad.

Dictó la primera ley que contempló los derechos de los peones rurales, obligando a los patrones a dejar constancia del salario que recibían sus trabajadores.

Fomentó la salud y la educación para todos, reglamentó el sistema carcelario, prohibió los castigos corporales a los niños en las escuelas, promovió la protección del vino cuyano.

El Cabildo se opuso a la suspensión de los castigos físicos a los niños en las escuelas, por lo cual se llegó a una salida intermedia por la que se permitían los azotes en la palma de la mano con un guante colocado.

Fundó escuelas y bibliotecas porque entendía que la educación era fundamental para lograr un cambio positivo en la sociedad.

Fundó en colaboración de Godoy Cruz el primer colegio secundario de Mendoza el 17 de noviembre de 1817, su plan de estudio incluía materias como filosofía, física, matemáticas, historia, geografía, dibujo, nociones de derecho, después se incorporaron otras como arquitectura civil, militar e hidráulica.

El Cabildo le había otorgado una finca, él decidió entregar parte de las ganancias de la finca a mejorar ese colegio.

Emitió un decreto el 17 de diciembre de 1814 por el cual hizo obligatorio la vacunación contra la viruela, un año después realiza una inspección de los hospitales para fiscalizar como se utilizaron los fondos.

Ordenó la construcción de un nuevo establecimiento carcelario y se preocupó porque los presos sean tratados respetando sus derechos y evitando la crueldad, así decía: “Me ha conmovido la noticia que acabo de oír de que a los infelices encarcelados no se les suministra sino una comida cada veinticuatro horas… Aquel escaso alimento no puede conservar a unos hombres, que no dejan de serlo por considerarles delincuentes. Muchos de ellos sufren un arresto precautorio sólo en clase de reos presuntos. Las cárceles no son un castigo, sino el depósito que asegura la que deba recibirlo…Conozca el mundo que el genio americano abjura con horror las crueles actitudes de sus antiguos opresores y que el nuevo aire de libertad que empieza a respirarse extiende un benigno influjo a todas las clases del Estado”.

Con estas decisiones el gobernador se fue ganando un enorme prestigio entre la mayoría de los cuyanos, aunque algunos poderosos comenzaron a mostrar preocupación por sus medidas.

Se usaban cabalgaduras y carretas gratuitamente, se confiscaban alfalfares para la caballada y se disponían del trabajo de personas sin remuneración, pero en la mayoría de casos las personas se ofrecían antes que se les pidiera su colaboración.

Los artesanos se presentaron a servir en los talleres militares sólo a cambio de la comida sin remuneración y las mujeres contribuían cosiendo los uniformes.

Antes de la derrota definitiva de Napoleón, en septiembre de 1814, los representantes de Austria, Rusia, Prusia e Inglaterra se reunieron en el Congreso de Viena para promover la restauración del viejo orden social y político existente antes de la Revolución Francesa y desalojar de los gobiernos a todos aquellos que lo hicieron en nombre de la revolución.

Fernando VII regresaba al trono de España para liquidar y encarcelar a quienes habían peleado contra el invasor francés en su nombre, derogó la Constitución liberal y se propuso recuperar las colonias americanas que se habían dejado seducir por la revolución emancipadora.

Ante el peligro el Directorio no vio otra salida que enviar a Belgrano y Rivadavia a negociar en Europa la coronación en el Río de la Plata de un príncipe de la familia Borbón, entre las instrucciones que recibieron estaba la de visitar a Fernando VII para felicitarlo por su retorno al trono.

El director Posadas le envía una carta a San Martín el 18 de julio de 1814 donde expresa sus temores:  “El maldito Bonaparte la embarró al mejor tiempo expiró su tiempo… y nos ha dejado en los cuernos del toro. Nuestra situación política ha variado mucho y por consiguiente deben también variar nuestras futuras medidas”.

El temor de Posadas era por el envío de un contingente de 10.000 hombres que preparaba España para escarmentar a los revolucionarios americanos, pero la toma de Montevideo determinó que esa expedición fuera enviada a combatir a los patriotas en Colombia y Venezuela.

Posadas intentó realizar otra maniobra para beneficiar a Alvear, nombrándolo al frente del Ejército del Norte como antes había realizado en Montevideo, pero esta vez los oficiales se amotinaron y le informaron a Posadas que la presencia de su sobrino no sería bien recibida.

Ante esta desautorización en enero de 1815 Posadas renuncia como Director y deja el puesto a su sobrino Carlos de Alvear que apenas podrá gobernar tres meses lo que no le impidió provocar todo tipo de desastres.

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