El Forjista

Biografía de José Francisco de San Martín

 

Capítulo 6 - Rebelión contra el Triunvirato

 

El futuro libertador medía 1,80, era de tez morena, cuando arribó a Buenos Aires tenía una tonada andaluza, pero que fue modificando al vivir en estas tierras por eso cuando Alberdi lo visitó en la vejez en Europa, remarcó que tenía una tonada americana.

Trajo de Europa una gran cantidad de libros, le gustaba las matemáticas, jugar al ajedrez, tenía el hobby de la carpintería y la jardinería, disfrutaba de la pintura a la que se dedicaba en los pocos ratos de ocio y luego más asiduamente en el exilio, consideraba que la pintura era su segunda profesión cuando afirmaba que de no haber sido militar se hubiera dedicado a la pintura.

Conocía el inglés y el francés, en su biblioteca siempre había libros en esos idiomas, era buen bailarín, tocaba la guitarra y era un excelente jinete y buen tirador, era devoto de la virgen de las Mercedes.

A pesar de la plena actividad que desplegó hasta su retiro en Europa nunca tuvo una buena salud, adolecía de asma, reuma, gota y úlcera estomacal, enfermedades que muchas veces lo obligaron a tomarse un descanso al que se resistía.

Cuando San Martín y los otros patriotas llegaron a Buenos Aires, la revolución estaba empantanada y había perdido el rumbo desde el momento en que Mariano Moreno fue desplazado.

En el Triunvirato que gobernaba empezaba a mostrar su influencia el nefasto Bernardino Rivadavia que defendía los intereses de la burguesía comercial porteña, tenía una postura liberal en lo económico y estaba dispuesto a sacrificar el territorio nacional para resguardar los intereses de los poderosos mercaderes de Buenos Aires.

San Martín recordó su arribo a la ciudad de la siguiente manera “Yo llegué a Buenos Aires a principios de 1812 y fui recibido por el triunvirato, por uno de ellos vocales con favor y por los otros con una desconfiada muy marcada”.

Quién simpatizaba con San Martín era Juan Martín de Pueyrredón, los que lo miraban con suma desconfianza eran Rivadavia y Chiclana.

En octubre de 1811 los portugueses invadieron la Banda Oriental ello hizo que el Triunvirato firmara un armisticio con los realistas que gobernaban esa provincia y decide levantar el bloqueo sobre Montevideo que mantenía el caudillo oriental José Artigas, quién no fue consultado para adoptar la decisión que dejaba a los orientales librados a su suerte.

Artigas ordenó un éxodo de la población cruzando el Río Uruguay y asentándose en las cercanías de la actual Concordia, en una gesta digna del heroísmo y el patriotismo del pueblo oriental en lo fue otra gesta similar al éxodo jujeño liderado por Manuel Belgrano.

Artigas le escribió el 7 de diciembre de 1811 a la Junta de Paraguay: “Ellos lo han resuelto, y ya veo que va a verificarlo: cada día miro con admiración sus rasgos singulares de heroicidad y constancia unos quemando sus casas y los muebles que no podían conducir, otros caminando leguas a pie por falta de auxilios, o por haber consumido sus cabalgaduras en el servicio: mujeres ancianas, viejos decrépitos, párvulos inocentes acompañan esta marcha, manifestando todos la energía y resignación en medio de todas las privaciones. Yo llegaré muy en breve a mi destino con este pueblo de héroes y al frente de seis mil de ellos que obrando como soldados de la patria sabrán conservar sus glorias en cualquiera parte, dando continuos triunfos a su libertad: allí esperaré nuevas órdenes y auxilios de vestuarios y dineros y trabajaré gustoso en propender a la realización de sus grandes votos”.

La decisión del Triunvirato provocó un avance de los realistas cuando Vigodet el gobernador de Montevideo en enero de 1812 ordenó a los buques realistas incursionar en los ríos Paraná y Uruguay atacando y saqueando las poblaciones del litoral.

Ante su fracaso en la estrategia el Triunvirato debió dar marcha atrás y volver a sitiar Montevideo, mientras le ordenó a Belgrano colocar baterías en el Río Paraná para defender el territorio de las incursiones realistas.

Cuando en febrero de 1812 Belgrano izó por primera vez la bandera nacional, el Triunvirato lo desautorizó y le hizo una grave advertencia para que volviera a usar el estandarte español, cualquier acto de independencia iba contra las intenciones del gobierno.

En la ciudad de Buenos Aires la logia más importante se llamaba Independencia presidida por Julián Álvarez un joven abogado que fue el encargado de darle la bienvenida a los patriotas que recién llegaban al país, también formaban parte de la logia Manuel Guillermo Pinto, Gregorio Gómez Orcajo y Bernardo de Monteagudo que después fueron estrechos colaboradores de San Martín.

Monteagudo era una de las figuras más destacadas de la logia, a pesar de su juventud, ya tenía experiencia revolucionaria, había nacido en Tucumán en 1789, estudiado en Chuquisaca donde impulsó la revolución del 25 de mayo de 1809 cuando redactó la proclama libertadora, fue destinado a extender el fuego revolucionario a La Paz, estuvo detenido y fue recién liberado por la expedición enviada por la Junta de Buenos Aires que comandaba Castelli que lo nombró su secretario.

Luego de la derrota de Huaqui, la Junta Grande ordenó que Castelli y Monteagudo fueran trasladados a Buenos Aires en condición de detenidos, fue liberado por el primer Triunvirato que lo designó para redactar artículos en la Gaceta, pero debió renunciar por discrepancias con Rivadavia.

Monteagudo también participó en la conformación de la Sociedad Patriótica junto a Julián Álvarez, Francisco José Planes y otros miembros de lo que había sido el partido morenista, fue el encargado de publicar el periódico Mártir o Libre y después en El Grito del Sur, ambos de corta vida.

Luego de evaluar la situación política, San Martín, Alvear y Zapiola llegaron a la conclusión que con quienes mantenían mayores coincidencias era con los miembros de la Sociedad Patriótica que estaban claramente enfrentados a Rivadavia.

En mayo de 1812 decidieron conformar la Logia Lautaro, el nombre fue adoptado de un cacique mapuche del siglo XVI que luchó contra el dominio español, Lautaro murió en combate y su cabeza fue expuesta en una picota en la Plaza de Armas de Santiago.

La presidencia de la Logia fue ejercida por Alvear también la integraron Julián Álvarez, Monteagudo, Pinto, Francisco Planes, Goyo Gómez, y otros partidarios de Castelli y Moreno que integraban la Sociedad Patriótica como Hipólito Vieytes, Nicolás Rodríguez Peña y Agustín Donado.

Otro que se integró a la Logia fue Tomás Guido, que acompañó a Mariano Moreno, Manuel Moreno y Matías Irigoyen en su viaje a Londres, quienes presenciaron la muerte en el viaje del secretario de la Primera Junta,  actuó como secretario de Manuel Moreno quién cumplió en Londres la función que se la había asignado a su hermano Mariano, Guido regresó a Buenos Aires poco antes que llegara San Martín y sus compañeros, a partir de 1814 se convirtió en uno de sus más estrechos colaboradores y en uno de sus mejores amigos del futuro Libertador.

A San Martín se le reconoció el grado de teniente coronel, la revolución debió improvisar oficiales como en el caso de Belgrano y tantos otros, nadie tenía los conocimientos y experiencia del recién llegado a Buenos Aires, al que se le asignó la misión de formar un escuadrón de granaderos a caballo.

Alvear quién arribó junto con San Martín era miembro de una familia acomodada de Buenos Aires que tenía muy buenos contactos con personas influyentes, llegó con el grado de alférez y fue ascendido a sargento mayor que significaba subir cinco grados.

El cuartel del nuevo regimiento de Granaderos se estableció en la Ranchería ubicada en Perú al 200, pero San Martín pidió su traslado a un lugar más adecuado y fue mudado a los terrenos que actualmente ocupa la Plaza San Martín en el barrio de Retiro, donde tiempo antes estaba la Plaza de Toros.

San Martín se ocupó personalmente de diseñar el uniforme y de elegir a los miembros del nuevo regimiento, varios jóvenes de las familias acomodadas de Buenos Aires quisieron ingresar a los Granaderos que era considerado un cuerpo de elite, fueron cadetes de ese regimiento: Juan Lavalle, José de Olavarría, Manuel de Olazábal, Ángel Pacheco, Manuel y Mariano Escalada futuros cuñados de San Martín.

El futuro libertador también se encargó de redactar un manual para instruir a los nuevos miembros, dejando plasmado en ellos todo lo aprendido y la experiencia de Europa, también escribió un Código de Honor donde explicitaba la conducta que debían tener los oficiales.

En mayo de 1813 se integraron un grupo de guaraníes de la zona en la que había nacido San Martín a pedido del propio jefe del regimiento, se les enseñaba español, mientras la comunicación fue mediante un intérprete.

El 6 de marzo de 1813 los oficiales de origen guaraní entregaron a San Martín una carta donde reiteraban su disposición al combate y el mal gobierno que había en sus pueblos en la que no se aplicaba el Reglamento para los pueblos de las Misiones redactado por Belgrano en diciembre de 1810.

Comenzó a concurrir a las tertulias de las familias pudientes donde se practicaba el arte de conversar, escuchar música y bailar, una de las más concurridas se reunía en la casa de Antonio Escalada uno de los más ricos comerciantes criollos de la ciudad, apoyaba a los patriotas y era miembro del Consulado, su esposa Tomasa de la Quintana y Aoiz presidía el grupo de mujeres de la Sociedad Patriótica.

En las visitas a esa casa conoció a Remedios de Escalada por la que sintió una gran atracción de inmediato en una carta a su amigo Mariano Necochea le decía: “No acierto, amigo, a encontrar palabras para expresar los encantos de esa niña Remedios, cuya existencia encuentro semejante a la de nuestra naciente patria que para subsistir necesita de nuestros desvelos, cariños y más que todo protección”.

La familia de Remedios se opuso al casamiento especialmente su madre, pero no hubo manera de convencer a la muchacha que desistiera de su intención de casarse con el militar y debieron consentir la boda, se casaron el 12 de septiembre de 1812, él tenía 34 años y ella 15, los padrinos fueron Carlos de Alvear y su esposa Carmen Quintanilla.

Felipe Pigna nos dice que en 11 años de matrimonio, sólo vivieron juntos 46 meses, pero en 12 meses de esos sólo se vieron esporádicamente, él vivía en el Plumerillo y en la chacra de Barriales, mientras ella estaba en la ciudad de Mendoza.

Al poco tiempo de regresar al país participa de los acontecimientos políticos, algo que por lo general es obviado por los historiadores liberales o le dan una interpretación distinta a la que tuvo, todo por salvar la responsabilidad de los próceres fraguados que ellos levantaron tal el caso de Rivadavia, éste tenía gran influencia en el Primer triunvirato y San Martín participó en el derrocamiento para restablecer los ideales que llevaron a la revolución.

A comienzos de julio de 1812 desde el gobierno se lanzó la denuncia que los españoles estaban conspirando contra el gobierno, por eso Chiclana y Rivadavia dispusieron varias detenciones y ejecuciones, se consideró que Félix de Alzaga era el líder de la revuelta y fue fusilado el 6 de julio de 1812, pocas horas después de ser apresado.

El Triunvirato además dispuso un macabro espectáculo al exponer los cuerpos de los ejecutados durante tres días en la Plaza a modo de advertencia e intimidación.

Esos sucesos no cayeron bien entre los integrantes de la Logia pero la mayor crítica al gobierno era por no estar impulsando la emancipación del país, Rivadavia estaba predispuesto a realizar todo tipo de concesiones a los realistas porque su interés principal era que el comercio de Buenos Aires no se viera afectado.

A Belgrano le había ordenado iniciar el éxodo jujeño para que retrocediera hasta Córdoba en una táctica claramente defensiva, el creador de la bandera lo hizo hasta Tucumán y ahí esperó al ejército realista al que hizo frente logrando el importante triunfo en la batalla de Tucumán, luego avanzó hasta Salta donde obtuvo otra resonante victoria.

Los patriotas se cansaron de las claudicaciones del Triunvirato por eso el 8 de octubre de 1812 San Martín condujo a sus granaderos a la Plaza de la Victoria movilización que fue acompañada por otras unidades militares y por civiles que se congregaron convocados por Monteagudo y la Sociedad Patriótica.

Monteagudo redactó un petitorio que presentaron al Cabildo, en el que cuestionaba a Rivadavia y sus subordinados, decía: “El gobierno… es reo de lesa patria por haber atentado contra la libertad civil, por aspirar directamente a la tiranía, por fomentar y renovar sin pudor la más vil y criminal facción, por usurpar escandalosamente el derecho de los pueblos confederados y por haber quebrantado todas aquellas reglas que se impuso con juramento y sancionó la voluntad de las demás provincias libres…”

Reclamaba que el gobierno cesara y concluía diciendo: “El pueblo espera la contestación de V.E en el perentorio término de 20 minutos. Protesta por último obrar con dignidad, pero también jura delante del Eterno, no abandonar el lugar que ocupa hasta ver cumplidos sus votos”.

Los jefes militares también le señalaron al Cabildo que: “… dándole a conocer de este modo que no siempre están las Tropas, como regularmente se piensa, para sostener los gobiernos y autorizar la tiranía; que saben respetar los derechos sagrados de los Pueblos, y proteger las justicia de estos”

Tiempo después, San Martín recordó esa rebelión en una carta dirigida a Tomás Godoy Cruz: “Rivadavia hizo indispensable esta revolución por ser enemigo irreconciliable de la Logia Lautaro; pues no la comprendió en su triple función de asesorar al gobierno compartiendo su responsabilidad de vigilar a los díscolos e indisciplinados y de hacerse eco de las opiniones populares para transmitírselas oportunamente”.

Y agregaba: “Hasta ahora las Provincias Unidas han combatido por una causa que nadie conoce, sin bandera ni principios que explique el origen y tendencia de la Revolución”.

Los miembros del Cabildo le pidieron a los jefes militares que le dieran los nombres de a quienes consideraban más aptos para ocupar los puestos en el gobierno, pero se negaron, los cabildantes demoraban su resolución por eso ingresó San Martín a la sala donde estaba reunidos y les dijo: “Que no era posible ya perder un instante, que el fermento adquiría mayores proporciones y era preciso cortarlo de una vez”

El primero debió renunciar y el segundo Triunvirato que estaba formados por Nicolás Rodríguez Peña, Antonio Álvarez Jonte y Juan José Paso, asumió en medio de la euforia por las noticias del triunfo de la batalla de Tucumán, la Logia Lautaro restablecía el curso de la revolución, al jurar los nuevos gobernantes no hicieron mención a Fernando VII y firmaron la convocatoria a la Asamblea General Constituyente que comenzó a sesionar el 31 de enero de 1813 y que pasó a la historia como la Asamblea del Año XIII.

El nuevo gobierno dispuso que San Martín con su regimiento protegiera la banda occidental del río Paraná desde Zárate hasta Santa Fe.

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