El Forjista

Biografía de José Francisco de San Martín

 

Capítulo 5 - El regreso a la Patria

 

Cádiz era un hervidero de logias masónicas y sociedades secretas, San Martín formaba parte de una logia que estaba integrada predominantemente por americanos, así lo explicó Emilio Corbiere: “San Martín fue iniciado en la Logia Integridad de Cádiz, afiliándose a la Logia Caballeros Racionales Nro. 3 de dicha ciudad. Allí recibió el tercer grado de la masonería simbólica, o sea el de Maestro Masón, el 6 de mayo de 1808. Participó después, junto con Alvear, de la fundación de la Logia Caballeros Racionales Nro. 7 de Londres. Tanto la de Cádiz como la de Londres, y a pesar de estar ésta en la capital británica, tuvieron la decisiva influencia española liberal y francesa iluminista. Cuando el Libertador fue designado general en jefe del Ejército de los Andes por decreto del 1° de agosto de 1816, casi simultáneamente fundaba la Logia Ejército de los Andes, asumía el cargo de Venerable Maestro”

San Martín estaba en Portugal combatiendo a los invasores cuando le llegó la noticia de las revoluciones que estallaban en América, al retornar a Cádiz en febrero de 1811 se preocupó por obtener mayores precisiones.

La Logia de Cádiz estaba presidida por José Moldes, oriundo de Salta, hasta fines de 1808, lo sucedió Carlos de Alvear hasta septiembre de 1811 cuando emprendió el retorno a América, fue esta logia la que le ordenó a Alvear, San Martín y otros fundar en Londres la logia Caballeros Racionales nro. 7, que se concretó en la casa del precursor de la independencia americana Francisco de Miranda.

La Logia de Cádiz estaba formada por criollos de gran parte de América, tenía contactos con la Gran Reunión Americana liderada por Miranda que contaba con representaciones en Caracas y Filadelfia, esta ciudad fue donde en 1776 se declaró la independencia de los Estados Unidos.

El Consejo de Regencia había permitido que los americanos enviaran a sus representantes a las Cortes, pero en una proporción absolutamente insignificante, los Cabildos americanos podían elegir a 28 representantes, mientras España tenía asignado alrededor de 200.

La situación militar en la península ibérica era desfavorable ante el avance francés sin embargo los españoles no dudaron en distraer tropas para reprimir las revoluciones americanas, por eso en 1811 enviaron barcos y tropas a México, Venezuela y el Río de la Plata.

El 21 de junio de 1819 cuando estaba preparando el ejército para el cruce de los Andes, le escribió una carta al director supremo José Rondeau donde le explicaba las razones por las cuales había decidido regresar a América: “Hallábame al servicio de la España el año 1811, con el empleo de comandante del escuadrón del regimiento de caballería de Borbón, cuando tuve las primeras noticias del movimiento general de ambas Américas y que su objeto primitivo era su emancipación del gobierno tiránico de la península. Desde este momento me decidí a emplear mis cortos servicios en cualquiera de los puntos que se hallaban insurreccionados; preferí venirme a mi país nativo, en el que me he empleado en cuanto ha estado a mis alcances mi Patria ha recompensado mis cortos servicios colmándome de honores que no merezco”.

Y en otra oportunidad, ya en su vejez, le decía al presidente del Perú: “Yo servía en el ejército español en 1811. Veinte años de honrados servicios me habían atraído alguna consideración, sin embargo, de ser americano. Supe la revolución de mi país, y al abandonar mi fortuna y mis esperanzas, sólo sentía no tener más que sacrificar al deseo de contribuir a la libertad de mi patria”

Y agregó: “Yo servía en el Ejército español, en la Península, desde la edad de trece a treinta y cuatro años, hasta el grado de teniente coronel de caballería. En una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos acaecidos en Caracas, Buenos Aires, etcétera, resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento, a fin de prestarle nuestros servicios en la lucha, pues calculábamos se había de empañar”.

El 26 de julio de 1811 solicitó su retiro alegando que quería viajar al Perú que seguía siendo un centro del poder español, dando como excusa la necesidad de “atender a sus intereses y cuidar de la subsistencia de dos hermanos que deja en los ejércitos en la península”, el Consejo de Regencia aprobó su retiro.

EL 14 de septiembre embarcó rumbo a Lisboa, la primera escala en su viaje a Londres, días después salían de Cádiz Carlos de Alvear y Wenceslao Villaurrutia, éste último vinculado a Miranda, cuando tocaron el primer puerto en Inglaterra se le unieron San Martín, Zapiola y Francisco Fagoaga primo de Villaurrutia, para hacer todos juntos el viaje hasta Londres a donde llegaron el 7 de octubre.

Carlos de Alvear le escribe a Rafael Mérida en Caracas: “MI estimadísimo hermano, al fin he salido del poder de los tiranos y me hallo aquí, acompañado de los Hermanos, que como en el oficio indico, me ha sido muy sensible no tener noticias de usted y de sus progresos. Pienso salir el mes que entra con los Hermanos arriba expresados para Buenos Aires, y desde allí comunicarle a usted haga lo mismo con lo que haya ocurrido después de la separación. España está dando ya las últimas boqueadas, todo sigue en el mismo desorden en que usted lo dejó. Aquí he establecido una Logia para servir de comunicación con Cádiz, Filadelfia, y ésa, para que encuentren abrigo los Hermanos que escapen de Cádiz”.

Los patriotas americanos se reunían en la casa de Francisco de Miranda que ya no se encontraba en Londres, permanecieron cuatro meses en Londres ahí tomaron contacto con la Gran Reunión Americana especialmente con Andrés Bello.

San Martín se reunió con su amigo escocés James Duff y también con funcionarios del gobierno inglés, a raíz de esas reuniones algunos historiadores lanzaron la hipótesis de que San Martín fuera un agente inglés, Felipe Pigna lo desmiente rotundamente porque por esos años la opinión del gobierno inglés consideraba a los patriotas americanos, entre ellos a San Martín, como enemigos de los ingleses y con simpatías por los franceses.

El patriotismo de San Martín que mostró a lo largo de toda su vida está fuera de discusión, especialmente en aquellas situaciones en que la Argentina debió enfrentarse con las grandes potencias europeas como Gran Bretaña, España y Francia.

El 18 enero de 1812 próximo a cumplir treinta y cuatro años San Martín regresaba a su patria a bordo de la fragata inglesa George Canning en compañía de Carlos de Alvear, Matías Zapiola, Francisco Chilavert y Francisco Vera, todos ellos regresaban para ofrecer sus servicios a la revolución.

El futuro libertador había servido en el ejército español más de 22 años, participado en 31 acciones de guerra, dos de ellas navales y decenas de escaramuzas sin recibir heridas, las únicas las había recibido en un asalto de ladrones al que se resistió valientemente.

Su carrera militar había sido brillante, sus superiores tenían la mejor opinión de sus habilidades, no obstante abandonó todo, incluida a su familia, ganándose la enemistad de alguno de sus hermanos, en pos de un ideal que era la de liberar a su patria.

Había colaborado en la creación y formación en unidades de infantería y caballería participado en el entrenamiento de guerrillas, había volado fortalezas y desactivado explosivos, había enfrentado epidemias, todo ello soportando el reuma y el asma, enfermedades que constantemente lo aquejaban.

Dos meses tardó la travesía llegando a Buenos Aires el 9 de marzo de 1812, el Primer Triunvirato estaba a cargo del gobierno, había firmado un armisticio con el virrey de Elío de Montevideo que se rompió en enero de 1812, la situación en el Alto Perú era desesperada por la derrota de Huaqui, el Triunvirato estaba desacreditado y recibía cuestionamientos de todo tipo.

Mientras tanto Napoleón invadía Rusia, Inglaterra ataca los Estados Unidos llegando a ocupar Washington y provocando la fuga del presidente James Madison, en Cádiz se proclamaba una constitución liberal llamada la Pepa por haber sido aprobada el día de San José, se establecía la división de poderes y la monarquía parlamentaria.

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